“Hay un dicho que dice que los mejores chistes se cuentan en los funerales. Yo crecí en una funeraria y ahí también aprendí a desarrollar cierto humor negro”, confiesa Chavis Mármol, el artista hidalguense. “Crecí con mi abuela. Ella se hizo cargo de mí porque mis padres eran unos adolescentes irresponsables; tenía una funeraria donde tuve que trabajar para ayudarla. Algo así como Six Feet Under, exactamente. Mi trabajo era acompañar al que levantaba los cuerpos, lavarlos, vestirlos y limpiar la funeraria y los ataúdes”.

Pronto haría otro tipo de arte, impregnado de un humor que parecía incompatible con aquello a lo que tuvo que dedicarse desde muy joven.
De hecho, incluso su apellido parece una broma involuntaria: se apellida Mármol y es escultor. Aplastó un Tesla en la colonia Roma con una cabeza olmeca gigantesca; fabricó una pieza que transformaba una mochila de Uber Eats en una figura prehispánica; y recientemente intervino con pinturas y diseños el autobús que usó U2 como escenografía para grabar su nuevo video en las calles de la capital mexicana. Además, una de sus piezas fusiona al Señor Cara de Papa con otra imagen prehispánica, que reciente vimos en Zona Maco.

Antes de estudiar arte, Chavis Mármol confiesa que “estaba perdidísimo en la vida”. Solía ser un adolescente un poco naive, creciendo en un pueblo rodeado de amigos bastante parecidos a él: “El plan era seguir el ejemplo de ellos, dejar la funeraria y emigrar a trabajar a Estados Unidos”. Pero entonces, su destino cambió: fue aceptado en el Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.
Todo eso ocurría un poco lejos del emergente circuito que ya se gestaba en la CDMX durante los años noventa. So far so good, como el título de la película de Wim Wenders: el entonces Distrito Federal le quedaba a dos horas y, “de vez en cuando, solía escaparme para visitar alguna exhibición, algún museo o galería”, cuenta.
“Lo que pasa en Ciudad de México no pasa en el resto del país. Y mucho menos en un estado como Hidalgo. Guadalajara, Monterrey, Veracruz u Oaxaca, ni se diga, también son capitales culturales muy importantes. Pero los gobiernos no le dan al arte y a la cultura la importancia que tienen para construir identidad en el territorio”.
El artista creció en un pueblo llamado Apan, muy cerca de Pachuca, Hidalgo, la capital del estado. La región es famosa por sus haciendas pulqueras y su arquitectura religiosa, además de haber funcionado como experimento de vivienda de interés social de vanguardia: el Laboratorio de Vivienda de Apan, donde distintos estudios de arquitectura —entre ellos el despacho Esrawe— construyeron 32 prototipos en 2019.

Antes de entrar a la carrera tuvo que atravesar algunos rechazos, como el del SOMA, uno de los espacios más relevantes del arte contemporáneo en México. “Es cierto que no me aceptaron, pero también es cierto que ellos hacen un gran trabajo y forman parte de la comunidad artística de esta ciudad. Creo que son de los pocos lugares enfocados en arte contemporáneo que realmente apoyan las carreras de los artistas. Habrán tenido sus motivos para no aceptarme; pero en un futuro sí me veo dando clases ahí, porque realmente es el lugar adecuado. Y que presuma en mi biografía que no entré es más bien un jueguito de humor que me gusta mantener”.
Posteriormente se mudó a la Ciudad de México para estudiar una maestría en la UNAM. “Eso me permitió visitar cada vez más exhibiciones y empezar a formar parte de un gremio donde al principio no fui el más bienvenido. Pero poco a poco uno se va haciendo su lugarcito; y si nadie te quiere abrir las puertas, pues uno encuentra la manera de llamar a un cerrajero”, cuenta.
“Yo no creo, por ejemplo, en estos seres que se hacen a sí mismos. Y creo que algo que me ayudó mucho a entender la manera en que hago arte fue el humor; es decir, mi forma de enfrentar la vida. También consumir muchísimos productos culturales, alimentarme de todo lo que me rodeaba, aunque de más chico yo no leía y entonces solo veía televisión. Pero eso también ayuda. Escuchar muchísima música, ser un joven rebelde enamorado del grunge, también fue formando mi personalidad. Y creo que todo eso se termina viendo en mi trabajo”.
Dentro del mundo del arte, hay algunos artistas que sostienen que el arte no tiene que reflejar alrededor sino el interior, “pero cuando el interior está impregnado de lo que uno ve, pues invariablemente sucede, como en este caso la mochila Uber, pues ya es como un accesorio que pertenece a la cultura pop”, comenta una de sus piezas que trascendió el espacio de una galería y se hizo viral.
Cosa, que parece encantarle: “Los trabajos que yo hago, pertenecen a la cultura pop, pero incluso una cabeza olmeca también pertenece a la cultura pop de nuestro tiempo. Es decir, a pesar de que es una pieza prehispánica de cientos de años de antigüedad, traída al presente y la importancia que tiene para nosotros de manera icónica, también la convierte en icono pop”.

