Sin duda, la Casa Guillermo Tovar de Teresa, casona porfiriana ubicada en el corazón de la colonia Roma, es uno de los puntos más visitados de la Ciudad de México.

Un vestigio vivo del Porfiriato
Este lugar destaca al mismo tiempo como pieza de arquitectura y museo de antigüedades. Los muros y su fachada son un vestigio vivo del Porfiriato y su tentativa de modernidad.
Rescatada primero por el propio Guillermo Tovar de Teresa y luego adquirida por la Fundación Carlos Slim, la casa se ha convertido en una de las principales rutas de arte de la capital. Sin embargo, también es el testimonio físico de un hombre que, como pocos, conoció la historia de su país.

Pero…¿quién era el enfant terrible de la historia y el arte en México?
En la moderna colonia Roma, una típica casa porfiriana de fachada de 1910, adquirida por Guillermo Tovar de Teresa en 1995, se convirtió en su hogar hasta 2013
Según datan los registros, Guillermo Tovar de Teresa (1956–2013) fue un historiador y cronista mexicano. Fue dueño de una precocidad intelectual notable.
Tenía siete años cuando recibió del presidente Adolfo López Mateos, una medalla por su dedicación al estudio de la historia y el arte en México. A los once fue invitado por Jorge Gurría Lacroix a colaborar en el Instituto Nacional de Antropología e Historia. A los trece fungió como consejero artístico de Gustavo Díaz Ordaz. A los catorce impartía conferencias en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

Cuando tenía 23 años publicó Pintura y escultura del Renacimiento en México, el primer título de una obra que superó los treinta libros dedicados al arte y la historia del país.
Murió en noviembre de 2013, a los 57 años de edad.
Solemos concebir el trabajo de los historiadores como el de observadores puros. No obstante, y en el caso específico de Tovar de Teresa, la casa que rescató puede ser concebida como un trabajo creativo y un espejo de su propia mirada sobre México.
La casa: un testigo del Porfiriato en la Ciudad de México
Bajo el régimen del Porfiriato, la Ciudad de México (o una parte de ella) vivió un periodo de modernización marcado por el afrancesamiento. Cierta influencia de París se materializó en edificios que hoy son icónicos y en una nueva concepción de la vida burguesa que transformó zonas enteras.
Definitivamente, la arquitectura buscaba mezclar la modernidad técnica y el refinamiento europeo. Aquí se inscribe la Casa Guillermo Tovar de Teresa, que fue construida alrededor de 1910. Cuenta con un terreno de 600 metros cuadrados y más de 900 de construcción.
Su fachada se atribuye al ingeniero Gustavo Peñasco, personaje importante del último periodo porfiriano, mientras que el diseño interior corresponde al arquitecto Manuel Francisco Álvarez.

Por otro lado, la distribución es una muestra de la arquitectura residencial de la época: un vestíbulo presidido por un espejo veneciano de 1817 elaborado en Puebla, un pasillo ajedrezado, un jardín victoriano. Cada parte de la casa está adornada con mobiliario del cambio de siglo.
¿Cómo vive un historiador que ha decidido convertirse en testigo del México moderno?
Nuestro personaje adquirió la casa en 1995. El lugar estaba prácticamente en ruinas. Por lo tanto, el historiador inició un proceso de restauración profunda: modernizó las instalaciones eléctricas y sanitarias, derrumbó algunos muros para mejorar la luz natural, construyó su propia biblioteca. El trabajo no se redujo a la restauración del inmueble, sino que interpretó el espíritu de la época y lo inyectó nuevamente a esos muros.

Vista como un museo, la casa despliega una colección y una arquitectura impresionantes. Sin embargo, cuando imaginamos la vida diaria entre esos pasillos afrancesados, podemos percibir también el calor de un hogar: hay una sala donde uno podría conversar con los amigos, una habitación en la que es posible descansar y un pequeño estudio que cualquiera desearía como laboratorio intelectual.
La Casa Tovar hoy
Tras su muerte, la familia inició el inventario de la colección. Finalmente, la Fundación Carlos Slim adquirió la casa junto con el acervo completo.

A partir de diciembre de 2019, el espacio funciona ahora como una de las tres sedes del Museo Soumaya. Hoy, quienes la visitan pueden recorrer un acervo lleno de pinturas, esculturas, grabados, fotografías inéditas, muebles antiguos, tapices, vajillas extranjeras y una biblioteca de veinte mil volúmenes.
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