Los cinco integrantes de Fricción posan juntos en una fotografía de la banda.

«Arquitectura moderna»: la historia detrás de Fricción, el grupo argentino de culto

Alejandro Mancilla Autor: Alejandro Mancilla Fecha:

Arquitectura moderna: La historia de Consumación o consumo (Vademécum, 2026), escrito por el periodista y escritor argentino Diego Giordano, relata el inicio del disco debut del grupo Fricción, liderado por Richard Coleman. El libro cuenta la historia de un momento que pudo ser más grande y, entre otras revelaciones, desentraña qué sucedió para que Fricción se convirtiera en grupo de culto y no explotara masivamente. Platicamos con el también autor del volumen Uniendo Fisuras —sobre el disco Signos de Soda Stereo— quien se conecta desde Rosario, Argentina.

Portada de Consumación o consumo, primer álbum de Fricción, con una imagen en tonos azules y el nombre de la banda en la parte superior.
Portada de Consumación o consumo, primer álbum de Fricción. Foto: Creative Commons.

Prologo para una historia que ya no existía

Personalmente, ¿a qué le atribuyes que Fricción sea considerado un grupo de culto y no haya explotado como muchos de sus contemporáneos?

Fricción tuvo, primero, muchas formaciones en poco tiempo. La primera era un cuarteto con Gustavo Cerati, Fernando Samalea, Christian Basso y Richard Coleman. Cuando están por empezar a grabar el primer disco, Cerati, por su apretadísima agenda de conciertos con Soda Stereo, les avisa que no puede seguir. Y Coleman, en una sabia decisión, se da cuenta de que no puede reemplazar a Gustavo Cerati. Entonces opta por ampliar la paleta sonora del grupo con un saxofón y una cantante que podía tocar teclados. Pero ¿qué pasa? Había muy poco tiempo antes de entrar al estudio, o sea que esa formación no tuvo ensayo y tampoco tuvo un ensamblaje humano. Y se suman muchas cuestiones que tienen que ver con la juventud de los integrantes. Había tironeos internos dentro de Fricción porque, en paralelo a que entran a grabar su disco y empiezan a tocar, Charly García se lleva a Christian Basso, a Fernando Samalea y a Richard Coleman para que integren su banda. La agenda de conciertos de Fricción quedaba completamente condicionada a la agenda de Charly. No habían pasado seis meses de la grabación del disco y la banda ya no existía.

¿El tema de la producción y el liderazgo de Coleman tuvo que ver?

Cerati iba a ser el productor artístico del álbum y tampoco puede hacerlo; solo termina grabando guitarras en algunos temas. Entonces Coleman asume la responsabilidad de producir artísticamente el álbum y, tal como me confesó —y está en el libro—, fue bastante despótico, según lo reconoció él mismo. Todas las decisiones pasaban por él, tenía la última palabra. Lo cual a mí no me parece alocado: era su grupo, eran sus canciones y él era el productor del disco, aunque quizá las maneras no fueron las mejores. Después empieza a haber tironeos entre la agencia de contrataciones que manejaba a Fricción y la compañía discográfica.

El gran malentendido sobre Fricción

¿Sentían que había una competencia o rivalidad con Soda Stereo, que también era parte del grupo?

Para mí ese es el gran malentendido que rodea a Fricción. Coleman tenía muy claro que Fricción no era una versión alternativa de Soda Stereo; era un grupo mucho más hermético.

¿La situación económica de la Argentina en esos años fue un factor determinante para el alcance de Fricción?

La Argentina entra en un periodo de hiperinflación que termina destruyendo la carrera de un montón de artistas y grupos. Las compañías discográficas empiezan a cancelar los contratos a las bandas que no vendían tanto o que estaban arrancando, y privilegian los contratos de Charly García, de Soda Stereo, de los músicos más vendedores. Don Cornelio y La Zona es otro grupo que padeció lo mismo: llegó a grabar dos discos del contrato de tres que tenía. Fricción igual. Hubo muchos factores que incidieron en que el grupo tuviera una vida tan accidentada y corta. Si escuchas el primer disco de Fricción, Consumación o consumo, encontrás un hit con suerte, o dos, y después canciones muy enrevesadas y herméticas. A Coleman le gusta llamarlo un «pop obtuso». La compañía y la agencia creían que podían posicionarlo como una especie de Soda Stereo B, así que lo llevaban a los mismos lugares. Coleman tenía carisma, pero no quería ser Cerati ni tener esa relación con el público.

Portada del libro Arquitectura moderna. La biografía de Consumación o consumo, el primer álbum de Fricción, de Diego Giordano.

Portada del libro Arquitectura moderna. La biografía de Consumación o consumo, el primer álbum de Fricción, de Diego Giordano. Foto: Cortesía del autor.

