Algunos desertaron de la música; otros habitan ambos mundos. Estos músicos-artistas (o artistas-músicos), de ayer y hoy, han saltado de la música alternativa (lo que sea que signifique en 2026) al arte contemporáneo —o viceversa. En el arte todo se vale y ellos lo demuestran: tan hábiles con la guitarra, los sintetizadores o la batería como con los pinceles y las instalaciones. Porque del escenario a la galería hay un solo paso, te presentamos a algunos personajes que han hecho el crossover.
José Fors: irreverente en la música y serio en la pintura
Triunfó haciendo hard-rock irreverente, poblado de “señoritas cara de pizza” y otros personajes surrealistas. En el punto más alto del grupo conocido como La Cuca —banda surgida en esa época en que todos se ponían nombres muy mexicanos y coloquiales—, decidió dar un paso al costado para dedicarse de lleno a la pintura y consolidar una carrera en las artes plásticas. Antes había formado parte de la banda de culto Duda Mata. Cubano-mexicano afianzado en Guadalajara, ha colaborado tanto con figuras del rock iberoamericano —como Santiago Auserón (Radio Futura / Juan Perro)— como con algunas de las galerías más importantes del mundo.
“La música siempre ha sido mi lado más social; si no hiciera música sería un ermitaño: estaría encerrado todo el día pintando…”, aseguró en una entrevista publicada en la web de la Galería Mónica Saucedo.
Sergio Arau y la cultura popular nacionalista
Además de fundar la legendaria banda Botellita de Jerez, el icónico combo ochentero creador del guaca-rock, Sergio Arau se ha consolidado como solista, ilustrador y artista plástico, con una serie de piezas que rinden homenaje a la cultura pop nacional. Luchadores, ángeles de periferia y otros personajes del submundo mexicano pueblan una obra original y llena de detalles locales. También es cineasta —su película Un día sin mexicanos es casi profética de los tiempos que vivimos—.
“El chiste del arte es hacer visible lo invisible”, comentó para la La Banda Elástica, revista de Los Ángeles, en 2024.

Eunice Guerrero, el indie-pop de Valsian y el arte contemporáneo
Originaria de Morelos, Eunice Guerrero es la más joven de la lista. Combina su trabajo como vocalista del grupo indie Valsian con su formación en Artes Visuales. “Tuve más de una crisis intentando traducir mi sentir de la música en imágenes, pero siempre ha sido muy inspirador”, comenta. Algunas de sus exposiciones pictóricas tienen nombres de álbum conceptual, como El cenit y descenso de los ídolos de las cajas de cereal. También desarrolla arte escénico y forma parte de la obra Gruta.
“Lo que no quiero perder es ese pequeño temor que me mantiene consciente de que soy vulnerable y he de defender mi experimentación y las formas incómodas que resulten de ella, porque esa es mi más importante ganancia”, comentó para AW Magazine.

Quique Rangel, entre Café Tacvba y los museos
Contrabajista y bajista de Café Tacvba, Quique Rangel estudió diseño y ejercía como tal antes de integrarse a la banda. Hoy, su trabajo cruza la música con el arte contemporáneo: además de musicalizar piezas, su proyecto 2 Contrabajos —junto a Mike Sandoval— ha desarrollado improvisaciones para exposiciones en espacios como el Museo de Arte Carrillo Gil. El origen está en una invitación del artista Abraham Cruzvillegas para intervenir su obra, detonando una exploración que continúa hasta hoy más alla de «La ingrata».
“Es un proyecto más experimental, más de búsqueda”, dijo. “Es música improvisada donde vamos generando atmósferas y texturas percusivas a partir de nuestros instrumentos”, comentó para Proceso.
Omar Guerra, más allá de la electrónica tapatía
Desde Guadalajara, Omar Guerra está activo como artista desde hace varios años. El también fundador de Jalarte A.I, que inició su carrera como parte del proyecto Corpus Callosum dirigido por Guillermo Santamarina se mantiene activo como artista desde su estudio en Jalisco.
Aunque los años recientes más bien se mantiene trabajando en su búnker de arte y en diversos proyectos, también ha sido creador de conceptos musicales de perfil indie como Buró Sputnik, Dedupléx y Kommodor, grupos que van desde la experimentación electrónica a la banda de electro-pop con club de fans, openings para bandas como Ladytron y shows en el Auditorio Nacional de la CDMX con Belanova.
Gabriel Kuri: arte sin fobias
Dejó de ser el baterista de Fobia desde los años 90 para dedicarse al arte con el mismo (o más) impetu que con él le pegaba a la tarola en la banda mexicana. Este artista visual graduado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM que hoy reside en Bruselas y que forma parte de la galería Kurimanzutto, cuenta con una carrera notable y una obra en la que la escultura dialoga con otras disciplinas.
Si en Fobia muchas de las letras surrealistas de la banda buscaban una evasión existencialista, como artista, parece que Gabriel Kuri busca un poco lo contrario: “Mi práctica consiste en tratar de comprender el panorama general y cómo funcionan las cosas en el mundo real”, declaró para la gaceta Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana. En el reciente encuentro de Fobia en el Vive Latino, se rumoró que podría haber vuelto a la banda, pero todo quedó en rumor.
Gustavo Mauricio “Catsup” y el club de los músicos, poetas y artistas multidisciplinarios
Además de fundar el sello Happy-Fi y ser parte de proyectos como Zurdok y Quiero Club, el regiomontano Gustavo Mauricio es artista conceptual. Como Sol Oosel ha presentado lo mismo pintura abstracta que paisajes sonoros en Mutek. De hecho, entró al mundo del rock alternativo de la Avanzada Regia cuando trasladó el formato de colectivo de arte al formato de banda.
“Me gusta que es como un nombre propio, un nombre y un apellido. Como también estoy haciendo cosas en el mundo del arte, quise usarlo también como nombre propio. Más que crear un nuevo proyecto es como crear un nuevo personaje, creo prudente presentarme así”, comentó el artista para la extinta revista Vice en 2018.
Ugo Rodríguez: del pop al arte azul violeta
El cantante tapatío del grupo neo-sicodélico Azul Violeta y de Yoyobreakers, ostenta una carrera en la que su obra, transita entre el dadaismo y el retrato onírico (y sí, usa colores azules y violetas en sus piezas).
«Siempre quise ser pintor, pero la música me llevó a otro lado. Tuve la suerte de tener unos padres que impulsaron mi talento artístico. Todos los domingos recorríamos Guadalajara en familia y mi padre, de profesión arquitecto, nos explicaba la historia de los edificios coloniales», comentó Ugo para un suplemento de la UDG.
Porque al final, más que cambiar de disciplina, estos artistas confirman que la creación —ya sea en un escenario o en una galería— responde al mismo impulso: encontrar nuevas formas de decir lo que no cabe en un solo lenguaje.
Foto de portada: The energy that moves everything, 2023, Omar Guerra. Acrilic on canvas, variable measures, as Part of INFINIDAD INTELIGENTE
