El arte digital e inteligencia artificial como creadora de mundos estéticos define la práctica de Felipe Sepúlveda, conocido como Alfacenttauri, artista chileno que concibe la tecnología no solo como herramienta, sino como un campo estético y político desde el cual se producen nuevas formas de experiencia, sentido y circulación cultural.
Su taller es una computadora, su estudio, un iPad e Instagram su galería de confianza. Felipe Sepúlveda —conocido como Alfacenttauri— concibe la tecnología no solo como una herramienta, sino como un campo estético y político desde el cual se producen experiencia, sentido y circulación cultural. ¿Una extensión prostética capaz de articular la realidad? Sí, pero “junto a la voluntad humana” —aclara como para dejar constancia de que no es un robot—.
Alfacenttauri y la tecnología concebida como un campo estético
El trabajo de este joven artista e investigador chileno, radicado en Santiago y oriundo de Concepción —a unos 500 kilómetros de la capital—, se despliega entre diversas disciplinas, aunque se organiza principalmente en torno a la tecnología concebida como un campo estético. Internet y la inteligencia artificial operan en ese sentido, como territorios centrales de experiencia sensible, producción simbólica y circulación cultural.

Desde la creación de ecosistemas digitales hasta la construcción de piezas de carácter fantástico, Alfacenttauri recurre a la manipulación de procesos computacionales y herramientas 3D no solo como elementos técnicos, sino como detonantes conceptuales. Su obra propone una mirada crítica sobre futuros atravesados por la crisis, al tiempo que cuestiona nuevas formas de convivencia entre naturaleza, tecnología y mundos aún desconocidos.
Arte digital e inteligencia artificial: los inicios de una práctica experimental
“Empecé con la inteligencia artificial cuando era una herramienta rudimentaria y compleja incluso en términos visuales. No era como hoy, que uno habla con un chat, escribe un prompt y obtiene una imagen. Había que trabajarla, interactuar constantemente con distintas aplicaciones que, sobre todo, generaban errores y distorsión”, comenta. Y ahí reside parte del encanto de su obra.
En ese período, programas como GauGAN —capaz de traducir un dibujo simple en una imagen— o StyleGAN —orientado a la generación de imágenes realistas desde cero— funcionaban casi lúdicamente. Las muestras, más cercanas a la experimentación que a la automatización. En 2019, ese proceso aún parecía una suerte de magia digital.
A partir de esa experiencia, su producción comenzó a orientarse hacia una visión más experimental del arte digital, “con el objetivo explícito de construir una estética propia y no unidimensional”, afirma.

El maximalismo como postura política y estética
Para afianzar esa identidad, el artista —que recientemente cumplió 25 años— optó por el maximalismo. “En este momento que estamos viviendo, ya dejando atrás la postpandemia, el maximalismo responde a una necesidad. Me interesa esta sobresaturación estética donde cada forma está trabajada al detalle y cada obra contiene múltiples capas de información, susceptibles de ser leídas desde distintos ángulos”.
En una de sus piezas más representativas, un organismo híbrido —mitad insecto, mitad arquitectura— se despliega sobre un fondo saturado de verdes ácidos y azules metálicos. Las superficies parecen húmedas, casi orgánicas, como si estuvieran en proceso de mutación permanente.
No hay un punto focal único: la mirada del espectador se ve obligada a recorrer la imagen en múltiples direcciones, enfrentándose a una acumulación abrumadora de detalles.
Alfacenttauri y la naturaleza artificial
Aunque la naturaleza ocupa un lugar central en su imaginario, su campo de referencias se nutre de un archivo personal que incluye piezas arqueológicas, paisajes, arte prehispánico, videojuegos y cultura visual digital.
En un ecosistema digital ya marcado por la sobreproducción visual y la economía de la atención, cabe preguntarse si el maximalismo opera como resistencia crítica o si corre el riesgo de mimetizarse con la lógica de saturación que el propio sistema impone.
Desde temprana edad, su relación con internet —a través de plataformas como Tumblr, Pinterest o DeviantArt— ha sido determinante para desarrollar una sensibilidad orientada a la observación, la acumulación y la circulación de fotografías digitales.
En su producción artística destacan especialmente las piezas vinculadas al mundo de los insectos y a la naturaleza, abordadas desde una perspectiva autoral.
«El universo que he construido funciona casi como un archivo, un documento antropológico de mi vida, de mi urgencia por imaginar una salida que canalice la angustia y la presión emocional»—Alfacenttauri
No es casual que, en sus influencias, figuran —junto a referencias musicales y visuales como Björk— nombres como Ursula K. Le Guin, Jeff VanderMeer y Octavia Butler, cuyas obras literarias exploran críticamente la sociedad, la política, la identidad y la ecología.
Aunque su hábitat principal es internet, su trabajo ha trascendido lo digital y las fronteras de Chile. Ha exhibido en la galería Public Works Administration, ubicada en Times Square, Nueva York.
Arte e IA en el espacio público
En 2023 desarrolló obra visual para el desfile En mi memoria de la diseñadora Mima Zamall, presentado en Viste la Calle, realizó el artwork para el lanzamiento CI x HKCR. Además, diseñó el flyer digital para el evento Favela Clash, consolidando cruces entre arte digital, moda y cultura urbana.
Ese mismo año y en los posteriores, su trabajo comenzó a ocupar el espacio público de forma más directa. Participó en Cosmogonía, exposición realizada en Santiago de Chile y curada por M21, y se presentó en Pupila Dilatada, muestra realizada en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, Brasil.

En 2024, su trabajo formó parte del Festival Urbano de Arte Digital MMMAD, en Madrid, junto al Creative Campus de la Universidad Europea, y participó en Mundos (Im)posibles, proyecto presentado en Tangent Projects, Barcelona, y curado por Felipe Román.
El debate ético sobre la IA en el arte
Recientemente, el artista impulsó Centtauri Institute, una plataforma curatorial y de investigación desde la cual entrevista a artistas, curadores y creativos afines a su proyecto. En relación con el debate sobre la inteligencia artificial aplicada al arte, concluye que hay un debate de por medio.
“Es necesario discutir los límites éticos, pero sin la intervención humana esa tecnología pierde una dimensión esencial de la práctica artística: la capacidad de experimentar, transformarse e innovar”.
En ese sentido, Nayat Sánchez-Pi, directora de Inria Chile —Institut National de Recherche en Informatique et en Automatique— opina en el artículo Inteligencia artificial y arte: ¿un nuevo renacimiento creativo?, publicado en 2024: “La inteligencia artificial no solo está transformando la manera en que los artistas crean, sino que también abre la posibilidad de nuevos movimientos artísticos aún desconocidos, redefiniendo constantemente qué entendemos por arte en cada época”.
Centtauri Institute: Chile y la IA en el arte
Además de continuar desarrollando Centtauri Institute, planea este 2026 mostrar sus nuevas obras de manera más selectiva, priorizando el diálogo con curadores con los que ya mantiene vínculos. Más que integrarse a residencias o exposiciones colectivas, su interés está puesto en consolidar un proyecto propio.
En ese orden, trabaja en la creación de un espacio independiente en Chile, desarrollado a través de fondos culturales y financiamiento externo. “En este punto no se trata tanto de participar, sino de construir algo propio para la creación”.