Arquitectura Moderna: el libro y el disco que incluye la canción homónima

¿Por qué elegir Consumación o consumo en vez de su siguiente disco, que fue un poco más conocido?

A mí me gusta mucho Para terminar, más que Consumación o consumo, pero decidí contar la historia de Consumación o consumo porque su génesis es extraordinariamente rica. Comienza con Coleman y Gustavo Cerati juntándose a mostrarse canciones entre 1983 y 1984, cuando Richard Coleman pasa brevemente por Soda Stereo. Él va a la sala de ensayos porque se entera de que los Soda querían probar a un segundo guitarrista para ser un cuarteto. Coleman toca con ellos cuatro o cinco ensayos y les dice: «Ustedes son un trío, siento que estoy de más». Se va de Soda Stereo, pero queda una relación muy cercana con Cerati y se empiezan a mostrar temas en el departamento de Richard.

¿Cómo abordas un libro sobre un grupo de culto sin que necesariamente se convierta en un texto reducido?

El destino de un libro es inmanejable; uno nunca sabe qué va a pasar cuando sale a la venta. Mis amigos me hacen chistes y me dicen que cada libro mío es más corto que el anterior, porque suelo escribir de manera muy sintética y accesible. Eso me lo dio la formación profesional de trabajar diez años en un diario: escribir para que lo entienda todo el mundo, sin excesos ni ornamentaciones.

Prohibir la música en inglés

Tanto Fricción como Soda o Cerati abrazaron la música anglosajona en un momento que todavía era sensible por la guerra de las Malvinas.

El tema de las Malvinas es curioso. Mientras se desarrollaba el conflicto y en los momentos posteriores, en los pubs porteños tocaba Sumo y Luca Prodan cantaba en inglés sin ningún problema. Hubo algo que fue, como toda medida tomada por una dictadura, absolutamente ridículo: prohibir la música en inglés en las radios cuando comenzó el conflicto bélico. Pero la Argentina e Inglaterra tienen una relación ambivalente: por un lado muy tensa y por el otro muy cercana. Basta con ver lo que pasó con el partido en el Mundial de 86: para Argentina esa era la final del mundo. Sin embargo, en el rock, los Rolling Stones son la banda más popular que hay en el país; vienen y llenan estadios. A ellos les gustaba XTC, cuyos discos eran del 82 o 83. Coleman tuvo la suerte de viajar a Europa en el 81 y volvió con cassettes de The Clash, Peter Hammill… Cerati se había puesto de novio con una chica belga que también venía de Europa con muchísimos discos. Manejaban información muy sofisticada para la época. En aquel momento, si querías un disco importado, primero tenías que enterarte de la existencia de un grupo como Cocteau Twins, e ir a una disquería especializada y esperar tal vez ocho meses hasta que llegara.

Retrato de Diego Giordano con chaqueta negra frente a un fondo oscuro.
Diego Giordano, autor de Arquitectura moderna. Foto: Por Maxi Conforti. Cortesía del autor.

El libro también habla de ese momento en que se rompió con el pasado, con la moda y los estilos previos.

Lentamente, pero con mucha convicción, Virus fue el primer grupo que rompió con eso, aunque le costó muchísimo (les tiraban piedras, tomates, naranjas). El grupo más popular de la renovación del rock argentino fue Soda Stereo, no hay duda de eso, pero nada de lo que consiguió Soda hubiera sido posible sin Virus, porque Virus pavimentó ese camino.

Más que iuna historia de Fricción

Para el libro, ¿platicaste con Coleman y con quién más?

Hablé con muchísima gente. Con todos los del grupo menos con Fernando Samalea, que no quiso participar. Creo que fueron más de 30 entrevistas; hablé incluso con el diseñador gráfico y con el fotógrafo de la edición del disco, que aportan datos geniales. No es solo la historia de Fricción, sino el proceso creativo que desemboca en el disco.

Finalmente, ¿qué te reveló explorar tan profundamente ese momento?

Lo hablaba con Roque Di Pietro, el editor del libro, y me decía que pasa algo parecido a lo que ocurrió con el libro sobre Don Cornelio y La Zona: como son bandas que se disolvieron hace mucho tiempo, quedaron congeladas en ese instante y no hubo más material sobre ellas. Escribir sobre esto es volver a ver con los ojos de hoy aquello que me fascinó por primera vez.

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Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla

Alejandro Mancilla/ Jefe de Redacción. Ha escrito en Vanity Fair, GQ, Travesías, Vice, AD Architectural Digest, Marvin, Vogue, Nexos y Playboy, entre otros; fue editor en Círculo Mixup y Televisa; es autor del libro de ensayos [de]generación de cristal. Es fan de los Cocteau Twins y cuando no escribe, es DJ y productor. No le gusta el karaoke.