La escena artística en una de las más icónicas fronteras mexicanas al norte del país, encuentra un nuevo punto de convergencia con Tijuana Art Week, una iniciativa que busca fortalecer el diálogo cultural y fomentar el coleccionismo como uno de los pilares para el desarrollo del arte contemporáneo en la región.

Tijuana Art Week: El circuito que activa el arte desde la frontera
Del 8 al 12 de julio, la ciudad será sede de exposiciones, recorridos, showrooms, talleres, charlas y colaboraciones que reunirán a artistas, curadores, galeristas, gestores culturales, instituciones y público en general. Más que una agenda de actividades, Tijuana Art Week busca consolidarse como una plataforma para impulsar el trabajo de creadores emergentes y consolidados, favorecer el intercambio de ideas y fortalecer los vínculos entre la escena artística local, nacional e internacional.
La primera edición confirmó el interés por consolidar un circuito artístico en la ciudad. Además de la participación de la comunidad local, atrajo visitantes de Mexicali, Ensenada, Rosarito, San Diego, Arizona, Ciudad de México, Ciudad Juárez e incluso Nueva York, lo que evidenció el potencial de Tijuana como un punto de encuentro para la escena artística de ambos lados de la frontera.
En el marco de la inauguración de su segunda edición, conversamos con Melisa Arreola y Mónica Arreola, integrantes del comité organizador, sobre el origen del proyecto, el crecimiento de esta iniciativa en apenas dos años y la visión que impulsa esta plataforma cultural.

El origen de Tijuana Art Week: Sincronizar la escena cultural
Aunque hoy se desarrolla durante cinco días, el proyecto nació hace cerca de dos años impulsado por un comité organizador conformado por Melisa Arreola Casillas, arquitecta, artista multidisciplinaria y gestora cultural; Mónica Arreola Casillas, arquitecta, artista visual y gestora cultural; Leobardo García Córdova, gestor cultural, arquitecto y museógrafo; y Eduardo Lozano Murillo, curador e investigador de arte. Su intención inicial era reunir, en un solo fin de semana, iniciativas que hasta entonces ocurrían de manera dispersa. La respuesta de la comunidad y el interés de más espacios llevaron a que aquella idea creciera hasta convertirse en una semana completa dedicada al arte contemporáneo.
Melisa Arreola recuerda que el objetivo inicial no era crear una semana del arte tal cual, sino reunir en un solo fin de semana iniciativas que hasta entonces ocurrían de forma aislada. La idea no era solo una semana, sino conectar a la comunidad artística y al público en general mediante proyectos que se realizaban en fechas esporádicas. Lo que comenzó como un encuentro de apenas dos días fue creciendo conforme avanzó la planeación, y con la incorporación de Eduardo Lozano al comité organizador, aquella propuesta terminó por convertirse en un programa de cinco jornadas.
El reto curatorial continúa
La primera edición representó un reto logístico y curatorial para el equipo. Además de coordinar recorridos por estudios, conversaciones, showrooms y exposiciones en espacios independientes e instituciones, el propósito era construir un circuito que permitiera recorrer buena parte de la escena artística de Tijuana. El resultado superó las expectativas, atrayendo tanto a locales como a visitantes de Ensenada, Mexicali, Rosarito, San Diego, Arizona, Ciudad de México, Ciudad Juárez y Nueva York.
Melisa reconoce que la primera edición creció con la ilusión de ver qué pasaba, pero hoy esta segunda entrega ha resultado ser un poco más grande de lo que pensaban, consolidando un circuito de exhibición que este año se despliega formalmente en cinco sedes expositivas clave: Sala de espera, 206 arte contemporáneo, Ángulo galería, Ceart Tijuana y MIX MIX, ubicado en Foro Central.

Para Mónica Arreola, el crecimiento del proyecto no se mide únicamente por el número de actividades o visitantes, sino por la posibilidad de generar un diálogo permanente entre la comunidad artística de Baja California y la región binacional. El objetivo es que este intercambio no sea solamente entre locales, sino que crezca entre Tijuana y San Diego, y que también se extienda al resto del país con artistas, investigadores, curadores y coleccionistas.
Esta visión surge de la experiencia que los cuatro integrantes del comité han acumulado durante más de una década visitando ferias y espacios de arte en ciudades como Guadalajara, Monterrey, Ciudad de México, Los Ángeles o San Diego. Observar esos ecosistemas les permitió reflexionar sobre las carencias y potencias de su propia ciudad.
Activar el mercado del arte contemporáneo y el coleccionismo local
«Nos interesa que la gente que viene de fuera conozca la escena de Tijuana, pero que la gente de Tijuana también aprenda de quienes vienen del exterior. También queremos generar aprendizaje, coleccionismo y un mercado de arte. Aquí hay muchísima gente creativa; lo que hace falta es fortalecer el coleccionismo para que los artistas puedan desarrollar su obra y vivir de ella sin tener que irse a otras ciudades».

Aunque el circuito artístico de Tijuana ya existe y es detectable tras quince años de crecimiento, sus actividades solían ocurrir de manera aislada.
«Sí es detectable el circuito. Tijuana ha crecido muchísimo en los últimos quince años y es muy claro dónde están los estudios, los showrooms y las galerías. Lo que nos interesaba era juntar los eventos en una misma semana, unir esfuerzos para que el público pudiera recorrerlos como un solo circuito», detalla Melisa.
Para lograrlo, la programación de este año incorpora uno de los aspectos menos visibles del trabajo artístico: los talleres de producción.
«Muchas veces los artistas producen en sus estudios, pero casi nunca los abren al público. Queremos impulsarlos a hacerlo y que la gente pierda el miedo a comprar obra, incluso de pequeño formato», afirma Melisa.
Diálogos y memoria histórica
Además de los recorridos, la segunda edición apuesta por un programa de conversaciones con proyectos que han marcado la historia reciente del arte en la frontera. Entre ellos se encuentra inSITE, un pilar de la región encabezado por Carmen Cuenca, cuya trayectoria comenzó a principios de la década de 1990.
«Nos interesa conocer de la voz de Carmen Cuenca cómo surge el proyecto, cómo ha evolucionado y cómo sigue insertándose en el mundo del arte contemporáneo», explica Melisa.

Proyectos que marcan el circuito de Baja California
Mónica añade que también participará la Mexicali Bienal, un proyecto independiente con dos décadas de trayectoria que, pese a su nombre, «ocurre cuando tiene que ocurrir», así como la colección regiomontana Casa Roja:
«Nos interesa que presenten su historia y también conocer cómo Casa Roja ha construido una colección basada principalmente en artistas emergentes. Creemos que eso puede enriquecer mucho a la ciudad y a la región».
Finalmente, ambas coinciden en que el verdadero propósito de abrir estos canales es desmitificar el elitismo que suele rodear a la disciplina, apostando por una premisa completamente horizontal:
«Queremos que sea una conversación de tú a tú, entre iguales; que el arte no se sientan inalcanzable. Lo importante es que artistas emergentes, de media carrera y con trayectoria puedan compartir el mismo espacio y que cualquier persona sienta que puede acercarse al arte», concluye Mónica.
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