¿Cómo fue el robo al Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México en 1985?

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El Museo Nacional de Antropología es uno de los recintos culturales más importantes de México y del mundo. Ya pasaron 40 años del robo del siglo, cometido en la Navidad de 1985.

Robo Museo Nacional de Antropología: En las salas del MNA se conserva y exhibe la herencia material y simbólica de las civilizaciones que habitaban el territorio mexicano antes de la llegada de los españoles. Recientemente se cumplieron 40 años del episodio que marcó su historia: el robo cometido en la madrugada de Navidad de 1985, cuando dos estudiantes entraron al museo y sustrajeron más de 100 piezas arqueológicas

Quienes hoy lo visitan no sólo pueden apreciar el legado cultural de esos pueblos, sino también pisar la escena de un crimen. Desconocemos todavía el motivo último del robo, sin embargo, el acontecimiento revela mucho sobre la relación que los mexicanos sostenemos con nuestra historia.

Cabeza de Quetzalcóatl en la Sala Teotihuacán, Museo Nacional de Antropología. Foto: Armando Navarro.

Tláloc: el monolito despojado de Coatlinchán

Aunque suele pensarse como una institución moderna, el Museo Nacional de Antropología es heredero de una tradición museística que se remonta al siglo XIX. Las primeras colecciones arqueológicas mexicanas se organizaron después de la Independencia, con el objetivo de reunir y explicar un pasado común. 

El primer antecesor del MNA fue el Museo Nacional, se fundó en 1825 y se localizó en la Real y Pontificia Universidad de México. En 1866, las colecciones del museo se trasladaron a la Casa de la Moneda, junto al Palacio Nacional, por iniciativa de Maximiliano de Habsburgo.

El museo que conocemos hoy tiene su origen en los primeros años 60 del siglo XX. La historia comienza con el traslado forzado del monolito de Tláloc desde San Miguel Coatlinchán, en el municipio de Texcoco, Estado de México. Los pobladores se negaban a la remoción de la estatua, que fue retirada de todas formas. Esto costó, incluso, roces con el Ejército. El despojo puede leerse como una forma temprana de robo, pero legitimado por el Estado.

Monolito de Tláloc, afuera del Museo Nacional de Antropología. Foto: Armando Navarro

El edificio fue inaugurado en 1964, en un acto que simbolizó la modernidad cultural del país. El proyecto estuvo encabezado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, arquitecto, urbanista y diseñador mexicano. Ramírez Vázquez es el responsable de emblemas como el Estadio Azteca, la Basílica de Guadalupe y el logotipo de Televisa.

El proyecto contó con el respaldo total del gobierno de Adolfo López Mateos. La apertura del museo generó un enorme revuelo: era la promesa de un espacio capaz de condensar miles de años de historia en un relato ordenado y monumental. Para muchos mexicanos, el museo se convirtió de inmediato en motivo de orgullo y fascinación.

Físicamente, el recinto se organiza en dos grandes alas. En el lado norte se despliega una narración cronológica del mundo mesoamericano, desde los primeros asentamientos hasta la sala mexica. El ala sur presenta los desarrollos regionales de Mesoamérica y las salas de etnografía. Al centro del museo, se localiza el icónico paraguas, que cubre una superficie de 54 por 84 metros.

El MNA es una parada obligatoria en los viajes culturales de la Ciudad de México.

¿Cómo fue el crimen conocido como el robo del siglo?

El robo de 1985 ocurrió en una ciudad herida. El terremoto del 19 de septiembre de ese año había provocado miles de muertes y dejado al descubierto la fragilidad y la arrogancia de las instituciones públicas. La respuesta del Estado fue lenta, titubeante, y la confianza en él quedó seriamente dañada. En ese contexto de duelo y desorden, el asalto al Museo Nacional de Antropología apareció como un golpe simbólico adicional, casi una profanación.

