Sorondo Projects nació en Barcelona con la intención de acompañar a artistas emergentes y generar un espacio de encuentro donde la identidad, la pertenencia y el proceso creativo son el eje. Ubicada en la calle Trafalgar 32, en el límite del distrito de Ciutat Vella, muy cerca de El Born y de la estación de Arc de Triomf, la galería ha consolidado un programa enfocado en prácticas contemporáneas, con especial atención a artistas latinoamericanos. En esta entrevista con Art Weekends, la galerista fundadora Juliana Sorondo reflexiona sobre la exposición El calor de otros soles, el papel del arte en la construcción de comunidad y la manera en que las prácticas latinoamericanas dialogan hoy con la escena internacional y con la solidaridad que trasciende las fronteras.

El calor de otros soles: una exposición sobre migración y pertenencia
¿Cómo nace la idea o iniciativa de crear el concepto El calor de otros soles?
El calor de otros soles nace de una reflexión muy personal, pero también muy compartida, sobre lo que significa desplazarse y construir una vida lejos del lugar de origen. La idea parte de entender la migración no solamente como una ruptura o una pérdida, sino también como un proceso de transformación.
En la obra se percibe tanto la nostalgia, como la idea de rompimiento y de nuevos sentidos de pertenencia…
Es que cuando una persona se va, no deja atrás todo lo que era. Hay cosas que permanecen, otras que cambian y otras que aparecen a partir de ese desplazamiento. El título hace referencia a esa idea de encontrar calor en otros lugares, en otras personas, en otras comunidades. Me interesaba hablar de la experiencia de estar entre varios lugares y de cómo, desde esa posición, también podemos construir nuevas formas de pertenencia.

El calor de otros soles y la nostalgia como provocación
Bueno, en la ficha de la muestra se menciona que El calor de otros soles no apela justo a la nostalgia, sino a lo que continúa. ¿Qué busca provocar o cambiar con esa perspectiva?
Creo que busca cambiar un poco la manera en la que entendemos la migración y la idea de pertenencia. Muchas veces hablamos de las personas que migran desde la pérdida, desde aquello que dejaron atrás. Y aunque esa pérdida existe, también hay una enorme capacidad de construir, de adaptarse y de crear nuevas formas de vida.
¿La referencia de la muestra con el libro The Warmth of Other Suns implica también adoptar su lectura sobre las estructuras de poder que impulsan la migración?
La referencia al libro de Isabel Wilkerson es importante porque nos recuerda que las migraciones nunca ocurren en un vacío. Hay estructuras políticas, económicas y sociales que determinan quién puede moverse, quién tiene que hacerlo y en qué condiciones. Pero la exposición no busca ilustrar directamente esas estructuras, sino acercarse a cómo esas realidades se viven desde lo íntimo y lo personal. Me interesa esa tensión entre lo individual y lo colectivo.
Experiencias individuales, historias compartidas
El calor de otros soles reúne las obras de cuatro jóvenes fotógrafos latinoamericanos —Fabiola Ferrero, Marisol Méndez, Silvana Trevale y Daniel Santolo Franco— que actualmente radican en Europa.
¿Cada artista de los que participan en la muestra se basó en esa premisa o concepto o partió desde su propia visión?
Cada artista parte de una experiencia particular, pero esas experiencias hablan también de algo mucho más amplio. El desplazamiento puede ser una decisión, una necesidad, una consecuencia de la violencia o simplemente una búsqueda. Y, en todos los casos, transforma la manera en que entendemos el lugar al que pertenecemos.

Marisol Méndez y las narrativas de la diáspora latinoamericana
¿Qué aspectos de la práctica de Marisol Méndez consideraron fundamentales para integrarla a El calor de otros soles?
En el caso de Marisol, la historia es muy bonita. Nos conocimos en persona en Paris Photo, cuando vino a visitarnos al stand, y me comentó que le gustaba mucho lo que hacíamos. Para mí fue un encuentro muy especial entre galerista y artista, sobre todo porque sentí que compartimos intereses y una sensibilidad muy honesta. Cuando investigué más sobre su obra, me resultó muy grato encontrar cómo aborda temas profundamente complejos y arraigados en la idiosincrasia boliviana y cómo, a través de la belleza y de la imagen, consigue hacer una crítica muy profunda.
«Una de las funciones del arte es abrirnos los ojos hacia otras maneras de ver y entender el mundo, incluso hacia realidades que pueden resultarnos ajenas o difíciles de mirar»

