No, el arte no tiene reglas, pero abrirse camino como artista contemporáneo sí tiene sus convenciones. Es un camino que puede ser tan largo o tan corto dependiendo de muchos factores, pero finalmente hay aspectos de la práctica artística que se deben tomar en cuenta.

1. Creer que necesitas tener todas las respuestas antes de producir tus primeras piezas
Teorizar de más, no aventarse al vacío por miedo a no tener un discurso alrededor de una pieza, es uno de los errores más comunes de los artistas en busca de destacar. No hay que sobrepensarlo mucho: autoexigirse una explicación definitiva desde el primer momento puede dejar fuera ese proceso que la construcción de una pieza estaba por revelar. Como dijo Gabriel Orozco en una entrevista de 2016 en Forbes México: “Explorar algo sin saber bien qué vas a hacer con eso y disfrutarlo completamente”. Ese consejo abona a la idea de que se puede comenzar una pieza sin tener resuelto su discurso.
2. Caer en los lugares comunes
La artista y curadora Rosalind Davis recomienda, en una guía publicada por Artquest, escribir con claridad y evitar los clichés, los lugares comunes y los autoelogios. Pero los lugares comunes también aparecen en la manera de producir. Si una pieza o la obra de un artista está de moda, lo más fácil es copiar el estilo, pero también lo más predecible. Tropezar con las fórmulas nos lleva a territorios repetitivos y complacientes que pueden restarle identidad a una obra. Tropezar con las fórmulas nos lleva a territorios repetitivos y complacientes que pueden restarle mucha identidad a una obra, y más si es emergente.
3. Esperar a que una galería te descubra
Es un mito que el trabajo de un artista sea solo producir y producir, esconder la obra y que el éxito llegue cuando un curador toque a su puerta o la galería de sus sueños le ofrezca representación. El mercado actual exige ser proactivo. Muchos artistas gestionan su propia carrera desde el inicio: manejan sus redes sociales, se postulan a residencias y bienales, van a eventos a conocer galeristas, organizan exposiciones independientes y construyen su propia comunidad sin esperar validación externa. Como resume el artista mexicano Abel Alejandre, radicado en Estados Unidos: “No esperes un salvador; tienes que esforzarte para tener éxito”.

4. Confundir las redes sociales con el alcance de una obra
“La verdad que vale la pena, todas estas redes, es absurdo no utilizarlas”, dijo la artista Marta Minujín en una entrevista con la revista Artishock. Se refería a usar Instagram para anunciar una nueva obra y conectar con la gente, y sus posibles compradores. Y sí, es válido, pero lo cierto es que una pieza puede funcionar muy bien en Instagram y perder fuerza cuando se presenta en una galería. Es decir, no confíes en los likes. También puede suceder lo contrario: hay obras cuya escala, duración o presencia física difícilmente caben en un post. Ubícate: las redes sirven para compartir procesos, anunciar exposiciones y encontrar público o galeristas. El problema aparece cuando cada decisión del artista comienza a responder a la cantidad de likes que podría generar. Es decir, el medio sobre el mensaje, el eterno dilema desde tiempos de la televisión. En el mundo del arte, la experiencia directa y real con una obra continúa siendo clave. Marina Abramović plantea una postura más radical: “Instagram no es arte y nunca lo será. Lo siento”, declaró en una entrevista con The Independent publicada el 4 de octubre de 2025 (traducción del inglés).
5. Acercarte a una galería sin conocer lo que hace
Antes de enviar un mail o presentarte, vale la pena visitar sus exposiciones, revisar a sus artistas y entender qué conversaciones sostiene la galería de tu interés. Ese estudio permite valorar si existe una afinidad y formular una propuesta ad hoc. Como aconseja la artista Bette Ridgeway en una consulta publicada por la Fundación Clark Hulings: “Investiga las galerías a las que deseas acercarte. ¿Encaja tu obra ahí»? Ese mismo interés se debe aplicar a posibles residencias, becas y espacios culturales. Más allá del romanticismo detrás del artista excéntrico y desubicado, si lo vemos fríamente, un artista está buscando una oportunidad profesional, y quien busca un “empleo” investiga a la empresa y sus ideales. Y eso también es un arma para el artista: el prestigio de un lugar puede resultar muy atractivo, pero también importan sus condiciones y su capacidad para acompañar el proyecto.

