Polina Stroganova es una curadora independiente, consultora de arte y conferencista radicada en la Ciudad de México. Ha dirigido galerías en México, Alemania y Reino Unido, y actualmente forma parte del área de Artes Visuales de la Programación Cultural del Goethe-Institut México, además de impartir clases en CENTRO y en el Instituto Sotheby’s. Nacida en Moscú y residente en México desde 2013, conversa con Art Weekends sobre los desafíos de la curaduría independiente, la intuición como herramienta de investigación, el papel del curador en la actualidad y los proyectos que desarrolla entre México y Europa.

«Llegué justamente hace 13 años y, para mí, ha sido una exploración completamente nueva», me cuenta Polina. «Era una escena que no conocía. Llevaba ya varios años trabajando en el medio, pero con un fuerte enfoque hacia Europa».
«Tenía conocimiento, por supuesto, de lo que estaba pasando en Estados Unidos, pero la verdad es que sabía poco de América Latina y, en particular, de México.»
¿En estos años has percibido una evolución del ecosistema del arte en México?
El ecosistema creció de manera exponencial. Esto se manifiesta, obviamente, en el hecho de que hoy tenemos varias ferias de arte. Basta ver todo lo que sucede durante la Art Week aquí en la Ciudad de México. Pero también hay un movimiento que cada vez noto más y que me parece muy interesante: la descentralización.
¿Y el mercado del arte?

También hay que tomar en cuenta las realidades estructurales de lo que es el mundo del arte. El poder económico está, principalmente, del lado comercial del ecosistema. Las galerías son las que proporcionan el arte y ahí es donde está el presupuesto.
¿Es complicado para un curador trabajar en varios proyectos diferentes entre sí al mismo tiempo? ¿Cómo lo afrontas?
Es verdad que casi siempre trabajo en varios proyectos al mismo tiempo. A veces son diferentes exposiciones que ya se tienen que pensar o que están en distintas fases de su proceso. Pero esa idea de tener que trabajar simultáneamente en varios campos es muy importante para mí.
¿Es retador?
Por supuesto que es un reto y, a veces, cuesta trabajo, sobre todo en términos de organización y concentración para abordar una museografía. También uno trabaja con diferentes artistas al mismo tiempo, en distintos proyectos, así que requiere mucha coordinación y estructura.
Entonces, además de una estructura, ¿como curadora trabajas también de manera intuitiva?
Sí. Yo trabajo siempre de manera intuitiva, combinada con la investigación necesaria para abordar un tema. Sobre todo cuando estoy trabajando en exposiciones individuales o, por ejemplo, en un diálogo entre dos artistas, ahí es mucho más importante investigar a fondo la propuesta de cada uno para poder generar un diálogo interesante. Entonces, realmente se trata de mantener varias pelotas en el aire, realizar la investigación y dejar también cierto tiempo y espacio para que esa información se asiente en la cabeza. A partir de ahí ya pienso qué es lo que quiero puntualizar y entro en un proceso muy específico de selección de obra.

¿La curaduría se adapta al lugar o el lugar a la curaduría?
Cada proyecto es diferente, dependiendo del contexto en el que se presenta. Si es una galería, existe un diálogo muy estrecho con ella. Si es un espacio independiente o una institución, también cambian las condiciones. Entonces uno piensa en distintos tipos de salida, en diferentes públicos potenciales y en cómo abordar la presentación y, sobre todo, la museografía para que sea legible. Cada proyecto es muy particular porque tienes que reaccionar al contexto e intentar generar algo hecho a la medida. Justo ahora tengo dos exposiciones vigentes: una en Guadalajara, que se llama MAÑANA, y otra en Galería CAM, aquí en la Ciudad de México. Son dos proyectos muy diferentes. Uno es una exploración amplia con muchas voces, porque reúne a más de treinta artistas; el otro es un diálogo entre dos artistas.
¿Qué es lo más importante que tomas en cuenta a la hora de aceptar un proyecto?
Es básico que, cuando acepto o empiezo a trabajar en un proyecto, sea algo que realmente me convenza, algo que desde el principio sienta que tiene sentido. Después, esa intuición es la que se tiene que elaborar, intelectualizar y formalizar.

