Desde la capital de la montaña colombiana, una ciudad que ha sabido reescribir su compleja historia a través de la cultura, la galería Duque Arango ha forjado una trayectoria de 40 años de arte que conecta a nombres reconocidos en el mercado del arte global como Fernando Botero con nuevas tendencias y artistas que interpelan a un país que trata de dialogar con su pasado y su presente y que veremos en Zona Maco.

Medellín ha logrado transformar su imagen de ciudad violenta en los años ochenta y noventa gracias a iniciativas públicas y privadas en torno a la cultura.
Aspecto de la galería en Medellín. Cortesía Galería Duque Arango

Vivir en Medellín en los años ochenta y noventa era un deporte extremo. En la década previa al nuevo milenio, la ciudad—ubicada en el noroccidente de Colombia, en la Cordillera Central de los Andes, a unos 400 kilómetros de Bogotá— llegó a ser considerada la urbe más peligrosa del mundo, con alrededor de 380 homicidios por cada 100,000 habitantes.

La historia de la Galería Duque Arango

Abrir un espacio dedicado al arte en ese contexto era toda una declaración de principios. En medio de ese clima, la Galería Duque Arango inició operaciones en 1980 en Cra. 37 #10 a -34, en el barrio El Poblado, Medellín, Antioquia. “Hoy estamos en una ciudad que se ha transformado mucho mediante la cultura, la tecnología y el arte.

Es un lugar muy resiliente, y galerías como la nuestra han sido un factor de cambio”, me asegura Federico Duque, uno de los cinco hijos de Germán Duque, fundador de este espacio junto a su socio Sergio Arango. 

En aquella década, ambos tuvieron un sueño que ha perdurado por más de 40 años y ha convertido a la galería que ostenta sus apellidos, en una de las más prominentes de Colombia.

El mercado número uno para la galería

Estados Unidos es el mercado número uno para ellos a nivel global. Por ello, Federico vive en Nueva York, desde donde se hace cargo del área de proyectos, tecnología y logística de la galería. Entre sus obligaciones, están presentar la información en las aduanas, comprar piezas para las colecciones, buscar artistas y certificar las obras.

Para él, no sólo el arte colombiano sino el latinoamericano en general, es muy demandado en Norteamérica, por diversas razones, como la migración de coleccionistas latinos.

La importancia de Fernando Botero

La obra de Fernando Botero ha conseguido ser un referente del estilo figurativo.
La Cama, Fernando Botero, 1982. Foto: Cortesía Galería Duque Arango.

“Fernando Botero es un artista de dimensión global y una obra suya en cualquier parte del mundo es bien cotizada. Incluso en los últimos registros de subasta, hemos visto que ellos han hecho un estudio y han concluido que en más de veinticinco países existe interés en sus piezas”, reconoce Duque.

Y justo una de las consignas de Galería Duque Arango es juntar esa gran tradición de artistas como Botero, con las propuestas contemporáneas. Así lo explica Federico: “Siempre se trabajó mucho el arte moderno, hasta hace unos siete años cuando decidimos darle un respiro y una nueva dinámica a la galería. Así empezamos a incluir artistas contemporáneos, artistas emergentes de mediana trayectoria”.

Cómo alcanzar el prestigio y la credibilidad

“Como una galería seria que siempre ha sido reconocida por vender obras auténticas, se tiene que velar permanentemente por la seguridad de las obras”, reconoce, “llevamos décadas en el mercado, y todo el tiempo estamos cuidando de que las obras que vamos a adquirir cuenten con buena procedencia y una certificación que venga del artista”.

Por cada diez obras que les ofrecen de Botero, Duque asegura que entre cuatro o cinco son falsas, pero la galería cuenta con un gran equipo de autenticación y en el caso de este autor, con un refuerzo de otros galeristas que también conocen vastamente la obra del artista, “incluso con los hijos: Lina o Fernando Botero Jr.”, señala.

El perfil de los buscadores de arte

El perfil de los buscadores de arte en la galería, no sólo son quienes están buscando una obra de un gran maestro latinoamericano, sino también clientes que a veces no tienen el capital para hacerse de una obra de cientos de miles o de millones de dólares, y que están dispuestos a invertir cinco o veinte mil

» El perfil de los buscadores de arte en la galería, no sólo son quienes buscan obras de un gran maestro latinoamericano, también clientes que a veces no tienen el capital de cientos de miles o de millones de dólares, y que están dispuestos a invertir cinco o veinte mil» — González Alanís.

