¿Qué tienen en común las manecillas de un reloj y un libro usado de contabilidad? El tiempo es un tirano, la contabilidad un dolor de cabeza, pero finalmente, ambos sirven para llevar la cuenta de las horas o del efectivo. No podemos escapar de ninguno de los dos.

En la Galería La Cometa de Bogotá, la cubana Glenda León y la española Luisa Pastor llevan estos temas hacia los terrenos donde medir y contar ya no alcanzan para explicarlo todo. Ahí entra el siempre confiable arte para ayudarnos a aterrizar estos conceptos.
Oro, valor y el mercado abstracto
En estas muestras, ambas artistas le dan un nuevo significado al oro y a esa idea abstracta de lo que se considera el valor de una pieza. “Una apuesta que transforma la fría matemática del dinero, los patrones de la naturaleza y las manecillas del reloj en piezas sublimes que, además de maravillar al espectador, le invitan a reflexionar”, señala el comunicado de la galería sobre este par de muestras individuales.
Y vaya que el tiempo es materia prima para el arte, ese que busca que miremos más allá de lo evidente, como decía León-O, el líder de los Thundercats, al invocar el poder de su mítica espada del augurio. “Hay dimensiones de la realidad que, de tan normalizadas, se vuelven invisibles”, continúa el comunicado. Por ahí va ese puente entre la vigilia y el sueño al que nos llevan las obras de ambas artistas.
Ambas encuentran posibilidades donde algunos solo veríamos objetos cotidianos. León transita entre el dibujo, la fotografía, el video y la instalación para explorar las relaciones entre el sonido y el silencio, lo visible y lo invisible; Pastor trabaja con libros de contabilidad, papel y recortes para alterar el orden de las cifras. Así, proponer otras formas de leerlas. «No me gusta el arte , quiero ser contable, prefiero sumar», dice la letra de la canción «Por amor al arte» del dueto español La Monja Enana, sin duda, el soundtrack para escuchar con audífonos si se visita esta expo bipartita.

Glenda León: escuchar lo que el reloj no dice
En El tiempo es un sonido que no escuchamos, su primera exposición individual en Colombia, la cubana Glenda León, residente en Madrid, presenta 22 obras entre instalaciones de gran escala, objetos intervenidos y piezas textiles. El vidrio, el bronce, las ramas, la luz LED y los elementos de relojería son su materia prima para darle vueltas a una pregunta que nos toca a todos: ¿cómo nos relacionamos con el tiempo más allá de tener un reloj de pulsera de la mejor marca?
«Se trata de una reflexión poética frente al tiempo, cómo nos relacionamos con el mundo y también con una suerte de levedad frente a la gravedad de la situación actual», Ana Cárdenas, coordinadora artística de la galería La Cometa.
Porque una cosa es lo que marca el reloj y otra lo que vivimos mientras este avanza. León se acerca a ideas de la física cuántica para explorar las posibilidades de un instante: una decisión o un encuentro por azar que puede cambiar el destino. En una de sus series inéditas en la muestra, convierte las manecillas en líneas para dibujar en el espacio. Liberadas de decirnos que vamos tarde a la cita, cuestionan nuestro empeño y obsesión contemporánea por medirlo todo.
Tres de sus textiles exploran los patrones presentes en el vuelo de una abeja, el cauce de un río y la espiral de un huracán. ¿Evocador? Por supuesto.

Bogotá tiene una participación activa: una madre y su hija de la zona elaboraron los textiles, y talleres locales produjeron los componentes de vidrio. La rama de Espejismos apareció cerca del taller de montaje; en esta instalación, la madera y la luz LED juegan con lo que creemos ver.
La invitación a “escuchar la voz del Ver”, tomada de las enseñanzas de don Juan de Carlos Castaneda, encuentra eco en una frase de Borges: “He dicho asombro donde otros dicen costumbre”. Quizá se trate de eso: mirar otra vez lo que creíamos que ya conocíamos.
Luisa Pastor: las cuentas también se pueden destejer
En Trama y urdimbre: escrituras del valor, Luisa Pastor transforma antiguos libros de contabilidad en piezas. Los registros de posesiones, transacciones y balances siguen ahí, cual frío Excel, aunque ya no se leen de la misma manera.
La artista corta, excava, superpone y entrelaza el papel “hasta convertir las cifras en relieves, sombras y huecos”. Un libro hecho para ordenar el dinero termina por reconstruir nuestra idea del valor. ¿Qué queda de un número cuando pierde su lugar en el balance?
Aquí entra el oro, con su carga simbólica. “El dinero no da la felicidad”, dice un adagio, pero sí que inspira. Pastor lo introduce entre las hojas intervenidas y las grietas de los libros contables: aquello que podía aparecer como una cantidad registrada ante la oficina de Hacienda ocupa ahora un espacio físico en la obra.
¿Quién decide cuánto vale algo? Esa es la pregunta que provoca la obra. Entre las páginas quedan las huellas de quienes hicieron esas cuentas, de sus intercambios y de lo que consideraron digno de registrar. Una huella dactilar que arroja información de un ADN contable y de decisiones matemáticas que pueden tener un significado oculto: maquilar cifras, balances y una historia que podemos imaginar pero que nunca conoceremos.

Lo que queda fuera de la cuenta
Las manecillas de León y las páginas de Pastor nos inducen a pensar cuánto dejamos de percibir cuando creemos que todo puede medirse en cifras. Pasamos los días mirando la hora y haciendo cuentas.
En estas muestras lo podemos hacer desde una reflexión mucho más cínica y divertida y, solo por un momento, imaginar que no somos esclavos del tiempo (y es tiempo de revisar y contar cuántos caracteres llevo escritos de esta reseña).
Puedes visitar ambas exposiciones en Galería La Cometa, ubicada en Carrera 10 # 94 A–25, Bogotá, Colombia, de lunes a viernes de 10 a.m. a 6 p.m. y los sábados de 11 a.m. a 4 p.m. La galería está abierta al público y la entrada es sin costo.
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