En el Salone del Mobile de Milán, Gucci presentó Gucci Memoria, una instalación que convierte su historia en un recorrido espacial. Tapices, arquitectura y elementos interactivos articulan una secuencia que conecta pasado y presente en uno de los escenarios más singulares de la ciudad.

Una marca que continúa generando contextos
En el Salone del Mobile de Milán se percibe desde hace años un cambio que ya no pertenece sólo al diseño sino a toda la industria del lujo en su conjunto. El objeto sigue siendo el centro, aunque el foco se ha desplazado hacia la construcción de experiencias y la capacidad de una marca para generar contextos y relatos que se desarrollan en un espacio y que funcionen de efecto de recuerdo en una época dominada por la inmediatez de las redes. Un ejemplo claro es la instalación de Gucci Memoria.

En Milán, durante el Salone del Mobile 2026, Gucci desplegó Gucci Memoria en los muros de la basílica de San Simpliciano, una iglesia románica que aún conserva partes de origen paleocristiano. En ella, la casa organizó un recorrido en el que su historia se estructura en el espacio mediante tapices, arquitectura y elementos interactivos que acompañan al visitante.
Los claustros de tradición monástica se organizaban en torno a un patio central y han funcionado históricamente como lugares de tránsito y contemplación. La repetición de sus arcadas introduce un ritmo constante y favorece una percepción continua en el espacio. Por eso, el recorrido de la exposición se construye sin interrupciones, sin prisa pero con sentido del humor. Porque si algo define a Gucci es la ironía cultural. Basta recordar que Tom Ford se atrevió a afeitar una G sobre el pubis de la top model Karmen Kass para promocionar su colección primavera-verano de 2003.
El tapiz como lenguaje
En los interiores de piedra de la Edad Media, los tapices contribuían a regular la temperatura, amortiguar el sonido, disminuir la humedad y a generar intimidad dentro de los fríos muros de piedra. Con el tiempo, esa función convivió con una dimensión narrativa. Las superficies textiles incorporaban escenas históricas, religiosas o mitológicas. Además, la posibilidad de desmontarlos y trasladarlos facilitaba su circulación y permitía que una misma serie se adaptara a distintos lugares. Ese carácter móvil lo favorecieron especialmente las cortes europeas, como los Habsburgo españoles. Si tiene mucha curiosidad por este arte textil, les recomendamos que visiten la exposición Rafael, Poesía sublime que se podrá contemplar hasta el 28 de junio en el Metropolitan Museum de Nueva York. Allí, entre madonnas, se ha instalado una serie de tapices sobre cartones del maestro de Urbino destinados a decorar las paredes de la Capilla Sixtina y que pertenecieron al rey español Felipe II.

El taller de marroquinería que originó todo
En Gucci Memoria, el tapiz se utiliza como soporte de una narrativa que recorre momentos clave de la evolución de la casa. La exposición se organiza en torno a doce piezas que funcionan como escenas y cada una de ellas se vincula a un episodio significativo de su historia.

El recorrido comienza con un homenaje a Guccio Gucci, quien trabajó como botones a finales del siglo XIX en el Hotel Savoy de Londres. Quizá fue el contacto con el equipaje de una clientela internacional lo que influyó en su decisión de fundar en Florencia en 1921 un taller de marroquinería que supuso el origen de la firma. La narrativa de los textiles recorre la consolidación de ese taller, el desarrollo de su lenguaje plástico basado en la artesanía del cuero y su expansión internacional durante el siglo XX. En ese periodo se diseñaron piezas como el bolso Bambú de 1947, cuyos materiales respondían a las limitaciones de la posguerra. Así como el modelo Gucci Jackie 1961 que los artesanos crearon para la entonces Primera Dama.
Las distintas direcciones creativas se integraron también en la exposición. La de Tom Ford, que reposicionó la marca a nivel global. O la de Frida Giannini, quien retomó elementos de archivo como el motivo Flora, creado en los años sesenta para Grace Kelly. Sin olvidar la de Alessandro Michele, quien revolucionó el legado mediante una acumulación de referencias contemporáneas que definían la identidad de la casa. Hasta la llegada de Demna Gvasalia, quien ha introducido una lectura nueva en la que conviven pasado y presente, en una aparente jerarquía sin conflicto.
Una secuencia cinematográfica en tela para contar una casa
Los doce tapices funcionan como una secuencia cinematográfica más que como una serie homogénea. Cada uno introduce un registro visual distinto, ajustado al momento histórico que representa. El primero sitúa a Guccio Gucci en el Savoy londinense. Las escenas vinculadas a Florencia introducen el taller y el trabajo artesanal. A medida que avanza el relato, los tapices incorporan una mayor densidad, con escenas de viajes e interiores.

En los episodios más recientes, el lenguaje se abre y conviven referencias históricas y contemporáneas que reflejan las distintas direcciones creativas de la casa. Demna Gvasalia, formado en la escuela de Bellas Artes de Amberes, ha desarrollado una trayectoria centrada en la redefinición de los códigos culturales de la moda. En Gucci Memoria, su intervención se centra en la disposición de los elementos en el espacio.

Junto a los tapices, incorpora una instalación botánica basada en el motivo Flora. En el claustro interior, se añade una serie de máquinas expendedoras con intención participativa. El recorrido se activa en cada escena y convierte la historia en una experiencia compartida.
