El Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez, ubicado en Zacatecas, guarda una de las collecciones de arte más singulares de nuestro país.
Seis pilares de cantera enmarcan el portón de madera. Al entrar, nos cuesta creer que este museo albergara antes el Seminario Conciliar de la Purísima Concepción, luego un cuartel militar y finalmente una cárcel. El edificio que aloja el arte plástico más disruptivo hecho en el México del siglo XX, fue previamente un espacio de educación religiosa, de militarización y de castigo.
El museo se encuentra en el Centro Histórico de la capital. Zacatecas es una mancha rosa que brota de la región centro norte de México. La cantera domina el espacio y atrapa la mirada de los locales y los turistas. Las fachadas de los edificios históricos hacen gala de adornos tan complejos y retorcidos como una fantasía borgeana. La luz del sol se cuela entre los cerros que rodean la ciudad. El suelo que miramos es el efecto y combinación de esas piedras brutales y de la pedrera labrada que ha permanecido ahí durante siglos. El edificio, robusto, por fuera se asemeja a una fortaleza.

Manuel Felguérez, la vanguardia abstracta en México
Manuel Felguérez está en el corazón del arte y el pensamiento mexicano del siglo XX. En el sentido más banal y divertido, lo demuestran las fotografías en las que el artista posa, muy jovencito, junto al escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia. Ambos fueron boy scouts y ambos nacieron en 1928.
Nació en Valparaíso, Zacatecas. En París, de 1949 a 1950, fue discípulo de Ossip Zadkine, pintor y escultor ruso que combinó la tradición clásica con la fragmentación y la abstracción. Felguérez expuso por primera vez en 1958. A partir de ese momento, se consolidó como uno de los pioneros del arte abstracto en México. Recibió en vida numerosos reconocimientos y títulos honorarios. Fue Miembro de Número en la Academia de Artes en México y miembro del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

Zacatecas es un lugar increíblemente arraigado a su historia y sus tradiciones. Sin embargo, este zacatecano se convirtió en una de las voces vanguardistas más importantes de su tiempo.
Por rebelde y especializado que fuera, el arte para Manuel Felguérez no estaba reservado a las élites. En una entrevista de 1979 que le hizo la periodista y conductora de televisión Silvia Lemus, el maestro habló de la importancia de llevar el arte a la calle y sacarlo de sus típicos círculos de especialización. También era crucial, según decía, desmarcarlo de la lógica de la oferta y la demanda.
«Estas palabras, poner el arte a la calle, quieren decir darle un sentido público al arte. Es hacer que nuestro esfuerzo como artistas no se reduzca a las pocas personas con la capacidad económica de adquirir nuestra obra, sino que podamos hacer del arte un servicio social» — Manuel Felguérez
Manuel Felguérez murió en la Ciudad de México en el año 2020.
El Museo Manuel Felguérez: larga vida a la ruptura
El Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez se localiza en un edificio que se construyó en el siglo XIX. Actualmente, el inmueble alberga una muestra panorámica de la obra del pintor y escultor, así como de un interesante y abstracto conjunto de artistas, entre los que destacan Vicente Rojo, Fernando García Ponce, entre otros. El recinto cuenta con 15 salas cuyas paredes alojan tanto la colección permanente como otras colecciones temporales. Estas últimas reúnen a talentos nacionales y extranjeros qué se dedican también al arte abstracto.
El acervo del museo se compone de cuatro colecciones principales.
La colección antológica es un buen ejemplo del trabajo multifacético de Felguérez tanto en pintura como en escultura. En el Jardín de las Esculturas, una subsección de este apartado, el visitante observa algunas de las piezas que el artista realizó. También es posible acercarse a las series “Máquina Estética” y “Espacio Múltiple». Estas nacieron en los años setenta como resultado de los experimentos que Felguérez hizo con la computación como instrumento de diseño. Es posible considerar al maestro como uno de los primeros artistas digitales en México.

