Performance es el nuevo muralismo es un retablo monumental de 14 metros de altura creado por el artista mexicano Pepx Romero. Compuesta por 23 paneles de acrílico sobre manta cruda, la obra ocupa el presbiterio del Museo Ex Teresa Arte Actual, en la Ciudad de México. El objetivo: recuperar tres décadas de historia del performance y el arte no convencional en el país a través de figuras como Mónica Mayer, Teresa Margolles, Santiago Sierra y Guillermo Gómez-Peña. La pieza podrá visitarse durante todo agosto.
Platicamos con Pepx Romero —cuyo trabajo se ha presentado en espacios y festivales como el Palais de Tokyo, Cumbre Tajín y Festival Kuir; en 2021 recibió la beca de Investigación de Fundación Jumex Arte Contemporáneo— durante uno de sus recesos de trabajo en el museo, con el retablo a sus espaldas.

El balance entre muralismo y performance
Performance es el nuevo muralismo, ¿qué detonó la idea y la analogía?
Esa pieza se pensó hace más de un año, justamente con la administración de Valeria Macías. Me inspiró el lugar, o sea, el presbiterio del Exteresa, que históricamente es un espacio que no había intervenido de esa manera. Entonces, creo que la propia arquitectura del lugar fue la que me inspiró y lo que me ayudó para hacer este balance con el muralismo, que es algo tan fuerte en el imaginario y el arte nacional, y con el performance, que muchas veces se ve como algo muy débil.
¿A qué te refieres con débil?
Lo digo en el sentido de que no está todavía dentro de las oficialidades del arte, cosa que sí sucede con la escultura o con la propia pintura. El performance, de hecho, parte de la negación de la pintura: es ahí donde empiezo con este juego de palabras entre el performance y el muralismo, que representa el hecho de enfrentarse a un lienzo en blanco.

Y también veo que lo articulas un poquito como hacer “mala pintura”, como una especie de venganza a la tradición.
Sí, mi formación es una formación meramente histriónica; vengo de la Escuela Nacional de Arte Teatral; poco después me volco hacia el performance. Pero hay un punto en el que noto que el performance se agota tanto a nivel de mercado como a nivel de circulación, como a nivel de institución, y es ahí en donde empiezo a tomar el lienzo y el pincel, justamente como en esta operación de ir hacia lo que me faltó, que fue justamente el arte plástico.
¿Cómo llegas a ese punto? ¿Qué te hizo mirar hacia la pintura?
Fue porque me costó mucho tiempo darme cuenta de que el performance, en realidad, es algo que viene del arte plástico y no del arte teatral. Lo aprendí a la mala, entendiendo que los malos performers somos aquellos que venimos del teatro. Creo que entender el performance desde lo teatral es una contradicción en sí misma; es caer totalmente en una cuestión que tiene que ver con la ficcionalidad, cuando en realidad el performance viene de una cuestión meramente plástica. Entonces, ahí yo estoy rellenando ese vacío que tenía en mi carrera como performer: entender lo plástico.

¿Qué te inspiró en ese sentido?
Parte de esa inspiración fue el trabajo de Juan José Gurrola. Gurrola venía principalmente del teatro, después se va hacia el performance y luego hacia las artes plásticas. Estudiando su arte, que es un arte muy outsider, es que yo empiezo a entender la ruptura que él hace desde las artes escénicas hacia las artes plásticas.
«La comunidad de las artes escénicas ha tratado de apropiarse a más no poder del performance, un espacio que no le corresponde al teatro»
Tu obra Mexique, 2022, que causó polémica porque lamías y besabas piezas prehispánicas del Museo Nacional de Antropología, ¿dialoga de alguna manera con Performance es el nuevo muralismo?
Sí, tiene mucho que ver con esta pieza. Mucho de mi trabajo tiene que ver también con llevar el performance a otros espacios. En ese momento, seis meses después de haber presentado ese proyecto, es que yo entro al mercado internacional del arte contemporáneo con pintura por primera vez, realizando justamente mis primeras piezas que empiezan a circular en el mercado, que son las imágenes de yo besando a las piezas prehispánicas en lienzo sobre óleo. Es ahí donde empieza a haber como un interés por parte del mundo del arte por mi trabajo pictórico. Obviamente, ahí yo hago eso como una estrategia para poder entrar al mercado, porque el performance justamente es un espacio muy difícil para poder entrar al mercado, para poder mercantilizarse, y la pintura es lo que tradicionalmente más quiere el coleccionista.

