Comprar arte, un placer tan noble como hedonista, puede ser una actividad difícil de comenzar si no se cuenta con el bagaje necesario para iniciar una pequeña colección —que bien nos puede llevar a convertirnos en coleccionistas o mecenas consumados— o simplemente para comprar una pieza que adorne un muro imposible.
Por ello, existe una serie de reglas que acompañan a la intuición y el buen gusto y que, sumadas a los consejos de los viejos lobos de mar del arte, dan como resultado este decálogo que hoy te presentamos en Art Weekends.

El gusto personal frente a la importancia colectiva de una pieza
Una adquisición debe comenzar por algo que te mueva, que te provoque ese placer estético que una pieza puede provocar. Que el mercado diga que una obra es importante, sin duda, es un factor que reduce el riesgo de la compra en términos financieros, pero ¿de qué le sirve al hombre conquistar el mundo si no podrá disfrutar de ello? Se debe valorar si lo que se busca es adquirir una obra por gusto, invertir o contar con una moneda de cambio.
El artista británico David Shrigley y la curadora de Soho House, Kate Bryan, coinciden en que el arte debe “dar alegría diaria”. Si compras algo pensando solo en las tendencias, te cansarás rápido y, de pronto, ya no lucirá bien en tu muro o en tu colección.

¿Comprar en una galería o con el artista? He ahí el dilema
Parece una pregunta básica, pero encierra una disyuntiva: comprar en una galería o directamente con el artista. De hecho, hay más de dos opciones que podrían dejar exhausto al nuevo comprador o al esteta indeciso: una feria de arte, una subasta, un coleccionista o una plataforma en línea.
Sin embargo, la decisión más tradicional sería optar por empezar con una galería. ¿Ventajas? Hay una curaduría detrás —es decir, alguien ya se encargó de seleccionar, contextualizar, documentar y respaldar la pieza—, además de documentación y asesoría.
Si lo haces directamente con el creador de la obra, al visitar su estudio o su muestra, la relación es más directa, pero quizás menos formal y sin el respaldo de una galería. En una feria, la ventaja es que hay variedad y puedes comparar precios, estatus y tener un abanico más amplio a la hora de escoger.
En ese sentido, la galería colombiana Duque Arango, con sede en Medellín, recomienda comprar en lugares seguros: galerías con trayectoria, ferias de arte y casas de subasta reconocidas, donde exista mayor transparencia y respaldo sobre la autenticidad de las obras.
Lo más complicado es comenzar a adquirir. Después, ya elegirás los procesos que más se ajusten a tu estilo de vida, presupuesto y gusto.

Análisis contra impulso
Sí, el arte involucra emociones y un gusto o enamoramiento por una obra que puede surgir de lugares insospechados. Pero cuidado: las compras por impulso pueden jugar en contra a la hora de adquirir una pieza. Comprar analíticamente es también un arte, y bien vale tener en cuenta un presupuesto y hacer que la compra sea una práctica inteligente y no improvisada.
Precisamente, otro de los consejos de la galería Duque Arango es definir un presupuesto realista: comenzar con obras que se ajusten a nuestras posibilidades económicas y no comprometer la liquidez por una compra.
El galerista y coleccionista dominicano Gary Nader agrega otro ingrediente a la receta: paciencia. Y a quienes quieren comenzar a comprar arte les aconseja: “Buy exclusively what you like and don’t speculate”; es decir, compra únicamente aquello que te guste y no especules.

El valioso riesgo por lo novedoso
Hans Ulrich Obrist, director artístico de la Serpentine Gallery en Londres y uno de los curadores más influyentes del mundo, aconseja seguir a artistas que experimentan y proponen ideas nuevas, no a los que siguen la línea de siempre.
Y su consejo no es gratuito, aunque implica cierto espíritu aventurero y contar con buen ojo para detectar lo novedoso, lo disruptivo y aquello que trasciende la simple ocurrencia o extravagancia. Pero la buena noticia es que ese pulso se va adquiriendo conforme se ve más arte, se visitan más galerías y se cultiva esa sensibilidad para mirar una obra e ir más allá de la apariencia.
Investigar antes de comprar
Los expertos aconsejan crear bases de datos personales o revisar portales de precios para no pagar de más por una obra. Plataformas globales como Singulart ofrecen asesoría gratuita para ayudar al comprador a encontrar obras según su presupuesto.
Ojo: no hay plataforma que reemplace la experiencia directa frente a una obra, y ese debe ser un punto de partida obligado.
Preguntar también es parte de comprar
La curadora venezolana-británica Cecilia Fajardo-Hill recomienda comenzar mirando y estudiando arte y, cuando se visita una galería, hacer todas las preguntas posibles. No te harán un cargo a tu tarjeta por preguntar sobre una obra y el artista. La idea de la curadora es entender el coleccionismo como un rompecabezas que se arma entre publicaciones, museos, ferias, subastas, galerías, espacios alternativos y estudios de artistas. “Es bastante positivo que la gente se acerque y que entienda dónde está cada galería”, comentó a Art Weekends la galerista Andrea Walther, de Galería ETHRA, y ahí está otra clave: atreverse a mirar y luego dar el siguiente paso.

