Daniel Rodríguez ha diseñado algunos de los trenes en los que millones de personas en el mundo se trasladan cada día. Aun después de más de veinte años viviendo en Japón como gerente de diseño de la empresa Kinkisharyo, afirma: “no hay un solo aspecto de mi vida y mi trabajo que no refleje mi país”.
Sin embargo, explorar esa mexicanidad —al menos cotidianadamente—, no es del todo posible: en Osaka circulan trenes bala (shinkansen) y ya se planean tranvías de levitación magnética (maglev), pero no hay tecnología capaz de garantizar tamales un sábado por la mañana.

Entre Japón y México
Rodríguez inicia el día con un desayuno típico japonés que comparte con su esposa, originaria de Hokkaidō —una isla al norte de Japón—: salmón o saba, sopa de miso con algas marinas, té verde y ensalada.
Por la noche, suelen visitar la zona de la estación Shin-Fukushima, un corredor culinario cargado de historia; en la ciudad también existe un restaurante llamado Avocados Mexican Cafe.
A veinte minutos de su casa está la estación Shin-Osaka, desde donde a veces aborda el tren rumbo a su oficina enn el corporativo fundado en 1920 en donde labora. Su llegada fue el resultado de una travesía que comenzó con una beca de la Universidad de Arte de Kioto y del entonces Ministerio de Cultura japonés, el Monbushō. Hoy labora bajo un contrato seishain, uno de los más codiciados en Japón por su carácter vitalicio.

Diseño con reconocimiento internacional
La confianza de sus empleadores no es casual. El trabajo de Rodríguez —quien aclara que no es ingeniero industrial, sino diseñador industrial— ha sido reconocido con premios internacionales como el Red Dot Design Award y el iF Design Award, entre otros. Ha participado en proyectos importantes como los metros de Doha y Dubái, el Express Super Hitachi o el Green Mover de Hiroshima.
En el caso del tren de Qatar, explica, su bagaje cultural fue clave para comprender que el diseño debía articularse a partir de un fuerte trasfondo simbólico: “Pensé en el caballo árabe, una figura muy representativa allá, y me di cuenta de que en México los equinos también tienen una gran presencia. De ahí surgió la inspiración”.

Un simple vistazo al diseño de los trenes rápidos de esta nación en la península arábiga, basta para darse cuenta del sofisticado diseño que ostentan.
La manera en la que resolvió que todo fuera acorde a la cultura del lugar fue inspirándose en patrones geométricos para que las ventanas fueran únicas. “Cambió por completo la imagen; lo combinas con un gráfico especial y de pronto ya tienes un tren diferente a cualquier otro en el mundo”.
Para los trenes de Doha y Dubái, Rodríguez se sumergió en el estudio de la escultura prehispánica en América. “Ese tratamiento de superficies y esas formas suaves vienen mucho de ahí”.
Rastrear ese origen implica también seguir el trayecto de una vida que se mueve entre culturas, y donde tradición y modernidad se abrazan.
Trenes con el color de la cultura de origen
Cada sociedad viaja de manera distinta, en México y América Latina, por ejemplo, las dinámicas de movilidad difieren de las de Medio Oriente, considera el diseñador egresado de la Universidad Iberoamericana.
El mexicano cree fervientemente que los trenes más que medios de transporte son espacios públicos, auténticas piezas de arquitectura en movimiento capaces de reflejar la personalidad de una ciudad.
Bajo la premisa de que no existe un sentido estético universal, Rodríguez identifica un rasgo inconfundible en sus aportaciones: el color y el carácter de su cultura de origen. Esta tesitura es evidente en sus contribuciones estilísticas a los sistemas de Metro en los que ha dejado su toque.

