Una visitante recorre Pisarnos los talones, la exposición que reúne a los 12 artistas que concluyen el programa de SOMA. Cortesía de SOMA.

Laura Cortés: SOMA y la exposición «Pisarnos los talones»

Alejandro Mancilla Autor: Alejandro Mancilla Fecha:

Laura Cortés Hesselbach ha dedicado más de una década a la gestión cultural, entre programas públicos, residencias artísticas y alianzas para fortalecer la educación artística.

Es la actual directora de SOMA, organización dedicada al intercambio cultural y la enseñanza de las artes en la Ciudad de México y semillero de noveles artistas que hoy están dando de qué hablar. Conversamos con ella sobre Pisarnos los talones. Se trata de la exposición que reúne el trabajo de los 12 artistas que concluyen su programa de dos años.

Fotografía de un campanario deteriorado, suspendida con cadenas verdes, con una perforación irregular y bordes de color rosa.
¡Feliz fin del mundo!, Elianne Islas. Creditos: Luis Alfonso Vázquez Morales

La exposición completa está en exhibición en el Centro Cultural Casa del Tiempo de la UAM, hasta el 11 de diciembre. La muestra reúne piezas de Carolina Berrocal, Miguel Bravo, María José Casazza, Guadalupe Dorantes, Roberto Elías, Fidel Ernesto, Elianne Islas, Salomé Jüey, Julia Levstein, Raisa Pimentel, Jos SML y Salvador Xharicata.

Por qué Pisarnos los talones

¿De dónde salió ese título tan elocuente, Pisarnos los talones?

El título alude a ese baile un poco torpe que a veces resulta ser. Pero también a que les interesaba estar muy pegaditos, pisándose los talones, viendo qué podía proponer el otro. Salió de las conversaciones que tuvieron los artistas que participan en la exposición. 

¿Cómo se decide cómo será esta exposición?

En SOMA, uno de los principales retos que les ponemos a los artistas como parte del cierre del programa de dos años es trabajar juntos para tomar todas las decisiones. Cuando empezaron a reflexionar sobre lo que significaba compartir un espacio físico, con 12 piezas en unas salas compartidas, surgió esta imagen de los 12 artistas bailando juntos en un salón. 

¿Cómo encuentran puntos de encuentro entre artistas con prácticas tan diferentes?

Nuestras exposiciones de fin de curso en instancias educativas siempre son complejas; nuestras generaciones están compuestas por artistas que vienen de contextos muy diferentes, con prácticas y producciones que aparentemente no tienen que ver unas con otras. Pero durante los dos años del programa participan en conversaciones comunes donde van viendo cuáles son los cruces, en qué momentos se encuentran y en cuáles difieren sus ideas e intereses.

¿Colectividad versus individualidad?

En el boletín hablan de ese presente que empuja al aislamiento y de mantener viva la posibilidad de trabajar en conjunto. En el arte se da mucho la figura de los colectivos para crear comunidad, pero ¿empujar hacia esa coordinación no puede hacer que el artista pierda un poco la individualidad que a veces trae el aislamiento?

Sí, de acuerdo. Pero por eso, desde SOMA intentamos que tengan diferentes instancias para identificar las formas de trabajo. Como dices, ha habido una tendencia a pensar en la colectividad o en el trabajo en colectivo, y muchas veces se habla de dientes para afuera al respecto, pero pocas veces acaba siendo un trabajo colectivo.

Toca distinguir cuándo se trata de un trabajo en equipo, cuándo es colaborativo y cuándo es un trabajo individual donde hay varias personas implicadas. Son nociones distintas.

Televisor de tubo muestra un primer plano de una persona con un micrófono, entre otros monitores apilados.
HAY UN VIENTO TERRIBLE EL DÍA DE HOY, Fidel Ernesto. Creditos: Luis Alfonso Vázquez Morales

¿Entonces la individualidad no está comprometida?

