Altar dedicado a Pedro Friedeberg en el Centro Cultural Ignacio Ramírez “El Nigromante”, en San Miguel de Allende. La ofrenda reúne un retrato del artista, flores, velas y objetos distribuidos en distintos niveles.

Pedro Friedeberg: un altar y una visita surrealista a “Hilaridad y melancolía”

Alejandro Mancilla Autor: Alejandro Mancilla Fecha:

Un Día de Muertos en San Miguel de Allende puede convertirse en una experiencia surrealista. Si se encuentra el lugar indicado. Esta vez, la ruta de Google Maps y de la curiosidad nos lleva al Museo Centro Cultural Ignacio Ramírez “El Nigromante”. Ahí, una exposición dedicada a Pedro Friedeberg convive estos días con un evocador altar en su honor, que seguro le encantaría (o le encanta si nos está viendo desde el Mictlán).

Retrato de Pedro Friedeberg al centro de una ofrenda con flores de cempasúchil, velas, calaveras y objetos decorativos.
Memoria y Día de Muertos en el Centro Cultural Ignacio Ramírez “El Nigromante”, sede de Pedro Friedeberg. Hilaridad y melancolía. Foto: El Nigromante.

Pedro Friedeberg. Hilaridad y melancolía

Presentada el 28 de octubre y disponible hasta el 1 de noviembre, la ofrenda dedicada a Friedeberg reúne las coordenadas necesarias para recordar al artista y acercarse a esta celebración. Todo, desde una mirada afín a la imaginación desbordada que caracterizó su extraño e imponente trabajo.

Y sí, nomás llegar, la primera revelación es que valió la pena caminar de subida por ese camino empedrado en el centro de San Miguel de Allende para sumergirse en esa atmósfera tan particular (cuando sales a la luz del día, sientes que acabas de salir del cine). Así se logra prolongar la visita por las salas de Pedro Friedeberg. Hilaridad y melancolía. El arquitecto, diseñador y artista plástico conceptual, fallecido este año en la misma ciudad guanajuatense, recibe un invaluable homenaje que permite descubrir tanto su universo creativo como las huellas de su vida cotidiana en la localidad.

El homenaje de San Miguel de Allende a Friedeberg

Una elocuente guía nos explica que lo que veremos forma parte de una exposición distribuida en tres espacios de la ciudad. “¿Por qué les digo módulo? Porque fue una exposición que se pensó para tres sedes diferentes, como un homenaje de San Miguel de Allende a Friedeberg”, aclara.

El recorrido completo se extiende hasta la Galería Casa Diana, la galería de la familia del artista, ubicada en Recreo 48, y la Casa del Mayorazgo de la Canal, en Canal 4. En conjunto, la muestra reúne más de 500 piezas realizadas a lo largo de siete décadas, procedentes de la Fundación Pedro Friedeberg, de las galerías CAM y Saenger, de la Ciudad de México, y de colecciones privadas. El Nigromante es la sede más grande y alberga casi 250 obras.

Bajo la curaduría de Michel Blancsubé, la exposición propone entrar en un mundo donde conviven la arquitectura, el esoterismo, la literatura, la música, la ornamentación y el enciclopedismo. El humor negro, propio del artista, también está presente. Escucho a una de las visitantes decir: “Me gusta esta obra, pero nunca la llevaría a mi casa”. Seguro que Friedeberg estaría orgullo si la oyera (o quizás nos vaya siguiendo, invisible, midiendo las reacciones de los visitantes…).

Cuatro obras de Pedro Friedeberg con formas ramificadas en morado, rojo y rosa, y marcos de franjas amarillas y negras
Color, geometría y extrañeza en Pedro Friedeberg. Hilaridad y melancolía. Foto: AW Magazine.

El artista que venía a leer y pasear

La exposición también permite acercarse al vínculo cotidiano de Friedeberg con San Miguel de Allende. En El Nigromante se recuerda no solo al artista amigo de Leonora Carrington y Remedios Varo. También al hombre común y corriente que llegaba a sentarse, leer y pasear.

Al artista que se integró a la vida comunitaria y que, durante dos años consecutivos, colaboró con la escenografía de las pastorelas navideñas del centro cultural como un vecino más.

“Le debemos mucho”, nos dice nuestra guía. Sus palabras dejan ver la confianza y el cariño con los que todavía se habla de Friedeberg en el recinto. Esa cercanía adquiere una dimensión especial frente al altar, organizado en conjunto con su familia. Ahí,  la memoria de un creador se visibiliza con sus visitas, sus conversaciones y su disposición a participar en la vida de la ciudad.

Altar de varios niveles dedicado a Pedro Friedeberg, junto a una figura de gran formato con traje negro y sombrero de copa.
Detalle de la ofrenda a Pedro Friedeberg en el Centro Cultural Ignacio Ramírez “El Nigromante”, como parte del homenaje Pedro Friedeberg. Hilaridad y melancolía. Foto: El Nigromante.

Qué ver en la muestra de Friedeberg

La magia de Friedeberg ocupa las cinco salas de exposición, apenas el espacio suficiente para contener tan vasta obra que se desborda por las parades. La primera propone una entrada envolvente con Portal multidimensional, una instalación lumínica que recurre al videomapping para crear un ambiente a partir de patrones, símbolos y simetrías presentes en su imaginario.

