Casi todo se vale en una galería de arte. Casi. Incluso pegar un plátano con cinta de masking en un panel y venderlo por 120,000 dólares. Pero, como en todo, hay ciertas reglas que debes respetar (salvo que estés realizando un performance que rompa con todas las convenciones, pero quizás ese no sea el caso si estás leyendo esto).
Ya sea que visites exposiciones cada semana o estés por entrar a tu primera galería, estas diez reglas para visitar una galería de arte te ayudarán a disfrutar el recorrido, cuidar las obras y compartir el espacio con los demás. No necesitas saber de historia del arte para empezar: basta con curiosidad y unas cuantas recomendaciones.

Saber dónde empieza la obra… y dónde termina
A veces, el problema es distinguir una obra de algo que parece otra cosa. En 2004, una trabajadora de limpieza de la Tate Britain de Londres tiró a la basura una bolsa de plástico llena de papel periódico y cartón. El problema: formaba parte de una instalación del artista Gustav Metzger.
Uno de los mandamientos para visitar una galería es acercarse al arte con mirada curiosa, incluso cuando una pieza te desconcierte. No necesitas ser especialista, pero sí observar, leer la información disponible y preguntar antes de sacar conclusiones.
No tocar, salvo que la obra lo permita
Es una regla habitual en las galerías, aunque las texturas de una pieza nos den ganas de hacer lo contrario. Si la obra permite la interacción, las indicaciones lo señalarán. Y sí, algunas veces esa invitación puede llevar las cosas al extremo, como en el performance Rhythm 0 (Ritmo 0), realizado en 1974 en el Studio Morra de Nápoles. Durante seis horas, la artista Marina Abramović permaneció pasiva frente a una mesa con 72 objetos que el público podía utilizar sobre ella.
Pero si no es el caso, la regla para el visitante sigue siendo la misma: antes de tocar, asegúrate de que la obra lo permite. Que algo esté a tu alcance no significa que puedas ponerle las manos encima.
Guarda tu distancia
Una obra puede invitarte a mirar de cerca, pero eso no significa que debas pegar la cara al lienzo. Deja espacio entre tu cuerpo y la pieza, evita apoyarte en las paredes y cuida lo que llevas contigo: al girar para comentar un cuadro, por ejemplo, tu mochila podría golpear una escultura situada detrás de ti.
Si hay una línea o barrera de protección, respétala. Por más tentador que sea acercarse, deja suficiente espacio para observar sin poner en riesgo la pieza.

Habla en voz baja
Aunque te encuentres frente a «El grito», de Edvard Munch, no intentes emularlo. Mantén un volumen moderado para que los demás puedan observar las obras sin que tu conversación se imponga en toda la sala. Por ejemplo, si una pieza incluye sonidos o una grabación, hablar fuerte puede impedir que otros la escuchen. Puedes conversar y reír; solo cuida el volumen y deja las llamadas telefónicas para fuera de las salas.
Y pon tu celular en silencio. A menos que tu timbre sea «4′33″», de John Cage, una obra en la que los intérpretes no tocan sus instrumentos. En ese caso, probablemente nadie lo note.
Pregunta antes de fotografiar
Tu Instagram puede esperar: antes de sacar el celular, revisa las indicaciones o pregunta al personal si puedes tomar fotos y usar flash. Que una obra luzca maravillosa no significa que tengas permiso para fotografiarla. Y si las fotos están permitidas, evita convertir la galería en tu estudio particular: conseguir el ángulo perfecto no justifica acercarte demasiado a una pieza ni hacer que los demás esperen a que termines tu sesión.
El café no se va a ir
Salvo que exista un área donde esté permitido, deja los alimentos y las bebidas fuera de las salas. Un movimiento inesperado, un tropiezo o una tapa mal puesta puede acabar con tu capuchino sobre una obra y convertirte en protagonista de un desastre digno del «Ecce Homo» de Borja, cuyo intento de restauración por parte de la española Cecilia Giménez terminó dando la vuelta al mundo. Si durante una inauguración sirven bebidas, sigue las indicaciones del personal y evita apoyarlas en pedestales: lo que parece una mesa podría formar parte de la exposición.

La crítica también tiene sus formas
No tiene que gustarte todo lo que ves, y puedes decirlo. Pero una galería tampoco es la sección de comentarios de tu Facebook: no hace falta subir el volumen ni lanzar una provocación para llamar la atención. Si tienes una observación, puedes compartirla con el artista o con el personal de la galería cuando se dé la ocasión. Preguntar «¿Por qué elegiste este material?» puede abrir una conversación mucho más interesante que una crítica a la ligera.
Quítate los audífonos un momento
Tu playlist puede esperar. Si una obra incluye sonidos, voces o música, date la oportunidad de escuchar lo que propone el artista. Llevar tu propia banda sonora puede hacer que te pierdas parte de la experiencia, además de las indicaciones del personal. No todas las obras se miran: algunas también se escuchan.
El arte no exige una etiqueta
En principio, todo se vale: estamos hablando de arte, no de un retiro en un monasterio. Puedes llevar tenis, colores estridentes o ese look que también merece un aparador. La comodidad cuenta, especialmente si vas a pasar un buen rato de pie o recorriendo salas.
Pero ojo: el código de vestimenta depende de la galería y de la ocasión. Una visita de sábado no es lo mismo que una cena de inauguración con invitación. Si se indica alguna etiqueta, tómala en cuenta; si no, viste como te sientas cómodo, cuidando que tus accesorios no puedan dañar una obra ni estorbar a otros visitantes. Esas botas tribaleras de punta larga las puedes reservar para otra ocasión.

Los niños también tienen lugar
Ir con niños puede ser una gran manera de acercarlos al arte. Explícales antes de entrar que pueden preguntar, imaginar y opinar, pero que las esculturas no son juegos para trepar ni los cuadros superficies para tocar.
En 2018, un niño de cinco años derribó la escultura «Aphrodite di Kansas City», de Bill Lyons, en un centro comunitario de Overland Park, Kansas. Su familia recibió una reclamación de 132,000 dólares por parte de la aseguradora de la ciudad. Un abrazo a una escultura puede salir bastante más caro de lo que imaginas.
Acompáñalos durante el recorrido y respeta sus tiempos: más vale una visita breve que disfruten que obligarlos a recorrer todas las salas.
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