Fritz Torres y Nortec: diseño gráfico e identidad fronteriza en Tijuana

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Desde hace algunas décadas, Fritz Torres ha trabajado entre el diseño y la comunicación visual, moviéndose por distintas trincheras creativas. Su práctica ha sido clave en la construcción de una identidad gráfica vinculada a la cultura fronteriza y a influyentes proyectos como Nortec. El artista ha desarrollado proyectos editoriales, dirección de arte para festivales y televisión, así como colaboraciones internacionales con artistas y marcas, siempre manteniendo un diálogo constante entre Tijuana y otros contextos culturales. Platicamos con el artista fronterizo.

¿Cuál es tu formación?
Yo soy arquitecto. Cuando abrieron la Ibero me pasé a la carrera de diseño gráfico, pero eso fue más un par de semestres. Luego me fui un rato «al otro lado», un ratito a Nueva York, y estuve como girando un poco, tratando de capturar cosas de aquí y de allá. Y ya, a mí siempre me salió mucho trabajo de diseño gráfico.

Nortec: Afiche de Tijuana Sound Machine. Foto: Cortesía del artista.

Antes de los discos, hiciste diseño gráfico para revistas…
Después me regresé a Tijuana —bueno, no, nunca me fui; siempre trabajé desde Tijuana—, pero regresé mi mercado a clientes de la ciudad. En ese tiempo empezamos a hacer una revista que tenía como antecedente El Sueño de la Gallina, que era una especie de fanzine de formato grande, casi tabloide, con muy buen papel y muy bien impresa, en la que tratábamos de exponer la escena creativa gráfica de la ciudad.

El nombre era porque era la única ave que tiene alas y no podía volar; entonces era un poquito la intención de tener un foro de expresión en donde la gente que tuviera algo que decir, algo que aportar, ahí pudiera, por decirlo de alguna manera metafórica, volar con su creatividad. Hicimos dos números y en el tercer número lo llamamos Chat 3 o Chachacha. Cuando hicimos el evento para lanzar la revista número 3, se juntó toda la escena local: músicos, diseñadores, todo el mundo estaba presente. Fue una reunión muy interesante.

¿Existe una identidad gráfica de la ciudad?
Pues mira, es buena pregunta porque siempre ha sido una ciudad como improvisada, no había redes relacionadas a esto aquí en la ciudad. Sin embargo, cruzando a San Diego teníamos las universidades y los colegios, entonces se preparaba mucha gente. Pero realmente aquí lo que había mucho eran artistas plásticos.

Retrato de Fritz Torres. De fondo, Tijuana. Foto: Cortesía del artista.

Había una camada de artistas importantes a nivel internacional que hacían ciertas cosas por los 70, 80 más o menos. Pero cuando llegó en los 80 la carrera de diseño gráfico por la Universidad de Nueva América, lo más cercano que había aquí era una carrera de arquitectura en el Tecnológico.

Entonces el diseño gráfico aquí vino, si no a cambiarle el juego, sí vino a abrirnos los ojos a nuevas perspectivas. Venías de ver cosas como cálculo y de repente te abrían una universidad en donde veías fotografía, ilustración, esto y el otro. Entonces fue un boom con la carrera de diseño gráfico: todo el mundo se quiso convertir en diseñador.

¿Qué elementos de la frontera influían en la identidad visual?
Hay cosas que nos definen como un lugar único, con ciertas características gráficas y visuales. Por ejemplo, cuando cruzas la línea y te vas de aquí a San Diego, vas viendo posters del FBI de gente que se busca, recompensas, la gente que vende esto o lo otro, los santos con forma de calavera… un chorro de cosas que dices: esto es muy de aquí y difícilmente se encuentra en otros lugares.

Diseño de Paso del Nortec: This is Tijuana.
El arte norteño pop de Fritz Torres.

También los grupos norteños con guitarra eléctrica tocando en la esquina, o las tubas haciendo las veces de bajo en música donde antes no era común. Ese tipo de elementos, los instrumentistas, eran un recurso gráfico muy interesante e importante.

¿Cómo influía el criterio curatorial en la parte gráfica?
Pepe tenía básicamente un criterio curatorial muy estricto: no cualquier cosa. No vas a poner un grupo de rock con acordeón y va a ser norteño, sino que tiene que partir de la esencia, la esencia rítmica y musical, debe partir de lo norteño. Entonces, en la gráfica hacíamos lo mismo: el concepto original debía partir de la cultura local y de lo que vivimos aquí en la frontera.