No, con este proyecto final justamente intentamos que puedan reconocer su individualidad. De eso también se trata el programa: de que cada artista fortalezca su voz propia, sus metodologías y sus procesos personales, pero reconociendo que está inserto en un contexto y forma parte de una comunidad más amplia con la cual a veces le tocará colaborar y a veces no. Es una exposición colectiva, pero todos cuentan con piezas individuales. 

Además de la expo, tengo entendido que se publica una especie de bitácora…

Sí, justo otra instancia, que me parece de las más reveladoras de estos procesos, es la publicación que hicieron, Otro diccionario de prácticas. Siempre les pedimos que realicen una publicación bajo la premisa de que no sea un catálogo de la exposición ni de obra, sino que piensen el formato editorial como otro espacio al cual pueden traducir su práctica artística.

Tienen bastante libertad para desarrollarla y cuentan con el acompañamiento editorial de un especialista, que este año fue Vania Macías. Como grupo decidieron que, en lugar de hacer una publicación donde cada quien tuviera un capítulo, harían un diccionario. Este librito reúne conceptos que, a través de los cursos y las instancias que tuvieron en SOMA, detectaron como relevantes para definir su práctica artística o la de los demás. Las definiciones están hechas por ellos mismos. 

Puntos de vista muy diferentes

Por lo que veo en las obras, sí hay puntos de vista muy diferentes. La pieza de la moto, por ejemplo, no se parece a la de los dispositivos que parecen micrófonos, pero son lámparas.

Buscamos trabajarlo desde la elección de sus tutores y del cuerpo docente que los acompaña, que también está formado por artistas con cierta trayectoria y prácticas muy distintas entre sí. Por ejemplo, tenemos a Tania Candiani, que tiene una práctica de estudio muy consolidada, y por otro lado a alguien como Vivian Abenshushan, que viene de la escritura y de las letras y, más recientemente, del trabajo corporal y la danza.

«Es importantísimo reconocer que no existe una sola forma de ser artista. Hay múltiples formas de desarrollar la práctica artística; no hay un camino que sea el bueno»

Motocicleta intervenida con elementos negros y amarillos, esferas de colores y cilindros blancos, junto a una figura con casco.
COHETE BOOST, de Miguel Bravo. Creditos: Luis Alfonso Vázquez Morales

¿Las prácticas suelen ser multidisciplinarias? 

Así es, se trata de entender que hay distintas maneras en las que un artista puede desarrollarse. Eso se traduce también en la selección de quienes entran al programa. Nos interesa que no estén casados con un solo medio, sino que entiendan que pueden recurrir a distintos medios para desarrollar sus ideas; que tengan herramientas para encontrar cómo resolver aquello que quieren cuestionar o expresar.

El siguiente paso

¿Entre qué edades oscilan los artistas?

El promedio está más o menos entre los 25 y los 33 años. Pero son artistas que ya tienen una formación. El programa es de nivel posgrado, pero una de las razones de ser de SOMA como alternativa a estos programas es que reconocemos que hay muchos artistas que ya tienen una práctica, pero no necesariamente pudieron realizar estudios formales. Hay artistas increíbles que vienen de otras regiones de México, que empezaron estudiando otra cosa y no acabaron, o que no pudieron cursar una licenciatura. Eso nos permite aceptar y reunir a personas que ya tienen una práctica, que se reconocen como artistas, pero que quieren dar ese siguiente paso para profundizar en su pensamiento y su quehacer.

Laura Cortés Hesselbach, directora de SOMA, comparte los retos de construir una exposición a partir del diálogo entre 12 artistas. Foto: Cortesía de SOMA.

Justamente por esa parte que tiene que ver con la academia y con la Secretaría de Educación Pública, ¿el logotipo hace alusión al antiguo logo de la SEP?

Exacto, es un guiño. Qué bueno que lo mencionas. SOMA fue fundado por iniciativa de un grupo de artistas. Abrió sus puertas en 2009, pero las conversaciones sobre lo que sería empezaron mucho antes. En su momento fueron 16 artistas quienes comenzaron a soltar ideas sobre qué se podía hacer.