Performance es el nuevo muralismo y cómo el performance permite todo
De las figuras que aparecen representadas en Performance es el nuevo muralismo, ¿qué representan para ti? No sé, Teresa Margolles y los demás.
Todas las personas que aparecen en el retablo Performance es el nuevo muralismo son imágenes del archivo documental del Exteresa. El museo es por excelencia el único museo de performance en toda Latinoamérica, incluso en América. En todo el continente americano, el Exteresa es único en su tipo porque fue un museo que fue creado para albergar el arte del performance y el arte sonoro. Lamentablemente, en los últimos días o en las últimas actividades que ha tenido el Exteresa, se ha perdido mucho ese tema. Por eso, mi objetivo fue rendir un homenaje a la realidad de donde viene el museo Exteresa Arte Actual, que es meramente un espacio que fue utilizado y que fue tomado por un grupo de performers en los años 90 para poder institucionalizar esta práctica.
¿Consideras que el performance mantiene todavía esa carga transgresora de crítica?
Yo creo que actualmente hay una crisis dentro del performance. Justamente mi crítica va un poco hacia eso. Actualmente, el mercado del arte contemporáneo o las ferias presentan obras sin contenido, cuando el performance en Latinoamérica es una tradición meramente política. No se puede hablar del performance latinoamericano como se habla del performance europeo o el performance estadounidense.
¿Cuál es la diferencia más importante?

El performance latinoamericano tiene su propia lógica, que viene desde la protesta, que viene desde las revueltas sociales, que viene desde otro lugar y que no viene justamente desde una cuestión en la cual se blanquea el performance. Actualmente estamos viviendo justo este blanqueamiento del performance, que en su ambigüedad lo permite todo; mucha gente cree que puede hacer cualquier cosa y llamarlo performance. Y sí, quizás sí se le puede llamar performance a cualquier cosa, pero eso es lo que ha causado justamente su despolitización.
¿En dónde es el espacio natural para el performance latinoamericano, entonces?
Es en la vida nocturna, y todavía lo sigue siendo, en donde los cuerpos, a partir del placer y el gozo, es donde están performando, donde realmente puedes ver verdaderos brillos de performance, en donde tiene que ver más con la cuestión del gozo, lo político y la denuncia, y no desde una cuestión meramente artística y meramente intelectualoide.
Finalmente, ¿qué te gustaría que se cuestionara una persona que vaya a la muestra? Una persona que, a lo mejor, no haya visto performance en toda su vida o no haya estado expuesta a este tipo de arte.
Justamente, me interesa que este dispositivo funcione como un acercamiento al arte del performance. Creo que muchas veces es difícil entender qué es el performance, sobre todo cuando se tienen los primeros acercamientos a este tipo de arte. Un dispositivo como este retablo y estas pinturas nos permite observar y acercarnos a una historia.
Además, también estoy teatralizando la historia de este espacio, la historia del museo. Me gustaría que la gente, a partir de la muestra, se preguntara por la importancia que ha tenido este museo para el performance en México.
Performance es el nuevo muralismo podrá visitarse durante todo agosto en el Museo Ex Teresa Arte Actual, ubicado en Lic. Verdad 8, Centro Histórico de la Ciudad de México. Consulta la programación y horarios del museo antes de tu visita.
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