El 28 de julio comienza el Encuentro Internacional de Arte Chicanx, una plataforma de diálogo e intercambio que reúne a artistas, curadorxs, investigadorxs, escritorxs, educadorxs y agentes culturales de México y Estados Unidos.
Como una extensión de la exposición AztLÁn, túnel del tiempo, el programa lleva las reflexiones planteadas en la muestra más allá del espacio expositivo. En el contexto de este evento, platicamos con la tijuanense Sayak Valencia —filósofa, teórica del feminismo, ensayista y artista de performance—. Ella, junto con Graciela Iturbide, Chaz Bojórquez y otros convocados, participa en este evento, que tiene como sedes el Museo del Palacio de Bellas Artes y la Cineteca Nacional de México.

Entre lo chicano y el capitalismo gore
“¿Dónde empieza México y dónde Estados Unidos en esta región?”, se pregunta Sayak. Desde hace al menos dos décadas, el feminismo y los movimientos chicanos forman parte de su campo de estudio. Ahora, en su papel de pensadora de la frontera es que forma parte de este encuentro internacional.
“Me interesa pensar los intersticios y la hibridez entre culturas, pero también la geopolítica contemporánea, donde justamente este concepto que tengo desde hace ya casi una década y media, que se llama capitalismo gore, habla de la violencia y las economías de la muerte en las fronteras”, añade.

En esa coyuntura, el recrudecimiento de la persecución y el perfilamiento racial ha traído como consecuencia el incremento del racismo, pero también políticas vejatorias en contra de las comunidades latinas, específicamente mexicanas o chicanas en Estados Unidos.
Siete generaciones de chicanos
“Los chicanos tienen por lo menos siete generaciones allá y las personas que vivimos de este lado y del otro nos damos cuenta de que hay una herencia cultural compartida, que a veces no es tan notoria con el resto de México, pero que en este momento, al revalorar el trabajo de los artistas chicanos, está creando también un imaginario cultural que tiene como sede la Ciudad de México, la antigua Tenochtitlán, Aztlán”, comenta Sayak.

“Yo creo que hay una desinformación muy importante sobre qué es la cultura chicana, pero siempre ha habido figuras importantes como Graciela Iturbide, como algunos representantes del trabajo del arte chicano, que otras latitudes han reivindicado. En México creo que hay un gran desconocimiento de qué representa el chicanismo y muchos lo consideran, o lo han considerado durante las últimas décadas.
Incluso en los años 80 se mandó a hacer un estudio por parte del gobierno mexicano, aquí en la frontera, para saber si estábamos perdiendo el español y si eso era una falta de identidad nacional”, afirma.
El imaginario cultural chicano a través del arte
“Creo que la manera en que ha sobrevivido el imaginario cultural chicano es a través justamente de la distribución de su arte y su influencia muy grande en muchas de las culturas contemporáneas a través de esta subcultura de los lowriders, o de los pachucos o de los cholos. Y regularmente criminalizan a las comunidades chicanas porque las relacionan con los cholos, que son estos como gangs de Los Ángeles”, asegura Sayak.
“También nos da elementos para pensar la riqueza de nuestra propia cultura en México, o nuestras culturas en México, y cómo pueden dialogar frente a este rediseño tecnofascista del mundo; cómo el arte y las bellas artes, pero también la literatura, los estudios culturales y todo lo que tenga que ver con la sensibilidad, distintos actores disputan porque es importante.
Una disputa por la sensibilidad
Lo que está habiendo ahora es una disputa por la sensibilidad porque, a partir de ahí, podemos hacer cualquier cosa. Creo que lo interesante de este momento político, económico y social es que está desmintiendo de manera real que el arte sí sirve para cosas.

“Siempre nos han dicho que el arte no sirve para nada, pero crea imaginarios culturales tan potentes que personajes intentan apropiarse de ellos para expropiarnos las imágenes y el sentido y hablarnos en nuestros propios términos, pero con argumentos de retorsión.
Frente a ese fascismo, creo que el arte chicano nos puede llevar no solamente a una experiencia estética muy sinestésica y muy interesante; también nos puede llevar a comprender que la política se hace desde la base. Y a veces desde una base muy sencilla, con objetivos muy claros y con una base sólida en la militancia. Y cuando hablo de militancia estoy hablando también de militancias visuales y de defensas estéticas, no solamente de la política tradicional”.
Las vertientes del arte chicano
Hay muchas vertientes del arte chicano, pero hay que decirlo: no todo arte hecho por mexicano-estadounidenses es chicano. “Ser chicano es ostentar una posición política. Una persona que nació en Estados Unidos y es de origen mexicano, si no profesa una posición política, no es chicano. Si hace como whitewashing de su identidad, no es chicano», afirma.
«Eso nos lleva a la reflexión de que no todos los mexicano-estadounidenses son chicanos. El chicanismo implica asumir no solamente una militancia social, sino artística»
Graciela Iturbide y su registro de las comunidades chicanas
La exposición también reúne a figuras fundamentales para comprender la historia y la vigencia del movimiento. “Hay varios artistas. Creo que una de las personas que me parece más relevante, aunque es de las más conocidas, es Graciela Iturbide, porque fue de las primeras que hizo este registro sobre las comunidades chicanas. Además, es una persona ya mayor, entonces creo que es muy importante hacer este tipo de reconocimientos en vida.
También hay algunas personas que hacen video, películas, danzas y todas estas cuestiones que me parecen interesantes porque reafirman la idea del Chicano Power. En un tiempo tan convulso y tan autoritario en Estados Unidos, es necesario ver que no pueden borrar la memoria histórica y política de todo el mundo”.
“Mucha de la gente joven que está haciendo arte piensa que no hubo nada antes, porque una de las estrategias del autoritarismo es borrarnos la memoria. Y no sólo del autoritarismo de la ultraderecha, también del autoritarismo tecnofascista chino, por ejemplo, o ruso. Hay que entender que la memoria y la memoria simbólica son importantes para construir un mundo posible y una imaginación política para el futuro de estas juventudes”, finaliza Sayak.
Pensar el presente
Más allá de la revisión histórica del movimiento chicano, para Sayak Valencia la exposición también abre la posibilidad de pensar el presente. En un contexto marcado por el avance de discursos autoritarios y el uso político de las imágenes, considera que el arte y la cultura se han convertido en un terreno de disputa desde el que también se construyen formas de resistencia.
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