«Extrañeza»: así de tajante define el artista y activista oaxaqueño Lukas Avendaño su sentimiento tras convertirse en la primera persona mexicana en ganar el célebre premio de la Fundación para las Artes Contemporáneas de Nueva York. “Sí, es extraño porque uno no sabe que existe un premio como tal. Y en ese no saber, aún menos está el pensar que algún día vas a ser premiado. Además, la nominación se da por personas que uno no conoce y tampoco te revelan quién te nominó”, cuenta. Una de las condiciones de la fundación es no dar a conocer quién nomina, para que el ganador no sienta que tiene una deuda o que debe retribuir algo a esa persona.

Lukas Avendaño, quien se reconoce como muxe, posee una trayectoria que rebasa cualquier etiqueta: es bailarín, coreógrafo, poeta, actor, modelo, artista de performance y antropólogo. Su obra explora la identidad y ha sido presentada en distintos países, siempre impulsada por la necesidad de dar nombre y visibilidad a quienes históricamente han permanecido al margen.
La identidad bajo los reflectores
Y sí, constantemente está bajo los reflectores, a veces para que le pregunten barbaridades como: «¿y qué se siente ser muxe?»
Para Avendaño, uno de los daños colaterales de ser un artista es justo la comentocracia que se genera alrededor: “Muchas personas se adjudican la autoridad para comentar todo el tiempo sobre mi imagen y no sobre el premio o la beca. Desde que te llamen raro, anormal, torcido…”.
Pero afortunadamente tiene una coraza, una que ha forjado con los años. “Todo el tiempo estoy como blindado como artista, por mi papel de antropólogo”, asegura, dos categorías que, al parecer, le adjudican implícitamente un plus a la persona: “Ah, es profesionista, ah, bueno. Pero cuando aparece la imagen, nada tiene más valor que la imagen, que pareciera estar transgrediendo los roles de la normalidad”, reflexiona. Para Avendaño, ese bagaje le permite darles cierto tratamiento a sus piezas escénicas: “No sería lo mismo si yo no hubiese pasado por una formación en antropología”.

La diferencia fuera del Istmo
Cuando salió del Istmo era muy joven y todavía no percibía las particularidades de la región y de su gente. “Para mí, el mundo era así en todos lados”, recuerda. Fue al llegar a Xalapa, Veracruz, a estudiar cuando descubrió que aquello que en su comunidad podía hacer con libertad era visto de otra forma.
Para alojarse en una casa de estudiantes tuvo que cortarse el cabello y dejar de usar aretes. Ese fue uno de los primeros choques que lo llevaron a regular su conducta y a construir un capital cultural que le permitiera relacionarse con la ciudad desde otra posición. “Yo, desde mi disidencia, podía estar a la altura de la masculinidad. Eso me generaba un margen de blindaje para poder vivir, por otro lado, con libertad”, reconoce.
“Es maricón, pero escribe bien; es joto, pero es artista; es raro, pero es profesionista”. Darle la vuelta a ese “pero” se convirtió en parte de su recorrido. La reacción a la noticia del premio, sin embargo, le confirmó que el reto continúa: junto a las felicitaciones aparecieron comentarios que reducían su figura.
Del baile al performance
De hecho, Avendaño llegó al arte de manera fortuita. Sus primeros referentes fueron las figuras de la televisión y el cine, especialmente Lola Beltrán y Lucha Villa, mujeres que en las películas de la Revolución mexicana rompían con el patrón femenino. “Yo no quería ser artista; quería bailar de esa manera diferente”.
Su entrenamiento como atleta y bailarín se mezcló con su experiencia como modelo en el taller de dibujo al desnudo del maestro de origen sueco Per Anderson. De ahí surgió una forma propia de intervenir el espacio público. En 2001, una invitación del Jardín de las Esculturas marcó el momento en que comenzó a ser reconocido como artista.

Más allá del símbolo folclórico
Hoy, su trabajo ha alcanzado reconocimiento dentro y fuera de México, y sus presentaciones han tenido una recepción particularmente favorable en Madrid.
Su creciente reconocimiento también ha provocado que la identidad muxe sea observada como un símbolo folclórico o exótico, desvinculado de la complejidad cotidiana del Istmo. Réquiem para un alcaraván, la primera pieza en la que abordó la temática muxe, data de 2011 y surgió ante las afirmaciones de quienes, después de visitar una sola vez el Istmo, se sentían autorizados para establecer criterios de verdad absolutos, “como si existiera una sola manera de ser muxe”, explica, y afirma con un toque que no podemos adivinar si es reconocimiento o ironía:
« Cuando el muxe se pone el traje de tehuana adquiere un plus, porque es un traje que ya tiene prestigio. Quizá su mejor socializadora fue Frida Kahlo »
Réquiem para un alcaraván también respondió a quienes afirmaban que los muxes buscaban ocupar el lugar de las mujeres, competir con ellas o confundir a los hombres. Por eso, Avendaño aparece en escena sin huipil. Uno de sus trajes fue bordado por una persona muxe que, al conocer lo que sucedería durante la pieza, le preguntó si iba a salir “encuerada”.
“Si a una muxe que no tiene mamas para amamantar le generaba conflicto salir sin huipil, eso me llevó a pensar que podía desmentir aquellos criterios de verdad que decían que queríamos ocupar el lugar de las mujeres o competir con ellas”.
Al presentarse sin huipil, busca dejar al descubierto esa dualidad: “Es para decir: ‘Mira, no te confundas. No quiero confundir a nadie ni competir con nadie, mucho menos con las mujeres. Esto es ser muxe’”.