«El daño que estamos viviendo nunca se había experimentado en la historia de los museos de México»— Enrique Florescano, entonces director del INAH

En la madrugada del 25 de diciembre, dos estudiantes de Veterinaria de la UNAM ingresaron al museo. Sus nombres eran Carlos Perches y Ramón Sardina, tenían 21 años de edad. Los ladrones hechizos aprovecharon las fallas de seguridad, que habían estudiado durante 6 meses antes del robo. Saltaron la reja, cruzaron los jardines y accedieron a las salas por los ductos de aire acondicionado.

Desde la 1 hasta las 4 de la madrugada, recorrieron salas mayas, mexicas y mixtecas, profanando las vitrinas y seleccionando las piezas con calma. Les bastaron 3 horas. Los vigilantes estaban celebrando la Navidad. Los estudiantes llevaron el botín a la casa de Carlos Perches, en Ciudad Satélite.

Periódicos publican la noticia del robo al MNA, en diciembre de 1985.

Pronto les quedó claro que las piezas robadas eran prácticamente imposibles de vender. Su fama y su valor simbólico las hacían reconocibles en cualquier parte del mundo. Aun así, el Estado desplegó operativos en carreteras, aeropuertos y fronteras para evitar que salieran del país. La imagen del gobierno estaba en juego, no quería repetir la pasividad mostrada en el sismo de septiembre.

Después del robo, Perches se refugió en Acapulco, donde estableció vínculos con algunos narcotraficantes y se involucró en el negocio de estupefacientes. Intentó usar algunas piezas como moneda de cambio, se dice que para obtener cocaína. Salvador Gutiérrez, “El Cabo”, era un narcotraficante que fue capturado en 1989, en Guadalajara. Para reducir su condena, declaró a las autoridades que conocía al autor material e intelectual del crimen.

Carlos Perches fue aprehendido también en 1989. La mayoría de las piezas fueron recuperadas en la casa de su familia, en Ciudad Satélite. Estaban en el armario, en una maleta deportiva. Su cómplice, Ramón Sardina, logró huir y permanece prófugo.

La devolución del botín fue anunciada en un acto público encabezado por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, en una ceremonia que buscó cerrar el episodio y restituir el orden simbólico quebrado cuatro años antes.

Simon Russell Beale, Gael García Bernal y Leonardo Ortizgris en «Museo», película dirigida por Alonso Ruizpalacios.

El Museo Nacional de Antropología: el legado cultural y la escena del crimen

El robo al museo y el despojo del monolito de Coatlinchán revelan una constante: el Estado mexicano prefiere narrar la historia, no precisamente cuidarla. Frente al sismo y el crimen, priorizó el control del relato antes que una reflexión profunda sobre el cuidado material de la gente o del patrimonio. Todo archivo es vulnerable: Tláloc fue deslocalizado y las piezas arqueológicas, arrancadas de su contexto protector.

Una mujer disfruta del Museo Nacional de Antropología. Foto: Armando Navarro

Para el visitante contemporáneo, el Museo Nacional de Antropología ofrece una experiencia doble. Se recorren las salas del legado cultural prehispánico, pero también se camina por la escena de un crimen que puso en evidencia las fisuras de nuestra relación con el pasado.

Al salir del museo, el viajero cultural puede caminar por el Bosque de Chapultepec o caminar sobre la avenida Reforma, donde encontrará una oferta amplia de restaurantes para comer.

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Armando Navarro
Armando Navarro
Armando Navarro / redactor y articulista. Licenciado en Letras Iberoamericanas por la Universidad del Claustro de Sor Juana y maestro en Teoría Crítica por el 17, Instituto de Estudios Críticos. Ha colaborado en medios como la Revista Tierra Adentro, la Gaceta del Fondo de Cultura Económica, la Revista de la Universidad de México y las plataformas digitales de N+. Escritor, cineasta experimental, padre y chef personal de un niño de cuatro años al que no le gusta el queso.

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