Le pregunto si Elon Musk llegó a enterarse de la pieza donde aplastó un Tesla con una cabeza olmeca. No está seguro. “Estamos hablando de uno de los personajes más polémicos de nuestra generación a nivel global. Un tipo que tuiteaba cualquier cosa y podía influir en la bolsa. Además, es alguien obsesionado con las redes sociales, entonces no dudo que en algún momento haya visto la obra”.
La pieza se volvió viral durante días. No hubo ninguna reacción pública por parte del empresario, aunque Chavis sospecha que le molestó. “Y esa era un poco la idea”, admite. “Quería hacer una especie de broma, un meme monumental, para jugar y trolear al hombre más poderoso del mundo».
« Creo que el arte tiene el poder de, desde un lugar pequeño y miserable, ser tan provocador que logre acercarse incluso a los seres más turbios que controlan los hilos del mundo ».
Montar la pieza tampoco fue sencillo. “Estamos hablando de un Tesla completamente funcional. Nuevo. En un momento en que ni siquiera había Teslas en México”.

Recuerda que apenas comenzaban a aparecer algunos en Monterrey, impulsados por el entusiasmo local alrededor de Elon Musk. “Yo nunca pensé que esa fantasía fuera a realizarse. Pero también tengo que aceptar que tengo bastante estrella y que muchas de las ideas que he imaginado he tenido la oportunidad de materializarlas”.
Cuando finalmente terminó la instalación sintió alivio. “Ya, por fin terminé. Al carajo”.
También le interesa cómo envejecen los productos culturales. Menciona Seinfeld como ejemplo de una obra que sigue sintiéndose contemporánea décadas después. “Sigue vigente. La manera en que la hicieron todavía se siente contemporánea. Incluso ellos mismos decían que era una serie sobre nada: cuatro personas random a las que realmente nunca les pasa nada”. “Hay músicos que evitan usar sonidos demasiado anclados a su época y eso hace que veinte años después sigan sonando frescos”, dice. Esa tensión entre cultura pop, permanencia y presente atraviesa buena parte de su trabajo.
Recientemente también participó en la intervención del autobús que U2 utilizó como escenografía para grabar un video en las calles de la Ciudad de México, aunque por cuestiones de confidencialidad todavía evita hablar demasiado del proyecto.

Cuando se suicidó Kurt Cobain, Chavis tenía 12 años. No recuerda haber visto las noticias. Pero cuando tocamos el tema sobre qué tanto la estética grunge, de que me contó que fue parte de su influencia, sigue tocando su arte: “Esa idea de romantizada del arte, donde pues volarte la tapa de los sesos implica realmente ser un artista genuino, es uno de los mitos que sigue digamos afectando nuestras carreras”, reflexiona.
“Es decir, a mí de alguna manera también se me ha puesto en tela de juicio digamos mi verdadero compromiso con el arte, pues una vez que empiezas a tener algún tipo de éxito comercial o que empiezas a ser mainstream. A veces, el público quiere verte sometido, verte sufriendo, verte en una situación de precariedad para que entonces sí eres un artista real. Y quienes nacen con privilegios, también se les juzga de: ‘ah, es que ese es este nepo baby, es que ese tiene privilegios’»
Y en relación a los artistas que dicen que el arte viene del interior, tiene una respuesta: “¿Qué es el interior sino un producto de todo lo que nos rodea? Es decir, yo pienso de manera, o sea, mi lectura del mundo es de manera materialista. Es decir, mi contexto, quién soy y de dónde vengo, prácticamente modelaron mis ideas y mi forma de entender al mundo”, afirma.
“Entonces el hecho de venir de un pueblo, haber crecido con mi abuela maquillando cadáveres y haber estudiado únicamente en escuelas públicas, pues obviamente define el tipo de persona que soy”, remata, a manera de réquiem.
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