La intención, explica la guía, es “preparar el ánimo de los visitantes y ofrecer a los más jóvenes, especialmente a los niños, una primera conexión con su obra”.

En la segunda sala, el recorrido continúa con una amplia selección de obra gráfica realizada mediante distintas técnicas, tan variadas como los estados de ánimo del artista. Incluso hay un autorretrato y muchas piezas que podrían ser perturbadoras si no se conociera la biografia mínima del artista. Era sumamente excéntrico e irónico. Se burlaba abiertamente de la seriedad del mundo del arte, de la política y del mismo funcionalismo arquitectónico en el que mucha de su obra se basaba, deconstruida, claro.

Escultura de una torre alta formada por módulos arquitectónicos, rodeada de obras gráficas en una sala abovedada.
Torre filarete (2da versión), 2024, madera tallada y policromada con hoja de oro. Foto: AW Magazine.

Geometría, esoterismo y una mano para sentarse

La influencia de la geometría y el esoterismo se encuentra con la estridencia visual y el humor negro. Hay una exageración en las piezas, sí. Y también una insolencia declarada que también aparece en consignas como “Abajo la educación”, entre otras frases presentes en algunas de sus piezas.

¿Qué decir de sus reconocibles sillas con forma de mano abierta, concebidas como un objeto cotidiano y una escultura absurda al mismo tiempo? Sentarse, en el mundo de Friedeberg, puede convertirse en una manera de habitar en la imaginación del artista.

Dos sillas con forma de mano abierta, una amarilla y otra roja, en un corredor de arcos de piedra.
Una mano para sentarse: diseño y humor en Pedro Friedeberg. Hilaridad y melancolía. Foto: AW Magazine.

Aunque incluye distintas etapas de su trayectoria, el módulo en El Nigromante presta particular atención a sus últimos años de producción, con el texto, la geometría y la perspectiva como ejes de una exploración constante.

Entrar en su casa-taller

Las salas tres y cuatro ofrecen un acercamiento más íntimo. Preparados con la participación de su familia, estos espacios reúnen fotografías, cartas, escritos y material audiovisual. Elementos que permiten conocer aspectos personales de su vida en San Miguel de Allende.

Incluso es posible ver una recreación de su extravagante escritorio y de algunos elementos de su casa-taller. Como la chimenea, muebles de su propia creación y una representación del estudio donde pintaba, escuchaba música clásica y leía. La exposición busca recuperar algo de aquella experiencia de visita, cuando las distintas artes encontraban un lugar en su rutina y después aparecían transformadas en obras de arte.

Recreación del espacio de trabajo de Pedro Friedeberg, con escritorio, dibujos, pinceles, lápices y sillas de colores.
Recreación del estudio con obras en proceso que quedaron inconclusas. Foto: AW Magazine.

Las dimensiones del trabajo de Friedeberg

Además, se exhiben cartas que escribió a amistades entrañables de San Miguel, objetos siempre acompañados de pequeños dibujos y detalles que convierten una simple misiva en una pieza. Estos objetos, fueron prestados por los destinatarios de tan personales cartas, a quien, cuenta la guía, «hubo que convencer de que se tratarían con sumo cuidado» .

La quinta sala reúne pintura, escultura y mobiliario. El recorrido permite reconocer cómo sus inquietudes pasaban de una superficie a otra: del dibujo al objeto, de la perspectiva imaginada a un mueble que podía ocupar un rincón de una habitación y destacar.

Mueble multicolor de respaldo geométrico frente a una chimenea decorada con dos palmeras.
Recreación de la sala. La chimenea, el sillón de manos y corbatas, la mesa y el espejo fueron diseñados por el artista. Foto: AW Magazine.

Durante estos días, el altar dedicado a Friedeberg añade otra forma de acercarse a su presencia. Hasta el 1 de noviembre, la ofrenda permite enlazar la visita con el Día de Muertos y recordar a un artista cuyo humor y fascinación por lo insólito siguen encontrando interlocutores. Afuera espera San Miguel de Allende; adentro, todavía podemos demorarnos en las variadas y eleocuentes dimensiones de don Pedro.

Cuándo y dónde visitar la exposición

Pedro Friedeberg. Hilaridad y melancolía permanece abierta del 10 de octubre de 2026 al 28 de febrero de 2027, de 10:00 a 18:00 horas en el Centro Cultural Ignacio Ramírez “El Nigromante”, en Hernández Macías 75 y en las otras sedes mencionadas.

La entrada a los recintos y las actividades es libre. La exposición cuenta con un programa público para todas las edades, que incluye recorridos nocturnos en el marco de la Noche de Museos. Para conocer las actividades, se pueden consultar las redes sociales del Centro Cultural El Nigromante. 

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Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla

Alejandro Mancilla/ Jefe de Redacción. Ha escrito en Vanity Fair, GQ, Travesías, Vice, AD Architectural Digest, Marvin, Vogue, Nexos y Playboy, entre otros; fue editor en Círculo Mixup y Televisa; es autor del libro de ensayos [de]generación de cristal. Es fan de los Cocteau Twins y cuando no escribe, es DJ y productor. No le gusta el karaoke.