Alina Sánchez y el videoarte en tiempos de redes sociales

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Tras muchos años de ausencia, Alina Sánchez (1983) se ha reencontrado con su lugar de origen. Y no es cierto que Tlaxcala sea un meme. Aunque ostenta el curioso honor de ser el estado más pequeño de México, alberga llamativas propuestas como la de esta videoartista que ya ha presentado su obra en espacios como la Muestra de Video Experimental en Barcelona, España; el Hiroshima Art Center de Japón; el evento Homeostasis Lab en Brasil, y en galerías mexicanas como el Museo de Arte Moderno, el Ex Teresa Arte Actual, la Sala de Arte Público Siqueiros, el Museo de Arte Carrillo Gil y el MUCA Roma.

Actualmente, Alina es curadora de la plataforma y taller Videoarte en Tiempos de Redes Sociales y co-curadora de la galería local Archipiélago Nómada.

Alina Sánchez videoartista
Alina Sánchez en su estudio. Foto: Cortesía de la artista.

“Desde niña tuve contacto con la fotografía y el video; mi papá tenía sus cámaras VHS y solía grabarnos todo el tiempo para preservar los recuerdos. Siempre he pensado que las imágenes tienen la virtud de contener lo emocional y afectivo”, confiesa, justo antes de pausar la conversación para anunciar que va por su abrigo. Tlaxcala suele ser frío a fin de año.

El videoarte como territorio frío: emoción, ritualidad y máquinas

Al abordar la creación con equipos tecnológicos —y no materiales orgánicos como la pintura—, el videoarte suele perder su componente emocional entre los frames. Por ello, vale preguntarse si estamos ante un género frío (como el clima de la zona en diciembre). «Una obra sí puede pasar desapercibida porque suponemos que está ahí disponible como una pieza que puedes ver después, encontrar en YouTube o regresar al museo a verla. Pero aún así, siento que pese a la frialdad, se conecta con una parte ritual”, asegura.

“Con el desarrollo tecnológico se ha perdido la contemplación que antes tenía el videoarte. En ese sentido, creo que sí tiene ese tema de frialdad.

«Con el desarrollo tecnológico se ha perdido la contemplación que antes tenía el videoarte. En ese sentido, creo que sí tiene ese tema de frialdad» — Alina Sánchez

En el trabajo de Alina Sánchez, contemplar no es admirar únicamente la belleza ni incomodarse con la oscuridad que puedan destilar ciertas imágenes, sino fabricar una realidad que nos raspe los sentidos. Por eso, en sus piezas aparecen ramas, sombras, brumas y otros fenómenos naturales que, aunque suelen pasar desapercibidos en el día a día, al visualizarlos en una obra fuera de su contexto, nos hacen mirar de una forma diferente —y claro, alterada— la realidad. La obsesión de Alina: entender cómo se arma “lo real” cuando la vida diaria choca con el universo digital y sus fantasías HD.

Alina Sánchez. Artista de videoarte en foto
Alina Sánchez combina música con video análogo y un poco de oscuridad. Foto: Cortesía de la artista.

Influencias estéticas y sonoras que modelan su obra

La artista mezcla instalación, video, sonido experimental y recursos digitales como quien revuelve mundos en los que no se sabe dónde empieza lo físico y dónde termina el pixel. El resultado: obras que se mueven entre ambos planos con descaro, y en las que la tecnología pueda recrear los estilos del pasado. La artista usa laptop y softwares de última generación, pero sus imágenes ostentan atemporalidad, bien podríamos estar en 1984 o en 2045.

«Alina es una de las protagonistas más destacadas en la escena de la experimentación audiovisual. Su propuesta acuciosa retoma las nuevas tecnologías digitales con un singular enfoque en la estética gótica, sustentada por un notable conocimiento de los estilos musicales del postpunk y el cosmos de la electrónica”, Guillermo Santamarina, curador de arte contemporáneo y artista visual

«Alina es una de las protagonistas destacadas de la experimentación audiovisual. Su propuesta acuciosa retoma las nuevas tecnologías digitales con un singular enfoque en una estética sustentada por el cosmos de la electrónica» — Guillermo Santamarina, curador de arte contemporáneo y artista visual

Series, piezas y proyectos que exploran memoria y materialidad

Entre las creaciones de esta autodenominada artista multidisciplinaria, se encuentran obras como Acumulaciones digitales (2024), Magma Líquido ON-OFF (2023) y Resistencia al borrado (2021), en las que explora la memoria, la materia y la virtualidad. También destacan proyectos como Press to Reset the World (2020) y Jardín efímero (2018), que profundizan en experiencias sensoriales y poéticas dentro de entornos híbridos.

“Mi pieza Acumulaciones digitales es uno de los trabajos que surgieron motivados por la relevancia que tiene hoy un archivo personal íntimo como el celular. Me fascina cómo este objeto cotidiano puede guardar memorias, afectos e imágenes. A partir de todo lo que me gusta fotografiar surgió este proyecto como un bazar afectivo, un espacio donde voy recopilando pequeñas huellas, esperando que algún ojo curioso conecte con mis afectos a través de internet”.

