Salón Silicón es una galería y un espacio de inclusión cultural en México para promover la obra de artistas LGTB+ y visibilizar la disidencia sexual en el arte.
Salón Silicón LGTB galería CDMX es un espacio cultural que pone en tensión la idea misma de inclusión dentro del arte contemporáneo. “¿Incluir a quiénes? Siempre se quedan algunos afuera”, asegura Olga Rodríguez, ante la pregunta sobre cuándo un espacio cultural con la consigna de ser incluyente, logra el objetivo. Las apariencias engañan: detrás de sus gafas y su cabello alborotado la galerista parece ser apacible y reservada, pero en realidad es muy mordaz. Quizás el haber trabajado por un lustro, entre 2008 y 2013, con la influyente y temperamental Juana de Aizpuru —pionera del coleccionismo de arte contemporáneo en España— le haya forjado el carácter.

Conservadurismo, disidencia y contradicción
Tras esa experiencia madrileña, Olga —quien creció en el estado de Irapuato, con una familia “muy conservadora”, cuenta ella misma— regresó a México. Después de un corto periodo como studio manager del taller del artista mexicano Damián Ortega, fundó en 2017 Salón Silicón, un lugar especializado en promover la obra de artistas LGBTI+, donde ha producido más de 70 exposiciones dentro y fuera del espacio de la galería.

La creación de Salón Silicón fue un acto de resistencia: “De Irapuato me fui en cuanto pude y con muchos traumas. Es una ciudad de la que no es fácil para mí hablar. Cuando salí de ahí dejé de tener contacto con la gente con la que convivía. Al final, no sé si mi perspectiva siga siendo con una mirada pueblerina mezclada con lo que he aprendido de las grandes ciudades”, reconoce.
Sin embargo, Olga considera que para muchas cosas es conservadora, “pero nunca estaré en contra de la creación de la identidad y de la sexualidad como actos artísticos liberadores espirituales. Todo eso sí siento que es lo que dinamita, en mi caso personal, que soy lesbiana”, aclara.
El arte queer como arma de doble filo
Casi diez años después, en el espacio incluyente en el que se embarcó al lado de sus exsocios Romeo Gómez López y Laos Salazar, ella es la única tripulante a bordo. “Siempre es un arma de doble filo, por más que intentes hacer las cosas bien. Aún así se me podría acusar que mi inclusión excluye a otras personas”, afirma.
“A estas alturas todavía se confunde la gente: me invitaron a hacer la curaduría de una muestra que iba a ser de NFTs de artistas queer, y al final, resultó que lo que querían era arte colorido, de arcoíris, pero ni siquiera sabían qué era la palabra queer, sólo que rainbow significaba colores”, recuerda. “Ahora supuestamente todo es gay, somos más, pero es aparente, en realidad se mantienen las mismas prácticas de exclusión.
La obra de Mar Coyol
Una de las exposiciones recientes que albergó Salón Silicón hasta diciembre de 2025 fue Macehual: Cantos de creación y memoria, obra del artista transdisciplinar Mar Coyol que aborda el papel del antirracismo y el homoerotismo ancestral: “Hay un auge de personas interesadas en el arte que viene desde las disidencias sexuales, pero eso no quiere decir que anteriormente no existieran prácticas artísticas que se posicionaran o que fueran creadas desde una persona gay, lesbiana o trans”, comenta al respecto Coyotl.
“La historia local es heterosexual, pero nosotres, les de la disidencia, tenemos otro tipo de narrativas. El México antiguo no se ordenaba como ahora lo conocemos. Existían otras identidades y la lengua es una evidencia de ello. Soy un militante contra el sistema de opresión colonial de sexo y género porque conozco mi historia”.
El ojo vigilante que dice qué es lo queer
El artista, oriundo de un pequeño pueblo llamado Teoyolucan, en el Estado de México, coincide con Olga en que el momento actual transforma el entorno artístico y devela una supuesta visibilidad de la cultura gay. Pero sigue siendo un tema que causa conflicto porque también tiene que ver con quién cura, quién otorga los accesos y quién está liderando los museos y galerías. “Sí hay apertura, pero aun así hay filtros o son el ojo vigilante que dice qué es lo queer o qué es la disidencia. Siguen existiendo barreras”.
Entre los artistas vinculados a Salón Silicón, destaca además Lucía R. Su exposición Mi cuerpo dispositivo consume una batería de litio diaria, pieza exhibida en 2025, plantea un paralelismo entre el cuerpo de la artista —o un «dispositivo corporal»— y un celular, en el que se cuestiona la funcionalidad y la carga/descarga; o Sofía Hinojosa, cuyo trabajo aborda el agua, los sistemas naturales y las infraestructuras invisibles; además de Mili Herrera, cuyos proyectos investigan la percepción, el cuerpo y lo intangible.
Entre el deseo, el conflicto y los derechos: las próximas exposiciones
En febrero de 2026, Salón Silicón prevé tres exposiciones. La primera es una instalación de Bea Millón, una artista española que vive en la Ciudad de México. Su obra es una fuente que se activa con el agua de las personas que le cantan. Esta muestra estará ubicada en el gran patio de la galería.
La segunda consiste en un cojnunto de piezas de Alan Hernández, un artista de Oaxaca que crea unas esculturas y textiles bordados muy detallados, “muy hermosos y jotísimos”, dice Olga.
«hay un auge de personas interesadas en el arte que viene desde las disidencias sexuales, pero eso no quiere decir que anteriormente no existieran prácticas artísticas»—, Olga Rodríguez, Salón Silicón
La tercera muestra es de Carl Frias García, titulada WC. Carl es un artista transmasculino y su trabajo explora todo el nuevo espacio al que está entrando, que es el baño de hombres, con todas sus políticas para la comunidad trans. “La sexualización del baño es algo que yo he sufrido como lesbiana andrógina. Es un espacio que puede llegar a ser bastante violento y la gente no tiene noticia de eso y lo ve como polémica cuando en realidad es una cosa de derechos humanos, aunque de repente sí hay otras cosas como un cuerpo trans que todavía resulta muy transgresor para la gente”.
También tiene programada una exposición sobre monocultivo de piña en Costa Rica y otra de la artista Daniela de la Torre, “que es heterosexual y no importa”, comenta con una sonrisa Olga, “no es obligatorio que todos los artistas que exhiben en Salón Silicón sean de la comunidad”.
Un espacio propio como forma de supervivencia: Salón Silicón
“Las personas que tenemos otro tipo de deseo, identidad de género u orientación sexual no nos sentimos seguras en otros espacios y nosotres mismes construimos otros espacios”, complementa Coyol. “Siento la misma necesidad que cuando comencé”, zanja Olga. “Todas esas luchas que he vivido son las que me han llevado a seguir adelante con Salón Silicón”.
El papel de la galería es importante por su impulso hacia prácticas críticas, experimentales y sensibles a los debates actuales, y su apuesta por la diversidad. Además de su llamativa fachada —entre kitsch y vintage—, este espacio al que puedes llegar si buscas Tehuantepec 223, Col. Roma Sur en el mapa de la CDMX, se distingue por tomar riesgos con su oferta que parece no encajar en otros recintos, y que aquí encuentra un escaparate genuino.
Sería aventurado predecir si Olga podrá mirar atrás en algún momento y pensar: “Lo he logrado al 100” —de lo que sí podríamos apostar es que nunca regresará a Irapuato—, pero de lo que seguramente nunca se arrepentira es de haber creado un espacio de pertenencia.
