¿Qué hubiera sido de la vanguardia y del arte contemporáneo sin ella? Yayoi Kusama no sólo fue una de las artistas más influyentes de nuestros tiempos. Su nombre resuena porque además fue pionera en romper las barreras entre las disciplinas. Catalogarla, imposible. No apreciar su legado, también. No por nada al traducir su nombre se descubre que significa Vida floreciente.

En 1929, en medio de la Gran Depresión mundial, conocida en Japón como la gran crisis económica de la Depresión Shōwa, la futura artista nació en Nagano, en la zona de los Alpes japoneses. Tras una colorida infancia —no exenta de abusos físicos maternos y de algunos problemas psicológicos que le provocaban visiones— se decidió a estudiar arte.
Lenguaje visual y alucinaciones
Su infancia dejó una profunda huella en su vida y en su obra. Ella misma lo contó en alguna ocasión en una entrevista de 2011 retomada por Time Out: “Mi papá tenía varias amantes y mi madre me obligó a vigilarlo. Como estaba tan enojada, hizo la idea del sexo muy traumática para mí. Mi obra, incluyendo los espectáculos de desnudos, son un intento para superar esa mala experiencia. Todo mi lenguaje visual proviene de las alucinaciones que veo desde mi infancia”, comenta.

En los años 50, tras estudiar pintura japonesa desde adolescente —y terminar decepcionada de la rigidez tradicional de esta—, decidió viajar y explorar la vanguardia europea y estadounidense que florecía (como su nombre) en esos años. Y qué mejor que mudarse a Estados Unidos. En 1957 tomó un avión a ese país.
Un año después, se estableció en una Nueva York en ebullición. Pero antes de comenzar a exponer en la misma escena que Andy Warhol, Claes Oldenburg y George Segal, durante los años 60, tuvo que intentar sobrevivir e incluso comer restos de comida que encontraba en la basura, según ella misma ha relatado.
Kusama insistió más tarde que Warhol se basó en —o plagió— su concepto de repetir una misma imagen para tapizar paredes enteras. Esto, tras ver en 1964 su instalación de botes de remos saturados de formas fálicas y paredes cubiertas con imágenes repetidas. Warhol presentó su popular Cow Wallpaper en 1966.
Pop Art y barreras de lo establecido
Así, su trabajo comenzó a llamar la atención con una serie de pinturas influenciadas por el expresionismo abstracto y posteriormente se decantó por el pop art y la psicodelia, inmersa en la vanguardia artística de la ciudad. En esa misma época, comenzó a distinguirse por romper la barrera de lo establecido (¿ya mencionamos que también fue una precursora del arte feminista?).
Pronto, empezó a alternar diferentes disciplinas artísticas, algo que hoy conocemos como ser una artista transversal. Sus happenings, en los que pintaba a personas desnudas con lunares de colores, fueron muy celebrados.

Su conversión en símbolo cultural terminó por llevar sus lunares mucho más allá de los museos y las galerías chic. Su trayectoria fue reconocida con algunos de los principales galardones culturales de Japón, entre ellos la Orden de Cultura. En 2006 se convirtió además en la primera mujer en recibir el Praemium Imperiale de la Asociación de Arte de Japón, uno de los reconocimientos internacionales más prestigiosos.
«Soy una artista obsesiva. La gente dice que estoy loca, pero no lo estoy. Mi visión es clara dentro de mi locura»,Yayoi Kusama
Mientras su imagen alcanzaba dimensiones multitudinarias, Kusama permanecía cada vez más alejada del bullicio público. Pero no de la producción artística. Nunca pudo escapar del hype, aunque tras triunfar en los años 60, cayó en un olvido relativo al regresar a Japón. Sin embargo, su carrera revivió con fuerza en los años 90. Poco después, entre 2009 y 2021 desarrolló Mi alma eterna, la serie pictórica más extensa de su carrera, integrada por alrededor de 900 obras.
Yayoi Kusama y Louis Vuitton: cuando el arte se convirtió en lujo
La relación entre Yayoi Kusama y Louis Vuitton comenzó en 2006. Marc Jacobs, admirador de su obra, visitó a la artista en su estudio de Tokio. Durante aquel encuentro, Kusama intervino artesanalmente un baúl de Louis Vuitton con sus característicos lunares, convirtiendo uno de los símbolos de la firma en un lienzo para su universo particular. El movimiento anticipó una colaboración que se materializaría en 2012 con Infinitely Kusama. Se trató de una colección en la que sus polka dots cubrieron bolsos emblemáticos como el Speedy y el Neverfull, además de prendas, zapatos y accesorios, fusionándose con el monograma de la casa francesa en una colaboración icónica.

Sus lunares, esculturas e instalaciones transformaron tiendas y escaparates de Louis Vuitton alrededor del mundo en escenarios de arte contemporáneo. En Nueva York, un robot hiperrealista de la artista simulaba pintar sus Infinity Dots sobre el cristal de la tienda de la Quinta Avenida.
En París una monumental figura de Kusama parecía apoderarse de la fachada de la maison en los Campos Elíseos. Sin duda, una intervención global que convirtió el encuentro entre Kusama y Louis Vuitton en uno de los ejemplos más reconocibles del diálogo entre arte contemporáneo, moda y cultura popular contemporánea.
Yayoi Kusama en México y el mundo
Su influencia también alcanzó América Latina. Entre finales de 2015 y principios de 2016, su exposición Obsesión infinita causó furor en la Ciudad de México. Su muestra recibió alrededor de 2,000 visitantes diarios en el Museo Tamayo y convirtió la llegada de Kusama a México en un fenómeno que trascendió los circuitos habituales del arte.

La dimensión mundial de su obra continuó creciendo durante los años siguientes: entre el 27 de junio y el 8 de octubre de 2023, el Museo Guggenheim Bilbao presentó la retrospectiva Yayoi Kusama: desde 1945 hasta hoy, un recorrido por casi ocho décadas de quehacer en el mundo del arte.
Por amor al arte
Kusama murió el 14 de agosto de 2026, a los 97 años, en un hospital de Tokio. La noticia se dio a conocer el 27 de agosto. No se informó la causa de su fallecimiento. Según el comunicado publicado en su página oficial, la artista continuó pintando hasta sus últimos días, manteniendo esa exploración permanente que atravesó buena parte de su obra. Literalmente, por amor al arte.
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