Esta estrategia permite que comprar una pieza original de arte en esta galería no sea una meta imposible para los nuevos coleccionistas ni para el público que puede sentirse intimidado al llegar a una exposición y encontrar precios desorbitados: “Yo no usaría la palabra intimidante”, me aclara.

“La gente es curiosa, igual pregunta, igual disfruta una obra de un gran maestro, consulta los precios, que a veces son inalcanzables para cualquier persona. En cambio, al combinar un portafolio de artistas modernos con artistas contemporáneos, es más fácil iniciar una conversación con un nuevo coleccionista”.

Obra en Galería Duque Arango. Foto: Cortesía de la galería

Galería Duque Arango en Zona Maco

La Galería Duque Arango ha participado en Zona Maco desde 2019, y considera a este espacio como uno de los más importantes de América Latina. “Cada vez hacemos una selección más rigurosa, una curaduría más importante para nuestro booth en esta feria”, asegura.

«En cada edición nos exigen más y nosotros estamos encantados de que nos exijan a todas las galerías para que el evento siga en el nivel que siempre ha tenido. Por ejemplo, nos piden que llevemos obras de buen peso histórico, de buenos maestros, obras que no han sido exhibidas en otras ferias”.

En esta edición 2026, la galería presentó algunas obras del ícono mexicano Rufino Tamayo, una muestra del pintor cubano Wifredo Lam; dos piezas de los años 70 de la maestra colombiana del arte plástico Olga de Amaral y no podían faltar dos piezas de Botero.

Pero además, su presentación contempla obras contemporáneas de los cubanos Ariel Cabrera y Julio Larraz, trabajos que “conversan muy bien con el resto de la propuesta que llevamos”, subraya. 

De Alejandra Aristizábal a Leonora Carrington

Además de Zona Maco 2026 y de su participación en enero en ART SG (Singapur), este año la galería presentará más de ocho exposiciones. Entre ellas, la de una prometedora artista colombiana llamada Alejandra Aristizábal. La originaria de Manizales, Colombia, da vida a su obra con materiales naturales como el fique —una fibra parecida al agave—. “En la pasada feria Art Miami, en solo tres horas, se vendieron todas las piezas que llevábamos de ella”, nos cuenta.

Además de Aristizábal, la galería cuenta con obras variadas de diferentes épocas y tamaños: el dramatismo constructivista de David Manzur; el arte lúdico de Javier Caraballo; el surrealismo icónico de Leonora Carrington; piezas del cofundador de la Groupe de Recherche d’Art Visuel (GRAV), Julio Le Parc; el pop art de Álvaro Barrios y claro, del mencionado gran referente del arte colombiano, Fernando Botero. 

Los secretos de una galería para seleccionar a un artista nuevo

Sobre cómo el mercado puede condicionar la experimentación y el riesgo de incluir artistas nuevos en su catálogo, Duque explica: “Nos interesa mucho conocer primero que todo al artista como persona, entender su visión frente a su obra, su proyección y sus posibilidades de perdurar o desarrollarse”.

Borrar la frontera entre artesanía y arte mezcla estilos para crear nuevos significados.
Estructura en Rojo y Azul, Olga de Amaral 1971. Foto: Cortesía de la Galería

El desarrollo de un buen artista nuevo, asegura, se compone de tres elementos: la parte académica, el acompañamiento institucional y obviamente, el éxito comercial que tenga. “Y en ese ejercicio hemos tenido casos de éxito y casos de fracaso”, reconoce.

¿Cómo debe manejarse ser un artista emergente?

Para él, el artista emergente rebelde, desordenado y disruptivo, ya no encaja en el modelo actual, al menos para la galería: “La percepción del artista ha cambiado mucho. Digamos que en el siglo pasado era el loco, el que pensaba diferente, el que iba por el otro camino con una botella de vino y con un tabaco en su boca», segura.

«Pero hoy muchos artistas completos son empresarios, de alguna forma tienen que proteger su obra y su legado”, zanja.

El ascenso y la permanencia de Galería Duque Arango, de Colombia para el resto del mundo, es una prueba de que hoy por hoy, el arte latinoamericano es capaz de competir con obras de cualquier otra parte del planeta. “Hemos sido un continente golpeado por la violencia, por el narcotráfico, por malos políticos”, reflexiona, “por eso tenemos mucha historia que contarle al mundo a través del arte.

Somos una región que resiste, y contar esa historia y los casos de éxito que son parte de nuestro día a día, hacerlo nos otorga una fortaleza y una visión única en el arte en América Latina”.