Arte latinoamericano versus arte global
“Con un millón de dólares te puedes comprar realmente obras maestras”, mientras que en el arte moderno o contemporáneo europeo o estadounidense el mismo dinero “no te lleva muy lejos”, dijo Virgilio Garza, jefe de Arte Latinoamericano en Christie’s de Nueva York, en una conferencia retomada por diversos medios.
Viniendo de una figura que conoce este mundo desde sus entrañas, sus palabras no son menores: el arte latinoamericano ofrece posibilidades que vale la pena considerar al momento de comprar.
“A pesar de los desafíos globales, persiste un interés real por el arte latinoamericano. Hoy, el coleccionismo ya no está concentrado en unos pocos centros, sino que se expande hacia nuevas ciudades, generaciones y formatos”, comenta, por su lado, Zélika García, fundadora de ZⓈONAMACO, en una entrevista para Forbes.
El arte también envejece
Una vez que la obra cruza la puerta de casa comienza otra responsabilidad: conservarla a salvo. Luz, humedad, temperatura, montaje y almacenamiento pueden afectar la pieza y, dependiendo de la técnica, aquello que parece un buen lugar para exhibirla quizás no sea tan buena opción como lo imaginabas. Roberto Zajarías, director de Aura Galerías en México, recuerda que “las obras de arte son objetos físicos susceptibles de deterioro” y señala que la conservación preventiva, mediante el control de humedad, temperatura e iluminación, prolonga la vida de la obra. En otras palabras: ese muro imposible del que hablábamos al principio también tiene que ser un buen espacio. Y es que la poscompra también forma parte de una visión inteligente.

Comprar y coleccionar no es lo mismo que acumular
Comprar una obra que te gusta es un buen inicio, pero lograr que dialogue con una colección es otro tema. El coleccionista mexicano Ilan Katz tiene una idea especialmente útil al respecto: “La forma más fácil de tener una colección importante es limitando su concepto”.
Es decir, poner ciertos límites —una generación, una región, una técnica, una época, una escuela o incluso un tema— le da identidad al conjunto. Una colección no tiene que parecer un museo ni obedecer a una fórmula determinada, pero sí puede contar una historia conforme se agreguen piezas. Más vale calidad y congruencia que cantidad. Ese sería justo el consejo.
Pero hay quienes pueden diferir: conforme una colección adquiere identidad, el gusto personal puede incluso pasar a segundo plano. La coleccionista cubano-venezolana Ella Fontanals-Cisneros lo explica así: “A veces compro obras que no son de mi agrado, pero son piezas clave para mi colección”. Es decir, llega un momento en que no solo se compra una obra por lo que provoca individualmente, sino también por el lugar que puede ocupar dentro de una colección.
El ojo también se educa
Y quizás el último consejo sea entender que una colección no se construye de forma inmediata. Fernando Botero, quien además de artista fue un apasionado coleccionista, lo explicaba de una manera bastante terrenal: “Una colección se hace basada en la capacidad económica de una persona y la oportunidad que se tenga en el mercado”.
No todo está a nuestro alcance ni todo lo que deseamos aparecerá cuando queremos. Por eso, comprar arte también implica aprender a esperar, mirar y reconocer una oportunidad.

Y desde otro lugar, más disruptivo y contemporáneo, el artista español Eugenio Merino introduce un contrapunto frente a quienes ven el arte exclusivamente como inversión. Al hablar de quienes compran sus obras pensando en su posible rentabilidad, zanja: “Al que intente invertir en mí, ya le digo que hace mal”.
Porque comprar arte implica presupuesto, oportunidad y conocimiento, pero también aprender a mirar más allá de la cifra que acompaña a una obra.
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