El arquitecto, conferencista y docente Luciano Kruk es una de las figuras más reconocidas de la arquitectura argentina. Con una arquitectura profundamente vinculada al paisaje, Luciano Kruk ha desarrollado un lenguaje propio en el que el hormigón, la luz y el recorrido son protagonistas. Platicamos con el arquitecto sobre su manera de entender su obra, la relación entre arquitectura y entorno y la búsqueda constante por evolucionar sin convertir un estilo propio en una fórmula.

Ha sido profesor invitado en la Universidad Politécnica de Madrid (ETSAM), la Universidad de Venecia (IUAV), la UNIVALI de Santa Catarina y la USJT de São Paulo, Brasil, así como en distintas universidades argentinas. Además, ha impartido seminarios y conferencias en Argentina, Brasil, México, España e Italia. Pero, para Kruk, cada nuevo proyecto significa una nueva emoción: “Yo me dedico a cambiar las realidades. Las realidades de un sitio. Así que me sigo emocionando con cada nuevo trabajo, con poder empezar algo nuevo, con buscar tratar de hacer lo mejor y lograr algo que a mí me resulte movilizador», asegura.
Luciano Kruk: un estilo identificable
Cuando se cuenta con un sello particular, la existencia de una fórmula podría parecer inherente: “Creo que escapar por completo de eso es imposible, siempre va a haber una fórmula. No es que sea una fórmula tal cual, sino una manera de procesar las cosas. Pero uno puede ir buscando nuevas cosas que tengan que ver con los sistemas para construir, con las formas en que se percibe la arquitectura. Eso se logra mirando mucha arquitectura o lo que hay en otras artes, para no quedar detenido de alguna forma”.
La arquitectura de Luciano Kruk puede leerse como una reinterpretación cálida y habitable de ciertos principios brutalistas. La contundencia del hormigón convive con la luz, el paisaje y espacios pensados para ser habitados. “El hormigón es el material por el que, de alguna forma, se me ha conocido a partir de las obras que he hecho”, afirma.

La escuela arquitectónica argentina
Su obra se inscribe también en una tradición reconocible de la arquitectura porteña. Pero ¿existe una arquitectura propia de Buenos Aires? “Sí, creo que la hay. Si uno recorre la ciudad, la reconoce. Tiene su escuela, su forma de hacerse y es de bastante buena calidad. Y ahí me inscribo, dentro de esa escuela. Si bien por ahí no hay tanta referencia en Argentina de obras de hormigón, por lo menos no la había tanto hace 20 años; hoy sí, hoy eso ha cambiado. Lo que sí es que hay una línea que tiene que ver con la enseñanza académica, con las universidades, que uno puede entender que está, que trabaja con esa influencia desde siempre y, por supuesto, también con la influencia internacional del movimiento moderno y de lo que conocemos como la arquitectura moderna”.
En la Argentina contemporánea, la obra es básicamente privada; hay poca obra pública. Entonces, hay una obra homogénea, no hay una obra estridente: “Hay varios autores de mucha calidad que, de alguna manera, arman la ciudad de Buenos Aires, que sigue creciendo, que se sigue construyendo”, reconoce.

Otro de los cruces que pueblan su trabajo es la relación del entorno con el recorrido: “Sí, eso está en todos los proyectos. Busco, o me lo imagino así, lo pienso así desde un primer momento: el recorrido desde que uno descubre la obra hasta que se mete y cómo va percibiendo ese recorrido, paso a paso, en cada uno de los lugares, desde los exteriores a los interiores”.
«Una de las cosas que me mueven es ir enmarcando diferentes puntos de vista del exterior o crear interiores donde un espacio mire a otro, en un recorrido completo para ir descubriendo la obra»
Uno de los desafíos es intervenir paisajes con cierta fragilidad, como una duna: “Sí, he hecho varias construcciones en la costa de Argentina, en la costa del océano, a 350 kilómetros de Buenos Aires hacia el sur, que tenemos un paisaje de dunas. Y sí, ahí lo que busco es que la construcción trabaje con cierto cuidado del paisaje; son objetos arquitectónicos pensados para convivir en armonía con esos paisajes, con los paisajes de las dunas, de la vegetación marítima, de los cielos, de la vista del océano».

Arquitectura: Entre lo emocional y la resolución del habitat
Trabajar como docente universitario y ofrecer ponencias internacionales también lo hace crecer: «Sí, porque me hago preguntas. Siempre aprendo de mis colegas. Si bien el trabajo es bastante solitario, porque uno trabaja con sus proyectos en la soledad, dentro de su equipo, de su estudio, de su oficina, también hay un aprendizaje de todos los demás; dar conferencias lo que me hace es repreguntarme qué estoy haciendo, ¿qué me provoca a mí? ¿qué le provoca a los demás?».
Pero también reconoce que no todo tiene una respuesta: «Son temas que tienen que ver con lo emocional, con la subjetividad, lo sensorial, cómo alguien disfruta de ciertas cosas. Yo considero que la arquitectura no está destinada a ser un arte, pero puede llegar a serlo en ciertas ocasiones. Donde vemos una arquitectura que luego reconocemos y recordamos y referenciamos, ahí claramente lo es por llegar a ser una obra de arte. Pero en el trabajo del día a día, de lo que es resolver el problema de la construcción, del hábitat”.

Actualmente, Luciano Kruk continúa explorando nuevas formas de habitar en distintos paisajes. Recientemente finalizó un edificio de departamentos en San Martín de los Andes, Patagonia, y comienza el proyecto de una nueva vivienda en la zona del Delta de Buenos Aires para un antiguo cliente. Dos escenarios diferentes que amplían una trayectoria marcada por el diálogo entre arquitectura, entorno y forma de vida.
Fotografías: Daniela Mac Adden. Cortesía de: Luciano Kruk Estudio.
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