“Veo la obra de David Alfaro Siqueiros o de José Clemente Orozco y entiendo de dónde viene esa influencia de perspectiva y de tonos fugados”
«Veo la obra de David Alfaro Siqueiros o de José Clemente Orozco y entiendo de dónde viene esa influencia de perspectiva y de tonos fugados» — Daniel Rodríguez.
“El color es fundamental y una cosa que hago —y que muchos diseñadores japoneses no— es usar gamas cromáticas intensas. El tren más reciente que diseñé, en Matsuyama, es de un naranja vibrante; el de Dubái, de un azul profundamente saturado”.
Hiroshima y el reto del diseño sensible
Entre sus obras más significativas —más de veinte diseños realizados en distintas partes del mundo— se encuentran las líneas para el Metro de El Cairo y los trenes ligeros de Seattle y Los Ángeles, además de un modelo especialmente relevante: el del tren de Hiroshima. “El diseño para esa ciudad fue completo. Me inspiré en los ojos circulares presentes en muchas esculturas precolombinas, sobre todo en las aztecas”.
El diseño de trenes se trata de un medio altamente competitivo. Existen, cuando mucho, veinte profesionales en todo Japón; diecinueve son locales y sólo él es foráneo. Por ello trabajar para un destino histórico como Hiroshima fue desafiante. “¿Cómo voy a hablar de ese lugar si soy mexicano? Es un tema muy delicado”, le expresó a su jefe cuando el director de la compañía le asignó el proyecto, pese a su condición de gaijin, como se denomina a los extranjeros en Japón.
¿Mirar el panorama desde afuera jugaría a su favor o la misión fracasaría? Hiroshima es una ciudad verde, como lo son también Okayama, Kioto o Sendai. ¿Qué podía distinguir a un lugar que inevitablemente nos remite a lo ocurrido en 1945?
“Para mí lo más importante fue comprender que es una ciudad que trabaja por la paz mundial. Representa lo que puede lograr la gente cuando se une y la capacidad de recuperación del espíritu humano. Ese es el carácter de Hiroshima”, explica. “¿Cómo se traduce eso en diseño? En formas suaves, en el blanco con detalles verdes: los colores de la paz, la paloma con la rama de olivo”.

Los trenes en México y América Latina
“Si me hubiera tocado diseñar el Tren Maya, no tendría que escribirle ningún letrero al lado: sería cien por ciento visible su origen”, asegura. El longevo Metro de la Ciudad de México ocupa, por su parte, un lugar especial en sus recuerdos: “Fue de los primeros servicios de primer mundo a los que tuvimos acceso todos los mexicanos”.
“Brasil, técnicamente, ha avanzado muchísimo: se fabrican incluso aviones. Sin embargo, no es una industria realmente brasileña. Y el Metro de Argentina, por ejemplo, utilizaba vagones provenientes del sistema de Tokio”, señala.
El futuro del diseño ferroviario
“En el mundo se depende demasiado de los aviones y los automóviles; ese modelo está rebasado. Aquí en Japón la mayoría de la gente viaja en tren y es maravilloso. Te subes, por ejemplo, en la estación este de Shin-Osaka y llegas al corazón de Tokio”, comenta, y subraya que se trata de una opción sustentable.
“Se dice que hay horas del día en las cuales llegan empleados del Metro con uniforme y guantes blancos que, disculpándose, empujan a los usuarios para que puedan entrar al vagón. Yo sólo lo he visto una vez”, aclara.
Varias décadas después de haberse inspirado en la portada de un libro de Raymond Loewy —el padre del diseño industrial moderno— y convencerse de que esa era la carrera que quería estudiar, el presente de este diseñador industrial mexicano resulta elocuente.
Además de concentrarse en los detalles de su trabajo en Egipto —para el tren de la línea que conecta las pirámides de Guiza con El Cairo— y en otros proyectos confidenciales en plena licitación, Rodríguez creó recientemente una organización de diseñadores de transporte con sus connacionales. “El objetivo es que se conozca un poco más que los mexicanos diseñamos transportes en el mundo, y también abrir espacios a los diseñadores que trabajan en México y no logran salir porque los proyectos suelen asignarse a extranjeros”.

Y sí, los retos son permanentes: “Si hablamos de lo que hoy enfrento como diseñador —y que comparte cualquier diseñador contemporáneo— es humanizar los objetos. Por eso la cultura es tan importante, y por eso es fundamental crear vehículos y objetos que sean de seres humanos para seres humanos”.
Mientras en México cae la noche, en Osaka los trenes comienzan a moverse. Entre bocetos, superficies curvas y líneas de color intenso, Daniel Rodríguez continúa aportando diseño a las ciudades en movimiento, mediante su manera de mirar el mundo, una donde su cultura siempre está presente. Diseñar, para él, es eso: poner en marcha su propia identidad.
