Desde siempre lo supo: lo suyo era trabajar con la imagen. Cecilia Duarte es una fotógrafa brasileña/hispana que divide sus días entre Barcelona y São Paulo, y seguro que entre las nubes transatlánticas de sus constantes travesías encuentra mucha inspiración visual.

«En casa, de pequeña, mi relación con la fotografía llegó a través de mi padre, que era un aficionado a la fotografía, a las cámaras y a los gadgets en general», nos cuenta.
«Creo que la manera de ver y percibir la fotografía cambia constantemente; evoluciona contigo y con tu vida. Está íntimamente relacionada con mis intereses, vivencias y experiencias».
«Creo que la manera de ver y percibir la fotografía cambia constantemente; evoluciona contigo y con tu vida. Está íntimamente relacionada con mis intereses, vivencias y experiencias »– Cecilia Duarte.
«En la universidad —estudió Comunicación— empecé a adentrarme más en el mundo de la fotografía y a distanciarme poco a poco de la carrera y de la publicidad. Fue entonces cuando, por casualidad, empecé a hacer prácticas en un estudio de fotografía, y así fui acercándome más y sintiéndome cómoda con esta herramienta», recuerda.

Sus influencias eternas: «Sophie Calle por su universo de misterio, Nan Goldin por su realismo y fuerza, Philip-Lorca diCorcia, los retratos y bodegones de Irving Penn, Alec Soth, William Eggleston, las polaroids de Andrei Tarkovsky, Viviane Sassen, Nigel Shafran y Wolfgang Tillmans, entre muchos otros».
Después de terminar la universidad, Cecilia se mudó de Brasil a Barcelona para estudiar fotografía formalmente, y así comenzó su relación con España. «A partir de ahí, trabajé en casi todos los procesos de la fotografía. Estuve en un estudio por el que pasaban muchos fotógrafos, fui asistente de algunos de ellos y, en paralelo, empecé a desarrollar mi propio trabajo. Durante este periodo estuve siempre transitando entre Barcelona y São Paulo», recuerda.
Al principio se juntaba con amigos para crear sus propias propuestas editoriales, que luego enviaban a revistas y publicaciones reconocidas.

«Poco a poco fui publicando en algunos medios. Después empecé a hacer retratos, que siempre ha sido algo que me ha gustado mucho. Y, a partir de ahí, de forma orgánica, empecé a trabajar para marcas».
Canada, la exquisita productora creativa española que ha hecho algunos de los videos más disruptivos de Rosalía, es su agencia en Europa, «y me siento muy apoyada por ellos. Siempre me ayudan con mis proyectos editoriales y personales, algo que no es tan fácil de encontrar», reconoce Cecilia.

En su obra, la fotógrafa explora mucho los rostros humanos. En una época en que hay una sobreexplotación de imágenes en redes y de manipulación, es prudente preguntarle cómo marca la diferencia una fotografía más allá de la técnica.
«Para mí, la diferencia está en el interés por la persona a la que estás fotografiando: qué ves en ella, cómo la percibes y qué te provoca, cómo se relaciona con la cámara… Son cosas muy sutiles, pero al final se notan en el resultado», asegura.
«Normalmente no hablo demasiado ni doy muchas indicaciones. Prefiero dejar espacio para que todo suceda de manera más casual. Busco esa naturalidad, que de alguna manera es justo lo contrario de lo que vemos en muchas imágenes en redes, donde todo está súper medido, controlado y, muchas veces, manipulado».
Ha trabajado tanto con marcas internacionales como con revistas de gran calibre: «Con las revistas normalmente tienes más libertad y menos control; puedes soltarte más y dejar que todo fluya, y el resultado suele ser más rico en ese sentido. Con las marcas hay más exigencias: quieren mostrar bien su producto y suelen partir de un briefing bastante definido. Aun así, poco a poco veo que muchas marcas se están interesando por un lenguaje más personal y más libre, como una forma de diferenciarse en el resultado, sobre todo las que no son tan grandes ni tan burocráticas», confiesa.

En cualquier caso, a ella le gustan los dos tipos de trabajo.»Disfruto tanto de la libertad como del desafío que implica ajustarse a ciertas exigencias».
Cecilia considera que el nivel de los fotógrafos profesionales en Brasil ha subido muchísimo en los últimos años y ha evolucionado en todos los sentidos. «Siento que se valora más o menos igual, o al menos esa es mi percepción. Cuando empecé, sentí que era un mercado de trabajo muy masculino, y eso, por suerte, también ha ido cambiando», reconoce.
Y esa lucha contra los clichés no es solo un tema de género: «Creo que los clichés estéticos pueden ser interesantes; depende mucho de cómo los incluyas en tu trabajo. Incluso pueden llegar a formar parte de un lenguaje propio. En mi caso, quizá lo que menos me interesa son las imágenes muy manipuladas, pero no tanto porque puedan convertirse en un cliché, sino porque no es algo que me salga de forma natural».
Su trabajo ha llegado a territorios más sensibles que las portadas de revistas, y ha incursionado en temas sociales, como una muestra del IICA (Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura) que visibiliza a líderes rurales de América Latina.
«Recibí la invitación y cuando me lo propusieron me emocioné mucho con el proyecto», comenta. «Fue un trabajo muy especial para mí. Éramos un equipo de cuatro mujeres viajando por cuatro países de América Latina, conociendo a otras mujeres con historias de mucha fuerza y superación. En todo momento intenté retratarlas con mucho respeto y admiración. También desde el deseo de mostrar toda su fuerza. Fue una experiencia muy importante en mi carrera. Aprendí mucho y se creó una relación de respeto mutuo. Creo que eso se siente en las imágenes».
Ahora mismo, entre sus planes está desarrollar un proyecto sobre la maternidad y la infancia. «Es un tema muy rico, complejo y especial para mí, aunque todavía está en una fase muy embrionaria», advierte.

En su bien cimentada carrera, ha fotografiado a leyendas como Caetano Veloso: «Siempre he sido muy fan de Caetano Veloso. De hecho, cuando nació mi hijo le pusimos una música de Caetano en medio del parto, en la maternidad, así que fue la primera voz que escuchó, casi antes que la mía o la de mi marido. Creo que la admiración siempre añade un punto extra de nerviosismo en este tipo de encuentros».
Su fotografía suele ser luminosa: «Creo que al final gran parte de la fotografía es la luz. Me gusta mucho trabajarla, porque su efecto en nosotros es muy potente y comunica muchísimo. Pero también me interesa la sombra. Me gusta que no se muestre todo, que haya un poco de misterio y de oscuridad en la imagen», finaliza.
