El temible cardiazol y las terapias de choque fueron, para bien o para mal, las musas de la pieza inédita de Leonora Carrington, que acaba de ver la luz tras más de ocho décadas de haber sido creada en una situación inusual. Leonora Carrington realizó Villa Pilar en 1940, en un complicado momento, en medio de su internación en un hospital psiquiátrico.
La obra perdida de Carrington
En su momento, la curadora Vanessa Boni emprendió la búsqueda de las piezas realizadas por Carrington durante su internación para la exposición Leonora Carrington: The Symptomatic Surreal. Sin embargo, Villa Pilar —una de apenas dos pinturas que la artista produjo en Peña Castillo— seguía sin aparecer. Esa ausencia convirtió a la obra en una suerte de legendaria pieza fantasma dentro de la producción de aquel periodo.

La pieza reapareció en España como propiedad de la familia del psiquiatra que tuvo bajo tratamiento a Carrington en esos años. El Freud Museum de Londres exhibirá la obra por primera vez ante el público como parte de la esperada muestra Leonora Carrington: The Symptomatic Surreal, dedicada a las obras que la artista creó durante los seis meses que permaneció internada en un hospital psiquiátrico español antes de escapar y refugiarse en México.
El arte nacido de la crisis
Y si los fantasmas del lugar están presentes ahí, también las cicatrices de la guerra. Los nazis arrestaron a Max Ernst, la pareja de la artista, dejándola a la deriva en medio del conflicto bélico. Carrington llegó en 1940 al sanatorio Peña Castillo de Luis Morales, en las afueras de Santander, poco después de escapar de la Francia ocupada por los nazis. Allí, Morales la sometió a terapias de choque y, al mismo tiempo, le recomendó seguir dibujando. De esa contradicción —entre el tratamiento que la mantenía en un estado de profunda alteración y el impulso creativo que nunca abandonó— surgiría parte del universo simbólico que hoy puede verse en obras como Villa Pilar.
El colapso nervioso que la tenía al borde, sumado a las agresivas terapias —hoy prohibidas médicamente—, la mantuvo en un estado de disociación, pero también fue el detonante de esta serie de piezas concebidas desde el abismo emocional.

Un picnic en el inframundo
¿Se puede ser más surrealista? Villa Pilar pertenece a ese universo onírico, aunque más bien al reino de las pesadillas.
Estilísticamente, el cuadro perdido muestra la imaginería clásica de la pintora: influencias celtas, animales antropomórficos con pechos, recostados en un paisaje lleno de verdor, en un momento del día que no se distingue si es el ocaso o el amanecer, como preparando un picnic en el inframundo. Es decir, en la mente de Carrington agobiada por las medicinas y el aislamiento.
Su libro autobiográfico Memorias de abajo relata cómo Carrington logró salir de ese estado, mental y físicamente, para instalarse en México, donde se casó con el escritor y diplomático mexicano Renato Leduc —un matrimonio por conveniencia, se dice— y se nacionalizó.
La historia de Villa Pilar también es la de una obra que pasó décadas en las sombras. Tras abandonar España, Carrington entregó los cuadernos de bocetos realizados durante su internación, al galerista Julien Levy, en el año que pasó en Nueva York antes de instalarse definitivamente en México.
Una pintura desaparecida durante décadas
Él conservó ese material hasta su muerte a principios de los años 80. Décadas más tarde, en una subasta realizada en 2004, varias de las obras creadas por la artista durante su paso por el centro psiquiátrico fueron adquiridas por compradores privados, contribuyendo a dispersar una serie que permaneció prácticamente oculta durante todos estos años.
Hoy, todo vuelve a reunirse en torno a una obra que permite observar cómo la experiencia mental extrema terminó por entrelazarse con el proceso creativo. No es gratuito que la propia artista describiera el internado, en algún momento, como una suerte de más allá.
La muestra abrirá con esta incorporación a partir del 1 de julio. Los organizadores ampliaron el cierre de la muestra del 28 de junio al 10 de agosto, para celebrar la reaparición de la obra. El cuadro continúa en manos de la familia de Luis Morales, que lo ha cedido temporalmente tanto al Faro Santander como al museo londinense.

Para los organizadores de la muestra, este descubrimiento y exhibición permite contemplar la etapa de Santander de la artista, no solo como un episodio más de su biografía.
Sino además como un momento crucial en el desarrollo artístico de Carrington, cuyos temas y símbolos generados por el trauma y el tratamiento agresivo y entonces experimental, se verían reflejados a lo largo de sus posteriores trabajos.
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