“Las Visiones”, el diario psicodélico que Ezequiel Black ocultó durante años

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Ezequiel Black es un artista argentino, veterano —digamos— de «guerras psíquicas», como en la canción de Blue Öyster Cult. Acaba de presentar un nuevo libro de arte llamado Las Visiones (Fan ediciones, 2026): “un sensible diario de viajes hecho durante más de una década en ceremonias con plantas sagradas en distintas regiones de América Latina”, explica él.

Las Visiones (FAN editorial)
Interiores de Las Visiones. Foto: Cortesía del artista.

A lo largo de su carrera realizó exposiciones individuales en Argentina y México, entre ellas Floresta Psicotropical en Salón Acme de Ciudad de México y La luz entre nosotros en Galería Wunsch. También participó en importantes muestras colectivas y festivales de arte contemporáneo. Además de su trabajo como artista visual, creó universos gráficos para bandas como Miranda!, Los Fabulosos Cadillacs y Celeste Carballo. Fue director de arte de El Teje, el primer periódico travesti latinoamericano, y trabajó en proyectos culturales, editoriales y exposiciones para distintos espacios e instituciones. Platicamos con él.

¿Es este tu proyecto más unipersonal?

Sí, mirá, es un proyecto muy íntimo. Lo empecé en 2012. Hace años participo en ceremonias con plantas. Un día empecé a llevar un Moleskine sin saber por qué

¿En qué momento te diste cuenta de que tus dibujos podían ser un libro?

Muy pronto. A los meses me di cuenta de que esto era un libro; ya lo estaba haciendo, pero sin saberlo. Siempre fue un proyecto muy personal, que nadie vio antes, en realidad. Porque cuando me preguntaban “vos que estás dibujando, mostrame”, enseñaba uno o dos dibujos.

Foto de portada de Los Visiones.
Portada del libro Las Visiones. Foto: Cortesía del artista.

¿En el camino cambió algo de tu percepción sobre las plantas?

Es un universo que uno nunca termina de conocer. Es como estar en una cueva oscura con una linterna: iluminás un lado y parece claro, pero cuando volvés a prenderla, todo cambió.”

¿Dibujar bajo la influencia de esas plantas es diferente?

Claro. Dibujar en ese estado es una técnica que solo se aprende… haciéndolo. Poder sostener la atención en un dibujo, o en una pintura, con ese nivel de intensidad energética, es algo que solamente da la experiencia.

¿Qué plantas has usado, por lo general?

Ayahuasca, que es la que más conozco, pero también he hecho experiencias con huachuma, con yurema.

¿Entonces este libro es de descubrimiento o más de contemplación?

Al principio era un libro hecho por un artista que pintaba sus visiones. Pero con el tiempo, y con los muchos viajes que hice con el cuaderno a Perú, Brasil, México, Argentina, empezó a pasarme que algo de la información de esos lugares entraba al cuaderno: unos telares, una estatua, una remera, un jarrón. Había algo de las comunidades alrededor de esos lugares que se filtraba ahí. Entonces el cuaderno también pasó a ser una especie de notas de viaje.

¿Y también de comunidad?

Claro. Como soy artista, cuando voy a estos lugares me interesa conocer otros artistas, talleres, museos… siempre me muevo en ese universo. Y en algún momento empecé a sentir cierta responsabilidad de incorporar este libro a una serie de linajes y tradiciones. Entonces empecé una investigación un poco antropológica: entender qué culturas, dónde, de qué manera. Ahí el libro cobró otro sentido. Se mezclan las visiones con cosas de las comunidades, con notas de la estética que rodea esos espacios.

¿En cuanto a la técnica de dibujo, se aleja de lo que tradicionalmente haces?

Cuando encontré la birome, me pareció el mejor elemento para este proyecto. Era súper transportable: metía tres o cuatro biromes y listo. Y poéticamente me parecía muy lindo que la birome o esferográfico tiene algo de tatuaje. No se puede borrar.

Ezequiel Black en proceso de realización de su libro. Foto: Cortesía del artista.

En tu obra hay piezas muy distintas. La mazorca, por ejemplo, se siente muy evocadora.

Sí. Creo que hay algo que atraviesa toda mi obra y tiene bastante que ver con Latinoamérica como territorio de reflexión e inspiración. Yo trabajo hace años con fragmentos de espejos. Empecé descomponiendo materiales de bolas de discoteca: PVC espumado y espejitos, evocando la efervescencia de la noche, la excitación, el desborde. Pero después empecé a pensar en la famosa frase de “los espejitos de colores”. Me parece interesantísima porque fuera de Latinoamérica nadie sabe realmente qué significa. Entonces empecé a trabajar el maíz recubierto con espejitos de colores y ver qué pasaba entre esos dos mundos: el pop, el reflejo, la fantasía, y este ícono tan importante para Latinoamérica pre y post conquista. Así empezó esa serie: tres grandes y nueve pequeñas mazorcas. De hecho, dos están en México.