En los diseños de Nortec, ¿había libertad creativa?
Había libertad creativa hasta el punto en donde nosotros sintiéramos que algo no fuera demasiado trillado o plagiado. Se valía experimentar tipográficamente, con la imagen, pero siempre que se mantuviera este sentido, que era un poco lo mismo que la música.

«De hecho, en el primer disco de Nortec la referencia gráfica era en base a músicos norteños, y de ahí se fue generando toda esta estética que luego se conjugó en el libro Paso del Nortec: This is Tijuana. »– Fritz Torres

¿Cuál es el estatus del libro y la exposición Tijuana Covers?
Hace un par de años que terminamos ese proyecto que trata de la historia de la música, un recorrido que hicimos desde 1960 hasta 2020: 60 años de la gráfica representando el legado cultural de Tijuana.

Motel Baja: Trayendo a Nortec a la vida gráfica moderna. Foto: Cortesía del artista.

La ciudad siempre ha sido un espacio vibrante, reconocido por su conexión directa con la música, mucho de ello por ser frontera. Originalmente queríamos hacer un libro representativo de las portadas de los artistas más sobresalientes de Tijuana, pero eventualmente se fue convirtiendo en un documento histórico, un recuento de la cultura gráfica y la cultura musical de Tijuana en 60 años. Llegamos a los 80, los cambios con la tecnología, los 90, el 2000, cómo empezó la electrónica a formar parte de la escena. Tijuana fue el primer lugar donde se grabó un disco de música electrónica en México con el Grupo Artefacto, en 1987 más o menos.

¿Cuándo se tiene pensado presentar la expo?
Eso lo cerramos en el 2022 y el trabajo de recopilación de información se cortó hasta 2020. Entonces ahorita lo que estamos es planear una exposición, una gran exposición sobre todo el trabajo de portadas y trabajo artístico real que haya derivado en portada. Lo tenemos planeado con una visión muy concreta porque estamos en el proceso de recopilación de material para ver qué más conseguimos y qué podemos aportar al trabajo que ya de por sí era bastante extenso. Se tiene pensado presentar la exposición en octubre o noviembre.

¿La van a llevar a diferentes ciudades o va a ser en Tijuana nada más?
De momento nada más es en Tijuana. Nosotros originalmente pensábamos que, si funciona bien en Tijuana, esto de las portadas tal vez lo llevamos fuera.

Portada de Bostich, artista de Nortec. Foto: Cortesía del artista.

La verdad es que el proyecto se convirtió en un documento de recopilación histórica, entonces no queremos aflojarle en ese sentido. Sí nos han salido un par de propuestas para extenderlo. Tijuana Covers es el nombre del libro y sería el nombre de la exposición también.

¿Cuál es el futuro del arte de los discos con la cultura digital?
Híjole, es una pregunta difícil de responder, porque lo que sí nos hemos topado es que, por ejemplo, en la recopilación que hicimos de portadas, tanto para el libro como para la exposición, el 80% de los proyectos musicales se van a un formato digital: están en redes, circulan con QR o de alguna manera, y muy difícilmente llegan a imprimir o producir piezas físicas que contengan portadas.

¿Qué papel juega el resurgimiento del vinil en la actualidad?
Por otro lado, ahí está el resurgimiento del vinil, que queda como una pieza de colección. Se hacen tirajes cortos, pero quien lo tiene es un coleccionista, entonces ya no se hace tanto como negocio, sino como parte de un legado musical que va dejando la ciudad.

Pero además, hay sellos que publican casetes como piezas exclusivas…
Sí, hay una compañía disquera local que se enfoca en producir cassettes, entonces van sobre formatos físicos. Esos esfuerzos hacen que se mantenga esta visión casi de coleccionista, de que la vestimenta visual de la música sea una pieza física.

¿Cómo ha cambiado la producción y el diseño de estas piezas?
Eso da cierto respiro, porque ahora, al hacerse con más cuidado y en tirajes más cortos, se cuida más la producción gráfica, el diseño e incluso la producción física: se le mete más al papel, el vinil tiene color o dibujos. Antes era un proceso industrial y ahora es más una pieza por diseño. Entonces cosas que antes eran impensables, como un vinil de color, ahora las puedes maquilar sin problema. Las posibilidades técnicas ya están superadas y son viables económicamente; hay pocas compañías, pero muy bien armadas y con precios competitivos.

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Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla/ Jefe de Redacción. Ha escrito en Vanity Fair, GQ, Travesías, Vice, AD Architectural Digest, Marvin, Vogue, Nexos y Playboy, entre otros; fue editor en Círculo Mixup y Televisa; es autor del libro de ensayos [de]generación de cristal. Es fan de los Cocteau Twins y cuando no escribe, es DJ y productor. No le gusta el karaoke.

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