Instalación con tela roja suspendida, un poste inclinado de madera y cuerdas verdes en una sala con piso de duela.
Sábado por la mañana en Nahuatzen, Salva… Xharicata. Creditos: Luis Alfonso Vázquez Morales

Ya estaban definidas las líneas de trabajo y lo más complicado fue ponerle nombre. Alguien propuso SOMA, no recuerdo quién, y tuvo mucho eco porque puede significar muchas cosas. Para nosotros no significa nada específicamente, pero lo que amalgama todo es el logo, que forma parte de un proyecto del artista Mario García Torres. Cuando se definió el nombre, Mario comentó que tenía un proyecto de los noventa: se había dado cuenta de que la tipografía del antiguo logo de la SEP no estaba registrada, así que la registró a su nombre. Él tiene esa propiedad del diseño y cedió esas letras para el logo de SOMA.

Arte y comunidades originarias

Sobre la instalación de Salvador Xharicata, el comunicado menciona el tianguis. ¿La muestra salió del espacio expositivo o recurrió a elementos de ese entorno?

La pieza tiene que ver con el tianguis porque Salvador es de Cherán, Michoacán, y su familia se dedica a eso: sus papás y su hermano son tianguistas.

Mucho de su trabajo tiene que ver con su identidad como parte de una comunidad de Michoacán donde también se ha perdido la lengua. Salvador no habla la lengua originaria de su familia; nunca la aprendió. En su trabajo piensa cómo ha adquirido conocimientos en el ambiente en el que creció, que en su caso son los tianguis.

Muchas veces se asocia a las comunidades originarias con su relación con la naturaleza y con el bosque. Su abuelo, por ejemplo, tenía una relación mucho más directa con el bosque y trabajaba con él, pero eso se ha ido perdiendo. Salvador se ha desarrollado sobre todo en los tianguis. De hecho, escribió un texto que se llama Mi bosque es un tianguis, porque creció en esos espacios.

Violencia y catársis

Algunas obras juntan la parte lúdica con la violencia. ¿La tarea que les encargaron fue más catártica o estética? ¿Había una intención de que sacaran esa parte, más allá de que las obras estuvieran estéticamente impecables?

No lo planteamos como una tarea de hacer algo catártico. Lo que sí intentamos que suceda durante su paso por el programa y por SOMA es que puedan tener una conciencia social y política; que sean más reflexivos sobre los espacios y los contextos en los que están.

Casi de manera orgánica, por la naturaleza de muchos de ellos, por sus lugares de origen y por cómo está el mundo actualmente, encuentran en el arte la mejor herramienta para abordar los temas que nos atraviesan. A algunos les atraviesan de forma más directa.

Por ejemplo, Roberto Elías es de Acapulco, Guerrero, y le ha tocado crecer con toda esa ola de violencia. Las fotos que emergen de estas placas, que se van revelando y ocultando conforme transcurre el día, son imágenes de incendios en locales comerciales de Acapulco que no pagaron derecho de piso.

Imagen de gran formato de un paisaje rocoso en blanco y negro, con cinco pequeños paneles de colores montados sobre soportes negros.
Mañana es hace mucho tiempo de Roberto Elías Creditos: Luis Alfonso Vázquez Morales

Además de escuela, ¿SOMA tiene una función de galería? ¿Las obras se van a vender?

No. Es importante señalar que somos una escuela y, antes que otra cosa, una asociación civil sin fines de lucro. Hacemos todo lo posible por conseguir fondos para que el programa sea gratuito y para que los artistas tengan recursos con los cuales producir sus obras. Ellos tuvieron un presupuesto, pero al final del día las obras son suyas. 

Foto de portada: Israel Esparza

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Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla

Alejandro Mancilla/ Jefe de Redacción. Ha escrito en Vanity Fair, GQ, Travesías, Vice, AD Architectural Digest, Marvin, Vogue, Nexos y Playboy, entre otros; fue editor en Círculo Mixup y Televisa; es autor del libro de ensayos [de]generación de cristal. Es fan de los Cocteau Twins y cuando no escribe, es DJ y productor. No le gusta el karaoke.