Remanente de azul sobre amarillo 2 es una de las piezas que se encuentran en el estudio de Francisco Ugarte. La luz, el color y el espacio atraviesan un trabajo que va del dibujo y la pintura a la escultura y las instalaciones con diapositivas. En el marco de Estación Material vol. 5, visitamos su taller para hablar de esas búsquedas y de lo que ha cambiado en su manera de hacer arte.

La contemplación absoluta
El artista/arquitecto (o arquitecto/artista) formó parte de la muestra presentada por Galería CURRO en Material, con la serie Nothing but the Color of Light, en la que exhibió una obra “que responde a la relación entre la línea y el fondo, la forma y el espacio, lo finito y lo infinito: el paisaje que busca llevar al espectador a un estado de contemplación absoluta”.
En su oficina, sobre una tornamesa vintage, destaca el elepé de la banda británica The Cure, Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me (1987), un álbum célebre por sus claroscuros y por sus piezas densas entre las que asoman canciones llenas de luz. “Soy muy fan”, reconoce.
La estética de un artista está ligada a todo lo que ve y escucha. ¿Escuchar música influye en tus trazos y piezas?
Sí, creo que hacer arte tiene que ver con lo que me gusta y lo que hago habitualmente. Siento que mi trabajo se conecta directamente con mis aficiones desde que era niño, y cada vez se hace más evidente.
¿Qué tipo de aficiones tenías en esa época, además de comprar discos?
Percibir lo que pasa con la luz. De niño, esa era mi manera de desconectarme un poco.

¿Tu interés por el arte surgió antes de estudiarlo?
Claro. Desde adolescente me empecé a interesar por el arte a través del cine, la música, la pintura y la literatura. Para todo lo demás, no me hallaba ni me sentía cómodo.
¿En tu obra buscas conectar con esa etapa infantil?
Mira, este dibujito lo hice a los 11 años y está muy en correspondencia con lo que realizo actualmente. Siempre he tenido la obsesión de saber, por ejemplo, cuántos círculos de tres puedo hacer sin que se repita la combinación de colores.

¿Tenía nombre esa primera pieza?
Círculos concéntricos, me parece. No sé si fue un ejercicio escolar particular, pero esa obsesión estaba muy presente desde entonces. Mi trabajo siempre ha tenido que ver con la contemplación, con entender la realidad a través de los sentidos. Antes era más conceptual, pero con el tiempo me he vuelto más intuitivo.
¿Por qué te alejaste de lo puramente conceptual? ¿Tiene que ver con volver a lo lúdico?
Estudié arquitectura y lo primero que desarrollé como artista fueron proyectos de sitio específico, algo que sigo haciendo. La arquitectura me enseñó a entender el proceso creativo como la solución a un problema determinado. Empecé a hacer intervenciones donde el espacio mismo me daba las pistas; le añadía un elemento para que sus propias características se lucieran. Propongo una idea a partir de algo preexistente. Poco a poco, ese ejercicio se volvió más personal.
« La arquitectura me enseñó a entender el proceso creativo como la solución a un problema determinado », Francisco Ugarte
¿Cómo separas al arquitecto del artista? ¿Avanzan siempre juntos?
Hacer una pintura nace únicamente de mí. Son decisiones que tienen que ver con la proporción del lienzo, algo mucho más íntimo. Siento que cada vez me he vuelto más artista y menos arquitecto.
¿En qué momentos emerge más esa faceta artística?
Cuando el trabajo se vuelve más personal. Ahora la pintura es lo que me tiene más entretenido; pintar es un ejercicio muy particular y estoy en un aprendizaje constante, algo que nunca tuve en una academia.

Muchos arquitectos afirman que la arquitectura no es un arte…
Bueno, depende de cómo lo veas. Todas las definiciones tienen sus límites. Veo a la arquitectura más como un servicio: puede ser funcional, pero también arte.
«La arquitectura lo tiene todo, posee una dimensión artística fundamental, pero al final debe funcionar y servir a la sociedad», Francisco Ugarte
Además de la pintura y lo presentado en Estación Material, has trabajado con diapositivas e instalaciones.
De hecho, cuando decidí ser artista, estudiaba mucho la sensibilidad de la luz, así que empecé a trabajar con diapositivas intervenidas. Es un recurso que traduzco constantemente en varias obras.

Hablando de aprendizaje, ¿cuál ha sido el mayor desafío al transitar de la arquitectura al arte plástico?
Lidiar con las ideas: cómo solucionar ciertos temas mientras aprendo sobre la marcha. Empecé a pintar con intervenciones muy minimalistas, pero poco a poco conozco distintas técnicas. En mi obra, el material y las herramientas son los que me dan las pistas.
Partes del material mismo…
A veces, el simple hecho de frotar el oil stick —óleo sólido en barra— sobre la tela me da la pauta. Más que dibujar una figura, quiero convertir el propio material en el objeto.
¿Cuáles consideras que han sido los hitos de tu trayectoria?
Tuve una exposición que funcionó como un shock punch: una intervención en la Casa Barragán de la Ciudad de México, donde cubrí todos los objetos de la casa con papel de aluminio.

¿Surgieron voces puristas cuestionando la intervención?
Un poco sí, pero no demasiado. Al final, había muchísima gente de otros países visitando la casa y la lectura fue muy interesante.
Nothing but the Color of Light, tras su paso por Estación Material, se exhibe en Galería CURRO (Andrés Terán 726, Col. Santa Teresita, Guadalajara).
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