Alina Sánchez, artista de videoarte.
Alina Sánchez en una presentación. Foto: Cortesía de la artista.

El valor de lo íntimo: cuando el videoarte entra al mercado digital

Curiosamente, hace poco un coleccionista anónimo, le escribió para intentar comprarle esa obra con criptomonedas: “Y me hizo reír con ganas, pero esa oferta confirmó la intuición que también dio origen a este proyecto: que esta pieza pudiera ser valorada por algún un coleccionista de rarezas en un mercado NFT vintage en la web”. Alina no quiso confesar si la vendió o no.

Tlaxcala: identidad, silencio y comunidades creativas

Hace años hubo una noticia nacional: en 2017 se inauguraron las primeras escaleras eléctricas en Tlaxcala… Y sí, fue una nota real. —¿Cómo vives ese contexto de producir arte tecnológico en la provincia? “Tenía años que no vivía en la región. Regresé para cuidar a mi padre en sus últimos días. Sí venía de visita, pero estuve mucho tiempo entre CDMX y Puerto Vallarta. Ahora estoy disfrutando mucho del lugar, finalmente aquí nací. Había cosas que no valoraba tanto viviendo en otros lugares, como la gastronomía, que tiene elementos muy ceremoniales muy marcados; también está Cacaxtla con todo su esplendor arqueológico y la conquista”, asegura.

Alina Sánchez en retrato blanco y negro.
Alina Sánchez, de Tlaxcala para el mundo. Foto: Cortesía de la artista.

Ritualidad culinaria, territorio y la vida cultural fuera de la capital

Tlaxcala es un lugar lleno de festividades que dotan de identidad profunda a sus habitantes. También es un espacio de silencio y calma, pese a las ruidosas fiestas de música industrial que cada vez abundan más. “Cerca de donde vivo se hace la fiesta del mole, un evento del pueblo para todos los que quieran llegar a comer, aunque sean de fuera. Alina recomienda un lugar a solo 20 minutos del centro —en realidad, en auto se puede atravesar todo el estado de punta a punta, en media hora—, para conectar con el entorno: “El spa y temazcal Jamadi, un sitio rodeado de bosques, ríos y cerros, perfecto para la meditación y la desconexión.

Otro de mis espacios favoritos es el Jardín Botánico, donde se puede disfrutar de cine al aire libre en medio de la naturaleza y que cuenta con su propia cafetería. Es un lugar bellísimo”. Para comer, sugiere Casa de los Magueyes, un restaurante que promueve los sabores del estado, y donde se puede encontrar una amplia variedad de platillos —como el pollo al Tecotlán o la barbacoa de hoyoy también sirven algunos de los mejores pulques naturales y curados. El favorito de Alina es el de piñón.

El videoarte en tiempos de redes sociales

La forma de concebir el videoarte llegó a esta tlaxcalteca mediante el libro Los condenados de la pantalla de Hito Steyerl, donde la autora cavila sobre la voracidad de las imágenes y el clasismo cultural. En este universo conviven las obras de élite —alta resolución, HD impecable— con lo que Steyerl llama imágenes colectivas o “pobres”, esas que circulan en memes y contenidos informales, y donde se juega otra forma de resistencia. “Me obsesiona esa pregunta: ¿quiénes quedan fuera del sistema de legitimación? Ese es mi motor para seguir mapeando y visibilizando pequeñas obras”, explica Alina.

“Tras la pandemia quise trabajar desde una mirada crítica a la sobreproducción de imágenes, los algoritmos y el circuito tan cerrado del videoarte”. Así, surgió su laboratorio, un espacio experimental e intuitivo donde, acompañada de artistas locales —y muchos outsiders—, la artista continúa generando sus obras audiovisuales.

Echar raíces: duelo, música nueva y futuros posibles en Tlaxcala

“Estoy por activar una pieza que hice con el nombre de mi papá: Martín Sánchez. Este nuevo proyecto habla de procesos de transición, y lo mostré hace poco en la Pinacoteca de Tlaxcala, es una obra que habla de cómo resignificar la muerte y pensarla desde un lugar más trascendental”. Además, Alina prepara nueva música, labor que complementa con el videoarte.

Su próximo trabajo sonoro se llamará Litografía Futura, y está por publicar un vinilo colectivo titulado Nadie nos va a parar. “En 2026 también quiero publicar un libro sobre mi abuela”, cuenta. “Ella escribía poesía y firmaba simplemente como Mel.

Nunca editó y era su sueño”. Su exposición de videoarte La partitura invisible, se estará presentando en La Pinacoteca de Tlaxcala todo el 2026 y además, tiene un proyecto en puerta para exhibir su obra en un importante hotel mexicano. “Mi plan es quedarme aquí y echar raíces mientras sigo desarrollando nuevos proyectos y obras”, finaliza Alina con una sonrisa.

Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla/ Jefe de Redacción. Ha escrito en Vanity Fair, GQ, Travesías, Vice, AD Architectural Digest, Marvin, Vogue, Nexos y Playboy, entre otros; fue editor en Círculo Mixup y Televisa; es autor del libro de ensayos [de]generación de cristal. Es fan de los Cocteau Twins y cuando no escribe, es DJ y productor. No le gusta el karaoke.

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