La lucha libre mexicana forma parte de la cultura popular desde que alguien decidió ponerse una máscara, subir a un ring y convertirse en lo más parecido que tenemos a un superhéroe nacional. A diferencia de este espectáculo en otros países, la lucha libre es un elemento de identidad que, más allá de lo kitsch, se vive con la misma seriedad con la que un niño compra su primera máscara de Blue Demon en Chapultepec. O con la ambición de construir un imperio, como lo hizo El Santo.

El director español Álex de la Iglesia lleva años preparando una película sobre El Santo, el Enmascarado de Plata. Si se concreta, volverá a poner en el centro de la conversación a uno de los grandes mitos de la cultura popular mexicana.
Pero mucho antes de que las máscaras de luchador aparecieran en los borradores de proyectos cinematográficos, galerías, museos y campañas publicitarias, Sergio Arau ya las había convertido en materia artística. Cuando empezó lo llamaban “naco”. Décadas después, la lucha libre, presente en sus piezas, se ha transformado en una de las exportaciones culturales más reconocibles de México y sus obras han llegado a exposiciones internacionales.
Tuvimos una plática ligera con el músico, cineasta, pintor y escritor mexicano, fundador de Botellita de Jerez y director de la profética Un día sin mexicanos (2004), sobre su obra, la fascinación que despierta la lucha libre y la reivindicación de la cultura popular mexicana. Esro comentó el artista que alguna vez se atrevió a disfrazarse de Frida Kahlo para promocionar su pieza Mi Frida sufrida.
¿Qué elementos de la cultura popular mexicana te interesan como artista?
Yo soy un adorador de la cultura popular mexicana, de la calle, de los altares callejeros. De cuando antes los camiones foráneos estaban decorados con la cabeza de muñeca en la palanca de velocidades, los frascos de Nivea, de las de antes, estos morados con un foquito adentro que parecía luz neón.

¿Cómo nació el concepto de Art Naco?
Paralelo a Botellita Jerez, el grupo de rock mexicano que formé en los años 80, para mi labor en la pintura, se me ocurrió que mi propuesta visual era el Art Naco, que no es ni Art Nouveau ni Art Deco, sino bien Naco.
¿Cómo era la percepción de la lucha libre cuando comenzaste a incorporarla a tu obra?
Ahora, la verdad es que hay una diferencia brutal entre la percepción de la lucha libre de ese momento, en los años 80, a lo que hay ahorita. En el principio, cuando hacía mis obras con luchadores, había mucho rechazo.
¿Qué te decían en las galerías?
Que era un naco. La lucha libre era muy mal vista. Es como si ahorita un pintor pintara puros narcos. Era así de malo, así se veía. El primero que hice fue El Santo, pero santificado, así con angelitos. Parece la Virgen de Guadalupe, la verdad.