Más adelante, avanzado el recorrido, podemos contemplar la colección de La Ruptura. A mediados del siglo XX, un grupo de jóvenes artistas creó y difundió un nuevo lenguaje estético en México. Abandonaron el nacionalismo estético y voltearon la mirada a las vanguardias europeas de la época. Se les conoce como la Generación de la Ruptura, de la que sobresalen Lilia Carrillo, Vicente Rojo, Fernando García Ponce, Francisco Toledo, José Luis Cuevas y, por supuesto, Manuel Felguérez. El eje de su trabajo es la experimentación formal, la subjetividad y la abstracción. Con ellos, el muralismo cayó como la expresión primaria del arte mexicano. Esta colección muestra el trabajo de algunos de ellos.
Como continuación de esa libertad creativa, la colección colectiva muestra el trabajo de las generaciones que siguieron a La Ruptura, es decir, aquellos artistas que radicalizaron aún más la libertad y el juego creativo de sus hermanos mayores. La Generación en Divergencia nació entre 1935 y 1945. Entre sus filas, gracias a la experimentación como eje creativo, destacan Ilse Gradwohl, Irma Palacios, Susana Sierra y Arnaldo Coen.
Finalmente, los Murales de Osaka es quizá la colección más deseada por los visitantes. Se trata de 12 pinturas de gran tamaño que originalmente se exhibieron en el pabellón mexicano de la feria mundial de Osaka de 1970. El tema de la exposición fue el progreso y la armonía de la humanidad. El museógrafo Fernando Gamboa convocó a un grupo de jóvenes artistas a realizar las piezas. Los autores fueron Manuel Felguérez, Lilia Carrillo, Fernando García Ponce, Arnaldo Coen, Francisco Corzas, Roger von Gunten, Gilberto Aceves Navarro, Francisco Icaza, Brian Nissen, Vlady y Antoni Peyrí. Después de permanecer resguardados por el INBAL durante más de 40 años, las piezas se destinaron al acervo permanente del Museo Felguérez.

El contenido del Museo de Arte Abstracto es un punto de torsión y contraste con la tradición plástica mexicana del siglo XX. También con la propia ciudad de Zacatecas. El Centro Histórico, un complejo arquitectónico con varios siglos de antigüedad, rodea el núcleo donde habita el arte rebelde y rabioso que se levantó contra su propia historia inmediata.
Quizá el museo sea una metáfora del propio Manuel Felguérez.
Un seminario, un cuartel militar, una cárcel, un museo
La construcción del edificio inició en 1870. El inmueble fue destinado al Seminario Conciliar y Tridentino de La Purísima. Sus muros y estudiantes fueron testigos de más de 40 años de historia. Frente a sus ojos ocurrió la muerte de Benito Juárez, el ascenso y la caída del Porfiriato y la llegada de la Revolución.
El seminario operó hasta 1914, cuando fue capturado por tropas villistas durante la Toma de Zacatecas. Los estudiantes y los sacerdotes se quedaron en las calles. Entonces, el edificio se utilizó como un cuartel militar. Pronto dejó de usarse. Fue hasta 1964 cuando se inició la remodelación del antiguo seminario. El objetivo era construir una cárcel. En ese mismo año, Gustavo Díaz Ordaz asumió la presidencia de México. Ese mandatario, para quien el sistema penitenciario sería tan importante, fue quien reprimió el movimiento estudiantil de 1968 y quien se declaró responsable de los hechos del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas. El edificio funcionó como prisión hasta 1995.
En 1997, el gobierno local invitó a Felguérez a crear un museo con su obra, que ya entonces se había consagrado como parte del canon de las artes plásticas en México. En 1998, cuando faltaban dos años para la caída del partido hegemónico, el Museo de Arte Abstracto abrió sus puertas.

La historia de ese edificio condensa la del México moderno, como un espacio liminal: un escenario religioso con un gran poder político, que después se derrumba; una rebelión que dinamita el orden vigente de fuerzas y que, finalmente, se abandona a sí misma; una revolución que se convierte en un partido único y que ama las cárceles; y en el arte, una supuesta transición democrática que canoniza a los que alguna vez se rebelaron contra las élites y los mercados. Es posible que, con el museo, Manuel Felguérez haya cumplido su deseo de democratizar el arte. Nosotros deberíamos pensarlo más detenidamente.
Al salir
Cuando el visitante deja el museo, lo primero que ve es la Plazuela 450, un espacio rodeado de arcos en el que algunos niños juegan futbol. También hay perros callejeros.
La preservación del Centro Histórico de Zacatecas lo hace parecer un lugar congelado en el tiempo. Pero lo cierto es que aquí también han pasado los siglos. El edificio es un testigo mudo.
¿Qué tanto se parece ese legado artístico a un grupo de jóvenes seminaristas, a los soldados en entrenamiento, a los presos del régimen?
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