Autorretrato de Azz Rodríguez envuelta en plástico translúcido que cubre parcialmente su rostro, iluminada por una luz cálida.

Azz Rodríguez: el autorretrato como terapia

Alejandro Mancilla Autor: Alejandro Mancilla Fecha:

En la víspera de su mudanza a España en busca de nuevos horizontes, platicamos con la artista y fotógrafa multidisciplinaria Azz Rodríguez. Originaria de Chiapas, pero residente durante muchos años en Puebla, Azz ha hecho del autorretrato una de las líneas centrales de su trabajo. Es una bitácora personal, pero también una herramienta de autoconocimiento que combina con su faceta de arteterapeuta.

Para Azz Rodríguez, el autorretrato funciona como una bitácora personal y una herramienta de autoconocimiento. Foto: Cortesía de Azz Rodríguez.

¿Las sincronías que encuentras en la vida las aplicas también en el arte?

Todo, absolutamente todo. Hay que ver la vida de forma integral. Comprender que todo está conectado, incluso el arte con tu cotidianidad. No importa a qué nos dediquemos como artistas o qué disciplina hagamos, al final termina siendo una extensión de uno mismo.

Has destacado en el autorretrato, ¿me cuentas un poco sobre esos procesos?

Mucha gente me conoce por esa línea, por mis proyectos enfocados en el autorretrato, pero yo siempre digo que, al final, todo lo que hacemos, aunque no sea literalmente autorretrato, en realidad lo es. Y finalmente lo que tú haces como artista termina siendo una extensión de quién eres, de lo que traes dentro, de lo que te mueve, de los temas que abordas.

Azz Rodríguez sentada en el suelo frente a varias fotografías de gran formato pertenecientes a su obra de autorretrato.
Azz Rodríguez ha hecho de su propia imagen el punto de partida de una práctica que cruza fotografía, cuerpo y exploración personal. Foto: Cortesía de Azz Rodríguez.

¿Es catártico? ¿Cuál es tu proceso en ese sentido?

Comenzó por un diálogo que tuve con mi madre. Ahí como que me empezó a dar miedo envejecer. Tiene que ver con Dorian Gray, de Oscar Wilde, donde se supone que este joven, que se sentía bello, quería ser eternamente joven y bello. Le pintan un cuadro y se hace un hechizo donde el cuadro era el que envejecía y él era eternamente bello.

En mi caso, digamos que lo hice a la inversa. Pensé que no podía inmortalizarme eternamente joven, pero lo que sí podía hacer era ir retratándome con el paso del tiempo. Así, conforme fue pasando el tiempo, me fui enamorando del autorretrato y viéndolo como una herramienta de autoconocimiento y de empoderamiento. Yo siempre veo el autorretrato como una bitácora, como un diario visual que voy haciendo. El autorretrato, además de un diario visual, se ha convertido en una especie de terapia.

Autorretrato de Azz Rodríguez de espaldas, con la cabeza cubierta por un objeto circular bordado con motivos florales y una tela roja alrededor del cuello.
Cubrir el rostro con objetos cotidianos se convirtió en uno de los recursos de la serie Resiliencia, creada durante la pandemia. Foto: Cortesía de Azz Rodríguez.

¿Tienes algún ritual a la hora de pintar, de tomar una decisión creativa?

Yo acostumbro mucho hacer mis propios rituales para conectar con esa libertad creativa, con esa creatividad que no es física. Yo siempre lo digo: la creatividad es espiritual, es energética, porque de algo que está aquí, en el aire, tú vienes, lo piensas, lo sientes y lo empiezas. Para mí eso es la creatividad.

El resultado es la pieza que tú ya ves en una exposición, pero para llegar a eso el artista tuvo todo un proceso catártico, muchas veces terapéutico, donde entran estas luces, sombras, la vulnerabilidad. Yo siempre lo digo como psicóloga que también soy: háganse amigos de la vulnerabilidad. Ahí están tus sentidos a flor de piel y ahí puedes hacer cosas maravillosas en cuanto a arte.

Más allá de los autorretratos, ¿qué temas te faltan por explorar?