¿Qué descubriste sobre la lucha libre a través de tu trabajo artístico?
Que la lucha en el ring es como la lucha entre el bien y el mal, ¿no? Los rudos contra los técnicos. Algo como lo que ahora es la pastorela, el diablo y Dios peleándose por algo. La máscara te da un poder especial. Porque eres tú y al mismo tiempo no eres tú.Hay muchos mitos. Entre los griegos, por ejemplo, Zeus tenía un amante, pero le exigía que usara una máscara, porque si no, no iba a soportar ver a su dios, a Zeus».
Pero Blue Demon también es técnico, es decir, de los héroes.
Sí, pero el Santo era rudo. Y luego se volvió técnico. Lo que pasa es que yo realmente no estaba siguiendo las luchas, sino siguiendo la iconografía de las luchas. De hecho, el único luchador que he pintado y que el cuadro se llama Santo santificado es El Santo, más o menos en la época que murió, en los años 80.
A veces la influencia llega a lugares que uno no sospecha, ¿no?
Sí. Ahorita, por ejemplo, vivo en Los Ángeles. Llevo muchos años y al principio como que todo era alguien con bigotes, porque era lo mexicano, o un sarape, un sombrero de charro, ¿no? Y ahorita te juro que todo lo mexicano se asocia con máscaras de luchador.Lo que pasó es que a partir de Nacho Libre se hizo popularísima la lucha mexicana, la máscara y todo eso. Porque los luchadores gringos son muy grandotes. Se empujan, nada más se empujan. No tienen estas habilidades acrobáticas que tienen los mexicanos, que son más chiquitos, más ligeros».
Fans de la lucha libre hay de todos los estratos, ¿no? Hasta asesinos, como La Mataviejitas, que era luchadora.
Exacto, sí. Pero muchos también son guardaespaldas de políticos o empresarios en la vida cotidiana. Conozco a muchos. Íntimamente no. Tengo varios amigos. Cero Miedo y Rey Fénix viven en Los Ángeles también. Ayer estaba yo en una libería y de repente vi un libro sobre lucha libre de un investigador social de la Universidad de Duke. La portada es del cuadro del Santo, precisamente; la lucha libre se volvió una cosa internacional, y para mí la lucha libre era algo callejero, de la raza, de la banda. Y de pronto ahora es nice. Ahora tú vas aquí a la Arena México y los boletos están carísimos y hay puros gringos y puros europeos. Se volvió una cosa de lujo.
¿Cómo fue la recepción de tu obra cuando empezaste?
Antes de que empezara con el arte naco, con mis caricaturas y mis ilustraciones, hacía mucho grabado, litografía y serigrafía.Cuando empecé a hacer esto más naco, a propósito, con colores muy coloridos, incluso con diamantina y materiales así, me sacaron de las galerías. Una vez un amigo me consiguió una cita en una galería para que vieran mi obra. Cuando llegué la estaba bajando y la puse afuera, en la entrada. Salió la dueña y dijo: ‘Sáquenme esta mierda de aquí’. Casi acabamos a madrazos».

Hay desnudo, erotismo y muchos tatuajes en tu obra.
Sí. De hecho, por los tatuajes de varios de mis cuadros fue que Jodorowsky, con el que ya había trabajado antes, me invitó a hacer la película Santa Sangre. No tatué realmente, pero dibujaba diario a Thelma Tixou. Era monumental. Era más alta que yo. Impresionante. Muy profesional además. Muy linda. Grandes amigos. Pero la tenía que dibujar diario.
No me acuerdo si en Santa Sangre salen escenas de lucha libre.
No, de lucha libre no. Como de box, creo. Están en un circo más bien. Le puse tatuajes casi a todos los personajes principales. Además, al final acabé tatuando a una yegua. Se supone que Thelma Tixou reencarnó en una yegua y entonces a la yegua le pinté tatuajes.

¿Tienes alguna expo próxima?
Aquí, en Tonalá 145, en la CDMX, es una colectiva de muchos pintores. Tengo una pieza ahí. Una cosa interesante es que acaban de hacer en París, en el Museo André Breton, una exposición de Leonora Carrington. Como Leonora Carrington era inglesa pero vivió en México, escogieron tres piezas mías para la exposición. Me han considerado como surrealista mexicano. De hecho, El Jaguar está ahí. Es una de las piezas. También estaré en una expo en España este año.
¿La cultura popular mexicana ha sido apropiada por quienes antes la despreciaban? ¿Qué nuevos íconos crees que surjan?
Definitivamente. Antes nuestro pleito era ‘Naco chido’, porque naco no era chido, y ahora sí es muy chido. Ahora hay muchos pintores que hacen luchadores. Pero siento que hay una gran diferencia, porque hacen luchadores tal como son en la realidad. Yo tomo personajes de la Capilla Sixtina, de Caravaggio, de Da Vinci, de Rafael, y los vuelvo ángeles o diablos, tatuados y obviamente enmascarados. Mi propuesta es que son parte de esta lucha universal por el balance entre el bien y el mal.
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