En una fiesta de arte contemporáneo, un artista utiliza como lienzo la espalda de un hombre y dibuja, a base de mordidas en la piel, frases tomadas de tuits de Donald Trump. En otro de los cuentos un aspirante a escritor intenta vender su alma al diablo a cambio de fama. También aparecen por ahí un padre de familia que lucha contra una bestia en su jardín mientras su familia observa y no podrían faltar algunas apariciones milagrosas vistas desde los ojos de un agnóstico con crisis de fe.
Joselo Rangel mezcla ciencia ficción, arte y cultura pop en Final Feliz
La mayoría de las imágenes que pueblan Final Feliz, el libro más reciente de Joselo Rangel —guitarrista de Café Tacvba y también escritor—, están llenas de una imaginería cinematográfica atrapante. En el argot del mundo de los masajes, se dice que un final de esa naturaleza, es cuando el o la masajista termina ocasionando un orgasmo al cliente. Ni se lo pregunto. En el libro no hay sexo, más que algunas alusiones, pero abundan otro tipo de referencias.
“De hecho, alguna vez quise ser guionista de cine”, confiesa Joselo. Cuando alguien le dijo que era el peor oficio dentro de la industria cinematográfica, decidió mejor dedicarse a escribir cuentos y novelas, además de grabar discos con su famosa banda y como solista.

Esta nueva colección de relatos, editada por Planeta, representa su séptimo lanzamiento editorial. Reúne cuentos de ficción donde aparecen temas como la paternidad, la infancia y la religión, además de “todo eso que se me va ocurriendo de historias que voy anotando”.
Literatura, fama y pactos con el diablo
El relato que inaugura el libro me recordó un documental del grupo Pulp. En él, el guitarrista de la banda inglesa comenta que le da miedo volar porque siente que un avión es como “un ataúd en el aire”.
En el cuento “Vuelan”, un hombre se pregunta si la industria de la aviación es solo un mito y si todo funciona a partir de la fe. “Yo también tengo miedo a volar, aunque me dicen: ‘¿pero cómo?, si te subes a un avión a cada rato’. Pues por eso mismo”, confiesa Joselo. “El cuento surgió en un vuelo. De repente me hice el cuestionamiento de cómo algo tan pesado puede volar”.
También hay relatos de verdadero horror doméstico, como “Un padre modelo”, que podría haber sido escrito por Richard Matheson o incluso por Quiroga, debido a ese terror ambientado en la cotidianidad familiar.
Por supuesto, abundan las referencias musicales: aparecen figuras como David Sylvian, de Japan; Robert Smith, de The Cure; Depeche Mode, y hasta un perro llamado Jethro, en alusión al longevo grupo progresivo. Incluso hay un cuento donde Charly García es protagonista.
‘Pero tú eres de Café Tacvba, ¿cómo no se te ocurre?’
“Hace poco vino un amigo argentino, Mariano, del grupo Mi Amigo Invencible. Nos fuimos a comer y me dijo que quería un ejemplar. Después me preguntó si no le iba a enviar una copia a Charly García.
“Me quedé pensando porque ni siquiera se me había ocurrido. Yo veía a Charly como una figura mítica, lejana. Mariano hasta se sorprendió: ‘Pero tú eres de Café Tacvba, ¿cómo se te ocurre que no le podrías enviar el libro y lo recibiría?’.
“De verdad no se me había pasado por la cabeza. Pero estuvo bien que casi me obligara. Tampoco sabemos bien cómo está Charly. A veces lo ves en videos y parece muy deteriorado. La verdad es que ya no se sabe mucho de él”.

La ciencia ficción, la fe y la gente como ejes del libro
Durante la escritura de Final Feliz aparecieron muchos temas, aunque casi todos terminaban conectandose entre sí: “Hay cuestionamientos y reflexiones. Mis padres ya murieron y ahora nosotros somos los que estamos arriba; debajo vienen las nuevas generaciones. Por eso le dediqué el libro a mis hermanos”.
Sin embargo, ese no es el único hilo conductor. También aparecen temas como la religión, la oscuridad, el mundo literario y el arte contemporáneo. «Al menos así me pasa a mí: no te das perfectamente cuenta de qué es lo que estás creando y luego descubres que todo convive bien”.
También abundan los cuentos relacionados con el mundo literario, como “Encrucijada”, donde —al estilo de los músicos de blues— un aspirante a autor decide vender su alma al diablo para que su novela tenga éxito. “Yo acepto que vengo de otro mundo, del mundo de la música. Pero cuando comencé a publicar y a asistir a ferias del libro, empecé a conocer autores. Ahí surgieron ideas como esa”, reconoce.
La influencia de José Agustín en su escritura
También hay un relato homónimo al libro, ambientado en Tepoztlán, el Pueblo Mágico ubicado en Morelos. En él resuenan ecos de José Agustín, el recientemente fallecido autor mexicano.
“Viví muchos años en Tepoztlán con mi familia, mis dos hijas y mi esposa, la actriz Luimi Cavazos. Y sí, soy fan de José Agustín. Junto con Juan Villoro, es una de mis referencias más importantes», reconoce. “Cuando los descubrí, me di cuenta de que yo también podía escribir sobre las cosas cotidianas, como hacían los autores de La Onda”.
Buñuel, el desencanto y la crudeza de la realidad
Pese a que tituló su libro como Final Feliz, ya adivinábamos que podía haber sido de forma irónica, y hay un par de relatos o varios de los relatos que no coinciden con esa promesa. Es más, hay unos tan salvajes que no tienen posibilidad de terminar como esas películas en las que todos vivieron felices para siempre.
“Me acuerdo mucho de Los olvidados, de Buñuel. Es una de mis películas favoritas”, asegura.
“Cuando me enteré de que existían dos finales —uno en el que el niño regresa a la casa hogar con el dinero y los cigarros, una especie de ‘final feliz’, y otro mucho más terrible— me impactó.
“Recuerdo que me gustaba más el final duro porque sentía que era más real, que la vida es así. “Ahora veo el otro final y pienso que también tiene algo valioso: cierta esperanza, porque a veces siento que la humanidad no está tan perdida. Pero Buñuel eligió el final más cruel, más cercano a la realidad. Supongo que por eso lo abuchearon tanto en México, porque muchos decían que así no era México”.
Del cine frustrado a la literatura fantástica
Cuando le comento que muchos cuentos del libro parecen fácilmente adaptables al cine y menciono la película argentina Historias salvajes (2014), Joselo se sorprende.
“Qué coincidencia. Me acaban de hablar de ella hace dos días, un amigo muy cercano. Me describió el primer corto y pensé: claro, es un cuento que yo podría haber escrito. Sí, tal cual, ese tipo de ideas me encantan”, concluye.