La mazorca II
PVC expandido, vidrios espejados, fibrofácil, alambre y acrilico
100cm x 30cm x 26xm
2021
La mazorca II. Foto: Cortesía del artista.

¿En alguna galería?

Una la compró un jalapeño que estaba abriendo un restaurante en Ciudad de México y quería ponerla en el centro del lugar. Se la llevó, aunque no sé si la terminó montando. Es un chef que ha sido mencionado como uno de los mejores del mundo: Luis Palmeros.

Tengo entendido que en Argentina hay una obra icónica de Marta Minujín donde también aparecen mazorcas

Sí, la pieza donde Marta Minujín “paga” la deuda externa a Andy Warhol con maíz. Ella le entrega unos maíces rodeados de una especie de fotoperformance. Y después Marta llamaba al maíz “el oro americano”.

Aunque su obra dialoga con tradiciones rituales y latinoamericanas, también hay en ella una fuerte presencia de cultura pop

Me pidieron una colaboración para una revista de póker hace muchos años y me dieron una página. Estaba pensando qué hacer y se me ocurrió jugar con el ícono de los billetes.

Pokerface
Arte e ilustración para la revista que se dedica al estilo de vida del poker. La idea era jugar con la síntesis del número especial dedicado al rock. Poker + Rock=…
Pokerface. Foto: Cortesía del artista.

A ti te tocó una transición entre el arte tradicional y el digital, antes incluso de la IA.

Para mí fue al revés. Cuando empecé a gravitar más dentro del mundo del arte, fui soltando la computadora y avanzando hacia lo manual. De hecho, no quiero que este libro tenga ninguna versión digital. Es físico o no es nada. La experiencia con ese objeto tiene que poder palparse. Llevarlo a un plano digital sería falsear la propia propuesta.

También noto que parte de tu obra converge con temas LGBT. Aunque alguna vez en una entrevista dijiste que «no existe el arte LGBT”

Como tema, claro que existe. También cierta estética queer. Pero me parece que la práctica artística es algo mayor que eso. Puede atravesarse por esos temas, sí, pero no agotarse ahí.

¿Tú vives dentro de un colectivo, artísticamente hablando?

Mirá, hace dos años nuestro queridísimo presidente Milei —con ironía lo digo— estuvo en Davos y, de una forma muy extraña, empezó a decir una sarta de barbaridades pegándole al colectivo LGBT. Y fue rarísimo porque ni siquiera era un tema que estuviera realmente en agenda acá en Argentina. Cuando salió ese discurso pensé: “No quiero leer esta noticia”, porque sentía que me iba a invadir toda esa lógica de actualidad, de agenda.

Pero finalmente, sientes que debes tener una postura y enfrentar las cosas, ¿no?

Pie- Lápiz acuarelable sobre papel.
Pie, acuarela de Black. Foto: Cortesía del artista.

Sí, con el tiempo también entendí que hay momentos donde uno no puede hacerse el distraído. Porque más allá de que yo no crea en categorías cerradas como “arte LGBT”, sí creo que hay cuerpos, comunidades y sensibilidades que históricamente fueron rechazadas de ciertos lugares. Y eso inevitablemente atraviesa la producción artística.

¿Y sientes que eso aparece en tu obra de manera consciente?

A veces sí y a veces no. Hay cosas que aparecen naturalmente porque tienen que ver con la propia experiencia de vida. Pero nunca me interesó trabajar desde un lugar panfletario. Me interesa más que las obras tengan capas, contradicciones, ambigüedad. Que no sean un mensaje cerrado.

Actualmente, ¿vives esa problemática?

Hoy no siento que viva situaciones de discriminación; estoy totalmente integrado y eso ya no es un problema para mí. Pero sí recuerdo que cuando era chico las cosas eran distintas. Son experiencias que te marcan. Aunque hoy esté bien, hubo un momento en el que la pasé muy mal.

También hay algo muy fuerte en la idea de identidad latinoamericana dentro de tu trabajo.

Sí, totalmente. Porque además Latinoamérica es un territorio muy atravesado por mezclas. Lo indígena, lo colonial, lo pop, lo religioso, lo nocturno, lo marginal… todo convive al mismo tiempo. Y creo que mi obra también sale un poco de ahí: de tratar de entender esas capas sin ordenarlas demasiado.

Encuentra más entrevistas sobre los artistas latinoamericanos en AW Magazine.

Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla/ Jefe de Redacción. Ha escrito en Vanity Fair, GQ, Travesías, Vice, AD Architectural Digest, Marvin, Vogue, Nexos y Playboy, entre otros; fue editor en Círculo Mixup y Televisa; es autor del libro de ensayos [de]generación de cristal. Es fan de los Cocteau Twins y cuando no escribe, es DJ y productor. No le gusta el karaoke.

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