La fiesta y la vida cotidiana
Para Lukas, la fiesta muxe no es únicamente una expresión estética: es el resultado visible de una estructura comunitaria más amplia. La creciente atención mediática también ha modificado algunas condiciones. Tradicionalmente, muchas personas muxes solventaban sus necesidades mediante oficios asociados con la comunidad: bordadoras, cocineras, cantineras, trabajadoras sexuales, peinadoras, maquillistas o creadoras de adornos. Ahora, con el interés de medios y plataformas como Vogue o Netflix, algunas han comenzado a cobrar por entrevistas y sesiones fotográficas.
El guiño es a la cultura tehuana
Algo parecido ocurre con las mencionadas referencias a Frida Kahlo que algunas personas encuentran en su obra. Cuando Avendaño realizó la intervención Buscando a Bruno, no estaba pensando en la pintora. La asociación surgió por la indumentaria. “El guiño no se lo hago yo a Frida. Frida le hace un guiño a la cultura tehuana”. La puesta en escena es una profunda pieza de arte de performance realizada por Avendaño para denunciar por medio de su obra, la desaparición de su hermano, Bruno Alonso Avendaño Martínez.
Después de la Revolución mexicana, el proyecto de construcción de una identidad nacional reunió a artistas e intelectuales que encontraron en el Istmo de Tehuantepec parte de la imaginería con la que se representaría al país. La misma Frida Kahlo, Diego Rivera, Miguel Covarrubias, Serguéi Eisenstein y Tina Modotti, entre otros, se acercaron a la región y retomaron sus imágenes. Los murales de Palacio Nacional y de la Secretaría de Educación Pública, así como la aparición de una mujer tehuana en el billete de diez pesos, colocaron esa representación indígena en el centro del imaginario nacional.
La indumentaria de las mujeres zapotecas del Istmo posee, para Avendaño, una cualidad escenográfica y teatral que explica la fascinación de Kahlo. En muchas de sus fotografías aparece con enaguas, holanes y joyería de la región. “Ella se encuentra en esa estética visual, en sus colores, diseños, trazos, formas y ritmos. A partir de ahí pienso que construye también algunas de sus obras”.
¿Homenaje o apropiación cultural?
Lo que antes se entendía como homenaje o tributo ahora puede leerse como apropiación cultural. Avendaño recuerda Los rivales, pintura de Diego Rivera inspirada en una celebración istmeña y subastada décadas después por una suma millonaria. La operación le hace preguntarse de qué manera una obra tomada de ese contexto retribuye a la cultura de la cual obtuvo sus imágenes.
“Un artista retoma algo y entonces pensamos: ‘Qué honor que haya mirado a los indios y los haya puesto ante los ojos del mundo’. Nos educaron para creer que nos estaban haciendo un favor”.
Cuando la fama oculta el origen
La confusión alrededor de sus propias piezas parte del mismo desconocimiento. No es que Avendaño haya tomado como referencia a Frida Kahlo, sino que muchas personas identifican primero a la artista porque ignoran la historia del Istmo, la cultura zapoteca y el traje de tehuana. Lo explica mediante una comparación: si Rosalía vistiera indumentaria wixárika, probablemente algunas personas dirían después que un artista wixárika “se vistió como Rosalía”.

“Lo mismo sucedería si Madonna o Salma Hayek aparecieran con un traje de jarocha: el referente mediático terminaría imponiéndose sobre las regiones de las que procede la vestimenta”, asegura el artista.
“Es una especie de pereza intelectual. No se investiga, se asocia y se inventa. Se le concede legitimidad a quien ha acumulado mayor capital cultural, económico o político, mientras los invisibilizados siguen apareciendo como los copiones”.
¿Quién debe representar a una comunidad?
Cuando le pregunto por Lila Downs y si considera que ha llevado consigo los valores de su región, Avendaño me devuelve la pregunta: “Es como si yo te preguntara: ¿tú, como comunicador, has llevado los valores del lugar que habitas y de tu tiempo?”. Le respondo, en broma, que ‘los comunicadores no tenemos valores’, pero su cuestionamiento deja algo sobre la mesa: por qué se les exige a ciertos artistas representar una identidad colectiva, como si su procedencia los obligara a hablar en nombre de toda una comunidad. También hace una precisión: Downs no es originaria del Istmo, sino que su madre procede de la Mixteca.
Un espacio para la memoria
Frente a esas desigualdades, Avendaño trabaja desde hace 25 años en la creación de un espacio de memoria. El dinero del premio recién ganado será destinado a ese proyecto, aunque no constituye su punto de partida: cada ingreso extraordinario que ha recibido durante estos años se ha convertido en “un ladrillo o un bloc”.
El espacio, ubicado en Tehuantepec, llevará el nombre de Embajada Conservatorio de las Artes. Avendaño no lo considera su legado, pues de algún modo rechaza esa carga de protagonismo.
“Los trajes que uso en escena son el resultado de doscientos años de manufactura y transformaciones. La música que bailo tiene cien años y quienes escribieron esas partituras nunca pensaron que serían su legado. ¿Qué protagonismo o qué ego tendría yo al pensar que esto será el mío?”
Además, para 2027 espera estrenar una nueva pieza titulada Siado’guie’, expresión zapoteca que puede traducirse como “Mañanita Flor” y que se utiliza para nombrar la aurora. Así transcurren los días de un artista que cuestiona quién tiene derecho a definir una identidad y cómo se representa ante el mundo.
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