¿Cuál es el estado de la curaduría independiente en México?
Yo considero que tanto la curaduría independiente como la institucional son muy importantes. Si uno aborda la curaduría desde un lugar serio de investigación, pensando en cómo se va a formalizar una exposición —la museografía, el montaje, los textos y el contexto que se genera para ofrecer una lectura de determinadas propuestas o de un tema—, la verdad es que sí se requiere un curador o una curadora. Alguien que pueda articular esos conjuntos, establecer relaciones y generar los contenidos necesarios para impulsar discursos.
¿De qué forma la labor de la curaduría puede convertirse en un estilo de vida que influya en quien la practica?
Es una actividad que constantemente expande tus propios límites y tu forma de pensar. En un escenario ideal, también te pone a cuestionarte de manera permanente. Uno no puede descansar; tiene que estar buscando oportunidades y viendo qué se puede hacer. Porque obviamente también existe un momento de cierta precariedad en la curaduría independiente; eso es un hecho. Entonces, creo que es una labor que requiere mucho amor para poder sostenerla y mantenerla desde este lugar de hacer, proponer y desarrollar proyectos experimentales.
¿Ser curador o curadora implica sacrificios?
Sí creo que es importante que siempre tengamos esto presente, porque realmente es un oficio que requiere cierto sacrificio, además de mucho compromiso y amor por el arte. Para mí sigue siendo un desafío y creo que, muy probablemente, cada vez será un reto mayor.
«El rol del curador o curadora sigue siendo importante. Sin embargo, es verdad que este título se ha ido diluyendo y que la palabra se utiliza con demasiada facilidad. Hay ejercicios en los que no podemos hablar de una curaduría»
¿La curaduría se aprende en el camino o se estudia?
Yo creo que la curaduría es algo que se desarrolla; tampoco se puede aprender así nada más. Existen programas de Curatorial Studies y, por supuesto, hay muchas cosas que se pueden aprender. También están todos los aspectos relacionados con protocolos, logística y ese liaising que se tiene que hacer, sobre todo cuando uno trabaja a gran escala y con instituciones.Pero, finalmente, es un oficio. o sí creo que uno crece haciendo exposiciones. Me parece indispensable desarrollar un feeling para el espacio, el tamaño, el ritmo, los materiales y, sobre todo, un criterio sólido para la selección de las obras.
En estos años, ¿consideras que la labor del curador ha cambiado? Más allá de la percepción…
Creo que es una práctica que está siempre en constante transformación.Por supuesto que hace diez años mi manera de unir obras, establecer conexiones y pensar un montaje era distinta a la de hoy. También creo que es importante tomar riesgos como curador o curadora y no caer en la propia zona de confort, porque es muy fácil terminar trabajando desde una fórmula.
¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
Vienen varios proyectos y muchos ya están en marcha. Empieza el semestre en CENTRO, así que regreso a dar clases a finales de agosto.También estoy trabajando en la selección y la curaduría para TRÁMITE, en Querétaro. Me invitaron a realizar la curaduría y a participar como jurado en el proceso de selección de Jalisco. Justo terminé toda la revisión y ya hice la selección de las artistas que se presentarán en octubre. En Querétaro también viene un proyecto que me emociona muchísimo: la curaduría de una colección privada. Además, estoy preparando otra exposición con artistas de Berlín y de México, que se inaugurará en noviembre, y una muestra en General Expenses.
¿Cómo abordas la curaduría de una colección privada?
Depende. En este caso, la curaduría no solo implica las obras de la colección, sino también referencias, objetos, el contexto del coleccionista, influencias importantes, piezas que lo acompañaron a lo largo de su vida y otras referencias, como cine o música. Va a ser una curaduría muy interesante y diversa. Para mí también representa un ejercicio nuevo, porque incorpora todos esos elementos para generar, por un lado, una lectura de la colección, pero sobre todo para explorar cómo surge una colección y cuáles son todas esas influencias y referencias que la conforman.
¿Me cuentas un poco sobre la muestra MAÑANA?
Ha sido un proyecto muy bonito y muy retador, pero también aborda un tema importante. La invitación llegó por parte de Galería Palma, en Guadalajara, para realizar una curaduría. Originalmente iba a ser otra cosa, pero después empecé a pensar que me gustaría regresar a este formato de exposición en el que realmente hay muchísimas voces, una especie de salón, aunque no un salón entendido simplemente como una multitud de obras. Lo que me interesaba era justamente eso: generar una multitud de voces y de propuestas artísticas que permitieran pensar todas esas posibilidades.
¿Cómo fue el proceso y el montaje?
Se propuso una medida fija para todos los participantes. El medio era completamente abierto, pero las piezas debían medir aproximadamente 60 × 40 centímetros, ya fuera en formato vertical u horizontal. Esto también respondía al interés de generar un escenario más horizontal, donde no se estableciera ningún tipo de jerarquía a partir del tamaño de las obras. Por ejemplo, evitar tener una pieza de dos por dos metros junto a otras mucho más pequeñas. Aunque el tamaño no determina necesariamente la importancia de una obra, visualmente sí puede generar jerarquías, especialmente en una exposición con más de treinta piezas. Para mí era importante que todas mantuvieran, más o menos, el mismo formato.

¿Qué fue lo más desafiante de esta curaduría?
Una vez que llegaron las piezas y me lancé al montaje, tuve que enfrentarme a toda esa multitud de propuestas y pensar: «¿Y ahora cómo voy a montar todo esto sin que se vuelva demasiado ecléctico? ¿Cómo pueden funcionar y convivir estas piezas dentro de un mismo espacio?». A partir de ahí pensé que sería interesante construir una lectura mediante ciertas agrupaciones de obras que compartieran algunos aspectos.
¿Qué sientes que te define como curadora?
Muchas cosas, creo. Me gusta mucho trabajar desde un espacio libre, sin ser demasiado dogmática con un tema, un concepto o una línea formal. También pienso mucho en una museografía que no sea aburrida ni monótona. Me gusta que exista cierta poesía y que haya momentos quizá disruptivos. Me interesa generar un escenario abierto para pensar dentro de una exposición, sin que el visitante reciba una propuesta completamente frontal y me gusta cuando una exposición también te deja con una duda o incomodidad.
Encuentra más textos sobre curaduria y arte en AW Magazine.