En los últimos años has apostado por artistas latinoamericanos que viven fuera de sus países de origen. ¿Qué aporta hoy la mirada de la diáspora al arte contemporáneo?
Creo que aporta estar constantemente entre lugares. Los artistas de la diáspora muchas veces tienen la capacidad de mirar su lugar de origen desde la distancia, pero también de mirar el lugar en el que viven ahora con cierta distancia. Esa doble perspectiva puede generar preguntas muy interesantes. Para mí, la diáspora no es una categoría estética.
El proceso creativo como eje de Sorondo Projects
Mencionas que el proceso es tan importante como el resultado final. ¿Cómo se traduce esa filosofía en el montaje y en la experiencia del visitante?
Para la galería, el resultado final no es necesariamente lo más importante. La obra que llega a la galería es, en realidad, el resultado de un proceso mucho más amplio que nos interesa mostrar y compartir. Intentamos que ese componente procesual también esté presente en la manera en la que presentamos las exposiciones. Nos parece importante que el visitante pueda entender cómo están hechas las obras, qué hay detrás de ellas y qué recorrido creativo ha seguido cada artista para llegar hasta ahí. Al final, me gusta que alguien salga de la galería con más preguntas de las que tenía al entrar.

El arte latinoamericano en la conversación global
¿Cómo sientes que ha cambiado la percepción del arte latinoamericano en Europa?
Creo que ha cambiado muchísimo. Durante mucho tiempo el arte latinoamericano se presentó en Europa como una categoría bastante homogénea, casi como si existiera una única identidad latinoamericana. Hoy hay una mayor conciencia de la enorme diversidad de contextos, historias y prácticas que existen dentro del continente. También siento que hay un interés cada vez mayor por artistas que no necesariamente encajan en esa idea más tradicional de lo latinoamericano.
«Creo que poco a poco se está entendiendo que el arte latinoamericano no es una periferia del arte contemporáneo. Es parte de la conversación global y tiene sus propias formas de construirla»
En tus textos aparece constantemente la palabra «identidad». ¿Qué significa hoy esa palabra para ti después de haber vivido entre dos países?
Para mí, la identidad tiene que ver con una conciencia plena de quiénes somos, pero también con entender la complejidad de nuestro propio ser, de nuestra historia y de los lugares de los que venimos y en los que estamos.
¿Creen que el arte contemporáneo latinoamericano está dejando de ser leído desde la categoría de «lo exótico» para ser entendido como una conversación global?
Creo que todavía existe esa mirada. Aunque España tiene una conexión muy fuerte con Latinoamérica, históricamente las prácticas artísticas latinoamericanas han sido vistas desde Europa como algo exótico. Mi intención es que las prácticas de los artistas latinoamericanos puedan entenderse dentro de un ecosistema mucho más amplio del arte contemporáneo, sin que su lugar de origen sea necesariamente el elemento que determine cómo se lee su obra.

Cuando el arte también se convierte en solidaridad
¿En qué momento sintieron que la respuesta de la galería debía ir más allá de un gesto simbólico y convertirse en una iniciativa concreta de recaudación, como lo que están haciendo para Venezuela tras el terremoto?
Creo que fue casi inmediato. Cuando sucede una tragedia de esta magnitud, especialmente cuando afecta a una comunidad con la que tienes una conexión personal como Venezuela, es muy difícil quedarse solamente en el gesto de donar de manera personal. Nos preguntamos qué podíamos hacer desde nuestro lugar y cuáles eran las herramientas que teníamos. Como galería, tenemos acceso a artistas, coleccionistas y a una comunidad que confía en nosotros. Nos pareció importante utilizar esa red.
Históricamente, el arte ha documentado tragedias, pero en este caso también se convierte en un mecanismo de ayuda directa. ¿Qué significado tiene para ustedes ese cambio de rol?
Creo que el arte siempre ha tenido una capacidad que va más allá de documentar. Puede generar conversación, crear comunidad y movilizar a las personas. En momentos de crisis, esa capacidad puede adquirir una dimensión mucho más concreta. Para nosotros, que el arte pueda convertirse en un mecanismo de ayuda directa es una forma de entender la galería como algo más que un espacio de exhibición y venta. La solidaridad no es algo separado de nuestro trabajo.
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