De pronto vemos muchos temas que son necesarios, no los minimizo: guerras, muertes, caos, caos, caos, pero yo me voy mucho por el otro lado, el terapéutico, el de ayudarme a mí y ayudar a otros, y el lado de la diversión. Como seres humanos, los adultos vamos perdiendo esa capacidad de divertirnos, de asombro. Nos volvemos demasiado aburridos y serios hasta con el arte.

Y digo: a ver, espérame, también esto que estoy haciendo es arte, me estoy divirtiendo. Creo que eso es parte de mi terapia: también en el arte podemos divertirnos. No tiene que ser todo caótico ni dramático.

El cuerpo y los elementos naturales forman parte del universo visual con el que Azz Rodríguez explora el autorretrato. Foto: Cortesía de Azz Rodríguez.

¿Existe el autorretrato perfecto?

No me interesa que hagan el autorretrato perfecto, con la técnica perfecta y que esté bellísimamente perfecto. Claro que siempre buscamos la estética, a todos nos gusta ver algo estético, pero más que eso es que se vea la honestidad. Y se ve, se ve la honestidad de lo que estás haciendo. No es nada más la pose de “quiero verme bella”; es ir más allá.

En mis talleres algunas veces me ha tocado gente que va y me dice: “Yo pensé que ibas a enseñar a tomarme fotos bonitas”. Pues qué crees: no. Yo lo que te voy a llevar es a un viaje interior por medio del arte, por medio del cuerpo, por medio de la fotografía.

¿En qué consiste tu papel como arteterapeuta?

Esta formación es terapia transpersonal con el arte. Es una rama de la psicología, la psicología transpersonal, y una de sus bases es la meditación. Para mí la meditación es parte esencial de mi vida diaria y la enseño mucho también.

En la arteterapia, lo que hago como facilitadora, como arteterapeuta, es una serie de ejercicios de introspección donde trato de que las personas entren a un estado de mirarse a sí mismas, de reconocer cuáles son las emociones que están transitando, cómo se sienten. A través de meditaciones guiadas, de ejercicios corporales, entras a una conexión contigo mismo.

Autorretrato de Azz Rodríguez con el rostro completamente cubierto por su cabello y una planta de hojas verdes, frente a un fondo gris.
En Resiliencia, Rodríguez juega con plantas y objetos domésticos para ocultar el rostro y transformar su propia imagen. Foto: Cortesía de Azz Rodríguez.

Mencionaste que cada obra es un autorretrato. Tú, como psicóloga, ¿puedes ver la obra de un artista y entender algo de su personalidad o hacer un perfil de quien la creó?

Muchas veces estás creando desde lo que te duele. Y también está la otra parte. Generalmente hay una tendencia a irte hacia lo que duele, hacia el caos, hacia esta parte más oscura que todos tenemos. Eso lo están explorando muchos artistas y galerías.

En la serie Resiliencia apareces siempre con el rostro cubierto. ¿Cómo surgió?

En mi encierro empecé a ver los objetos de mi casa como posibilidades fuera de aquello para lo que fueron hechos. Un poco como esa niña que está en su casa encerrada y empieza a ver que una caja la puede usar para jugar, que una lámpara se la puede poner en la cabeza.

Jugando con los objetos de mi casa, pero también partiendo de que estábamos en pandemia, con mucho respeto, sin minimizar lo que estaba sucediendo afuera, era: bueno, pues me están pidiendo que me tape la cara para no enfermarme, me la tapo con lo que sea.

Entonces empecé a jugar mucho con eso de taparme la cara. Es una serie donde en todas salgo con la cara tapada con algún objeto, con mi pelo, con plantas.

Descubre más temas y entrevistas sobre artistas iberoamericanas en AW Magazine.

Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla

Alejandro Mancilla/ Jefe de Redacción. Ha escrito en Vanity Fair, GQ, Travesías, Vice, AD Architectural Digest, Marvin, Vogue, Nexos y Playboy, entre otros; fue editor en Círculo Mixup y Televisa; es autor del libro de ensayos [de]generación de cristal. Es fan de los Cocteau Twins y cuando no escribe, es DJ y productor. No le gusta el karaoke.