Corvus Blanc se llama una nueva galería de arte contemporáneo establecida en el Barrio de las Letras de Madrid, en un espacio del siglo XVII dentro de un convento de clausura activo.
Corvus Blanclo: Lo inusual y lo excepcional
El lugar resignifica su pasado para abrirlo a la modernidad, reuniendo a artistas emergentes y de media carrera que exploran distintas perspectivas. Su nombre, “cuervo blanco”, alude a lo inusual y excepcional: aquello que destaca por ser diferente.

Recientemente, la galería exhibió EKDYSIS, una muestra centrada en el cuerpo, la identidad y la transformación. La exposición presentó por primera vez en España el trabajo de Cecilia Villaverde (Ciudad de México, 1991) y Natacha Voliakovsky (Buenos Aires, 1988). Platicamos con las argentinas radicadas en España, Sofía Festa, directora, y Yair Chevalier, directora y fundadora de Corvus Blanc y también artista plástica.
¿Qué tan representativa para ustedes ha sido EKDYSIS?
Sofía: Mucho, ya que fue una muestra de hacia dónde queremos llevar nuestra misión en la galería.
Yair: Ya habíamos hecho una exposición previa en noviembre del año pasado, pero había sido una colaboración con un galerista de Madrid y con un artista argentino. Esta es la primera muestra que llevaba nuestra identidad, que apuntó a dónde queremos ir, qué queremos mostrar y qué tipo de artistas queremos.

Me imagino que es difícil o desafiante la primera muestra
Sofía: Exacto. Por eso queríamos abrir así, marcar una postura. Después, como toda galería, tenemos que ir dialogando con distintos públicos. La próxima muestra será de un pintor argentino que se llama Juan Becú, en conjunto con la Embajada Argentina.
Yair: Sabíamos que esta muestra no era una apuesta segura. Pero era lo que queríamos. Podríamos haber empezado con algo más accesible o conservador, pero no hubiera sido algo fiel a nuestra misión.
La galería está en un convento y eso le da cierta particularidad
Yair: Sí, estamos en un convento de monjas de clausura. Nos rentan un torreón que la verdad, nos costó bastante remodelar y dejar a punto para que funcionara como galería y poder exhibir obra ahí. El espacio fue fundado como el monasterio de San Ildefonso y San Mateo. Ahora se lo conoce como el convento de las monjas trinitarias descalzas.

Sofía: Es un edificio considerado patrimonio histórico en España; ¡aquí está enterrado Cervantes!. El piso de abajo tiene las paredes originales de 1612, cuando se inauguró el convento. A Yair le pareció muy interesante el contraste entre la historia del edificio y el arte contemporáneo.
Yair: Con todo lo que representa un lugar así —la religión, las ideas conservadoras, la tradición— y llegar a colgar arte contemporáneo y conceptos abiertos ahí, de algún modo es como rediseñar la historia del lugar.
Es simbólico y de algún modo, se apropiaron de un espacio donde hubo represión.
Yair: Totalmente. Este lugar tiene mucha historia; pasaron muchas cosas durante la Guerra Civil en España. Algunos de sus espacios fueron mazmorras en la época de Franco. El lugar sigue activo. Nosotras le pagamos la renta a las monjas que están enclaustradas, pero poco a poco les hemos preguntado sobre la historia del lugar.
¿Y qué piensan las monjas de ver obras como las de Natacha, que son provocativas?
Sofía: No las han visto. Están en clausura, no pueden salir a ver la galería. Honestamente, no creo que se trate de que lo aprueben o no, de hecho probablemente no lo comprendan desde sus referencias.
Yair: Sus referencias son otras. Tienen experiencias de vida completamente diferentes. Desde muy jóvenes están dedicadas a la vida religiosa dentro del convento. Creo que no ven el mundo como lo vemos ahora, ni comparten nuestra experiencia actual como mujeres. Si vieran la obra de Natacha, su performance femenino, no sé cómo podrían interpretarla.

¿Cómo encajan estas artistas con la identidad de la galería?
Sofía: El texto curatorial partió del concepto de ekdysis, que es el proceso mediante el cual algunos animales mudan la piel y se transforman. En esa idea de cambio y reinvención hay un punto de contacto claro entre las dos artistas y la galería.
Yair: Natacha trabaja con su cuerpo y su piel, intentando constantemente repararla. Cecilia trabaja con la comunidad trans y no binaria, con los procesos y vivencias de quienes buscan convertirse en quienes quieren ser. El punto de unión es la aceptación. Por eso la muestra de Natacha se llama Reparar hasta deformar. Muestra hasta qué punto uno intenta arreglar sus traumas físicos, hasta el punto de dejar de reconocerse.
¿Creen que la provocación es parte esencial de esta muestra?
Sofía: No diría que la intención es provocar. Quizás un poco, pero la misión de la galería es dar luz a todos estos temas. Sentimos que en el ecosistema español no se indaga tanto sobre ello.
Yair: La idea es que, después de que vengas a la galería, no quedes indiferente, que te vayas sintiendo algo, que te vayas pensando algo, no simplemente digas “qué linda pintura vi”.

¿Cómo perciben la escena actual del arte en Madrid?
Sofía: Madrid está en un momento muy internacional; muchos latinoamericanos están viniendo a instalarse. Es notable lo rica que es la cultura latinoamericana.
Yair: Por ejemplo, las muxes. Para mí son historias que me encanta contar. Es una cultura tan rica que traerla aquí y hablar de eso es esencial para nosotras.
¿Qué viene este 2026 para la galería?
Sofía: En junio tal vez tengamos una muestra colectiva de artistas jóvenes pintores. Más allá de la pintura, hay algunos que trabajan la contemporaneidad en contraposición a la velocidad y lo digital. También estamos cerrando con un artista con mayor trayectoria para consolidar la identidad de la galería.