6. Esperar a que alguien te conceda permiso para ser artista
En una entrevista para Art21, la pintora estadounidense Kara Walker plantea que ningún diploma declara a alguien “artista”: una persona puede asumirse como tal y después descubrir cómo hacer su arte. Muchos artistas reconocidos se formaron fuera de las escuelas de Bellas Artes. Por ejemplo, la formación artística de Frida Kahlo fue principalmente autodidacta; el MoMA la incluye entre los artistas que aprendieron fuera de las escuelas formales de arte. No necesitas esperar a que una institución te otorgue el título para comenzar a producir.
7. Cambiar de lenguaje cada vez que algo no funciona
Experimentar es parte del proceso, pero abandonar un concepto porque no vendiste en tu primera muestra o porque no tuvo repercusión puede impedir que descubras hasta dónde podía llegar esa idea a la que le tienes fe (o eso pensábamos). Se vale casarse con una idea, ver hasta dónde llega y llevarla hasta sus últimas consecuencias.
Un ejemplo elocuente es el de la artista cubana Carmen Herrera, quien sostuvo durante décadas su investigación sobre la abstracción geométrica, las líneas y los contrastes de color. Herrera vendió su primera pintura en 2004, a los 89 años —vivió hasta los 106—, después de haber desarrollado un lenguaje que exploró durante medio siglo. Tarde, pero trascendente. Su pintura Blanco y Verde (1966–1967), realizada en acrílico sobre lienzo, se subastó en Sotheby’s en 2019 por 2.9 millones de dólares. «Paciencia, querida, paciencia», fue una de sus frases célebres.

8. Confundir una crítica a tu obra con algo personal
Mostrar una pieza también significa exponerse a la crítica. Es decir: no te lo tomes personal. No todos van a entenderla como tú esperabas y no toda observación negartiva significa que tus piezas no sean buenas. Escuchar puede ayudarte a distinguir entre una crítica fundamentada y una cuestión de gustos. Y, por supuesto, no tienes que gustarle a todo el mundo, ese es un error novato. Como comentó el pintor español David García en una entrevista en febrero de 2026: “En el momento en que expones algo te dejas evaluar… hay que aceptar las críticas y aprovecharlas para crecer”. Parte de construir un criterio propio consiste en distinguir qué crítica te ayuda a avanzar y cuál puedes dejar pasar.
9. No desarrollar un lenguaje propio
Hay artistas, incluso nuevos, cuya obra reconoces sin tener que buscar la firma o tener referencias. Los colores, los materiales o la manera de trabajar nos dicen quién está detrás de la pieza. Y hoy, que parece que todo esta dicho, eso es aún muy importante para destacar. En un universo de galerías conviene preguntarte qué distingue tus piezas. No se trata de inventarte un estilo de forma forzad, pero sí de encontrar una búsqueda que conecte con tu personalidad. Pensemos en la artista colombiana Doris Salcedo, quien transforma muebles y objetos cotidianos en obras atravesadas por la ausencia, la violencia y la memoria. Su lenguaje va más allá de una técnica común y tiene que ver en cómo trabaja los materiales para hablar de aquello que ya no está presente. Tener un lenguaje propio no significa repetirte, sino que tus decisiones tengan algo que ver con un sello como artista.
9. No desarrollar un lenguaje propio
Hay artistas, incluso nuevos, cuya obra se reconoce sin tener que buscar la firma o tener referencia alguna. Los colores, los materiales o la manera de trabajar nos dicen quién está detrás de la pieza. Y hoy, que parece que todo está dicho, eso es aún muy importante para destacar en la selva del arte contemporáneo. En un universo de galerías conviene preguntarte qué distingue tus piezas. No se trata de inventarte un estilo de forma forzada, pero sí de encontrar una búsqueda que conecte con tu personalidad. Pensemos en la artista colombiana Doris Salcedo, quien transforma muebles y objetos cotidianos para hablar de la ausencia. Su lenguaje va más allá de una técnica común y tiene que ver con cómo trabaja los materiales. Tener un lenguaje propio no significa repetirte, sino que se reconozca algo tuyo en lo que haces.

10. Atribuirlo todo a la inspiración
Una buena idea puede ser el comienzo, pero la inspiración no lo es todo. Hay que probar materiales, descartar lo que no funciona y, muchas veces, romperlo todo y comenzar de nuevo. Esperar a sentirte inspirado para producir puede convertirse en un pretexto para nunca avanzar. Como dijo Pablo Picasso: “La inspiración existe, pero debe encontrarte trabajando”. ¿Qué porcentaje es inspiración y cuánto es trabajo? No hay una fórmula real, pero las horas de práctica también generan ideas y la prueba y error da como resultado, piezas completas que quizás nunca hubieran visto la luz. No todos los días vas a tener una revelación frente al lienzo en blanco, a veces toca avanzar, corregir y ver qué sucede. La inspiración puede darte una idea; llevarla hasta sus últimas consecuencias requiere trabajo, porque no siempre las musas están tan comprometidas y necesitan un pequeño (o gran) empujón.
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