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Galería Karen Huber

Galería Karen Huber ha defendido la pintura contemporánea desde un lugar poco complaciente: como campo de investigación formal, material y crítica. Desde Bucareli, su programa reúne artistas mexicanos e internacionales que entienden la pintura como soporte, cuerpo, imagen, objeto, memoria y conversación.

Perfil de la galería

La Galería Karen Huber nació en 2014 con una decisión precisa: dedicar una galería a la pintura contemporánea en un momento en que buena parte del discurso artístico parecía mirar hacia otros medios. La pintura seguía produciéndose, pero cargaba con sospechas antiguas: demasiado vendible, demasiado histórica, demasiado asociada al cuadro. Huber convirtió esa tensión en una línea de trabajo sostenida desde Ciudad de México para preguntar qué podía hacer la pintura cuando aceptaba contaminarse.

La exposición inaugural fue una individual de Ad Minoliti en el edificio Vizcaya. Ese comienzo no planteaba la pintura como territorio conservador. Minoliti ya trabajaba desde geometría, feminismos, diseño, video, serigrafía y ficción política; su práctica permitía entender el cuadro como una forma expandida, capaz de discutir cuerpo, espacio e identidad. Desde ahí, la galería empezó a armar un programa donde la pintura no tenía que defenderse como medio puro, sino abrir problemas formales y conceptuales.

El junto actual de sus representados confirma esa dirección. Lucía Vidales lleva la pintura hacia cuerpos fragmentados, acumulaciones materiales e imaginarios históricos que afectan la figura y la superficie. Allan Villavicencio piensa el proceso pictórico como metabolismo, con ensamblajes de materiales, fragmentos textiles y paisajes residuales. Christian Camacho trabaja desde la precisión de pinceles cuadrados, mosaicos pictóricos y paisajes industriales vinculados a Monterrey. Marc Breslin incorpora la cámara como herramienta de asistencia para pintar, no como abandono de la pintura.

La dimensión internacional amplía la conversación sin borrar su centro mexicano. Eva Vanderhorst-Ayache atraviesa pintura, instalación, escritura y performance; en su exposición actual utiliza sábanas usadas y estructuras metálicas para trabajar olvido, presencia, cuerpo y memoria poscolonial franco-argelina. Ian Grose, nacido en Johannesburgo, ha aparecido en ferias de la galería dentro de diálogos entre pintura mexicana e internacional. Kanako Namura, Keke Vilabelda y Endy Hupperich participan en esa misma escena de pintura expandida donde el soporte, la composición y la materialidad pesan tanto como la imagen.

Nuestra conversación con la galerista permite entender mejor la posición de Huber. Su defensa de la pintura no es una consigna cerrada, sino una forma de conversación pública. Los hangouts, las pláticas alrededor de cada exposición y el interés por trabajar con curadores, instituciones, ferias y artistas aparecen como parte del proyecto. También ahí se vuelve visible su lectura de la escena mexicana: un ecosistema potente, comparable en ambición a otras capitales, pero todavía necesitado de crítica, instituciones y colecciones públicas más sólidas.

La exposición de aniversario, Todo este tiempo, toda esta pintura, hizo visible la acumulación de once años de trabajo. Reunió artistas presentes desde el inicio, colaboradores de distintas etapas, nombres internacionales y nuevas incorporaciones. No fue solo una celebración, también se hizo balance de una apuesta: sostener la pintura cuando parecía secundaria y verla reaparecer, años después, como uno de los lugares más activos del arte contemporáneo. César Rangel Ramos, con Señora Lapislázuli, aparece ahí como parte de una investigación sobre soporte, montaje y técnicas propias.

«Desde el día uno, desde la primera exposición, apostamos por la pintura». — Karen Huber, Art Weekends, 2026

La frase resume una insistencia, pero también una forma de responsabilidad. Karen Huber ha tratado la pintura como un refugio incómodo, como una práctica que necesita conversación, contexto y una relación directa con artistas y públicos. Por eso su galería destaca dentro de Ciudad de México. Presenta obras y construye condiciones para mirarlas con más precisión. En Bucareli, esa posición gana una escala urbana concreta, entre archivo, tránsito y memoria pública.

Programa

Exposición actual · Ciudad de México

Serie: "Caras interiores (el camino)" de Eva Vanderhorst-Ayache - Galería Karen Huber.

’till the cows come home — Marc Breslin · Ciudad de México · junio–agosto 2026
Caras interiores (el camino) — Eva Vanderhorst-Ayache · Ciudad de México · junio–agosto 2026

Exposición anterior

Serie: "Santa Catarina" de Christian Camacho - Galería Karen Huber.

Santa Catarina de Christian Camacho · Ciudad de México · 23 abr–23 may 2026

Exposición anterior

Serie: "Todo este tiempo, toda esta pintura" - Galería Karen Huber.

Paisaje expandido de exposición colectiva · Madrid · 26 feb–15 mar 2026

Exposición anterior

Serie: "Rise and Shine" - Galería Karen Huber.

Rise and Shine de exposición colectiva · Ciudad de México · feb–abr 2026

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Por qué ir

Vale la pena ir porque Galería Karen Huber permite leer una de las discusiones más persistentes de la escena mexicana reciente: qué puede seguir siendo la pintura cuando ya no se limita al lienzo ni al gesto reconocible. Su programa no trata el medio como nostalgia, sino como un territorio de trabajo donde entran la instalación, el soporte textil, la fotografía, la cerámica, la arquitectura, el cuerpo y la memoria.

Desde su exposición inaugural con Ad Minoliti, cuya práctica cruza geometría, video, serigrafía, feminismos y ficción política, Huber ha leído la pintura como una práctica capaz de moverse hacia otros medios. Esa mirada sigue presente en artistas como Lucía Vidales, que trabaja la pintura como cuerpo y materia, o Allan Villavicencio, que la lleva hacia ensamblajes, fragmentos y paisajes residuales.

Su sede en Bucareli también es relevante. No está dentro del circuito más domesticado de Roma Norte ni en la distancia elegante de Polanco. Se ubica en una zona de tránsito entre Centro, Juárez y La Ciudadela, donde la pintura aparece rodeada por archivo, comercio, arquitectura pública, historia política y vida de calle. Esa fricción urbana le sienta bien a una galería que no presenta la pintura como refugio, sino como campo activo de discusión.

Qué esperar

La visita empieza en Bucareli, una avenida que no suaviza la entrada. Hay tránsito, comercios, edificios de distintas épocas, oficinas, banquetas irregulares y una cercanía inmediata con La Ciudadela. La galería ocupa un primer piso. Hay que subir, salir un momento del ruido y aceptar que el espacio aparece con una discreción casi doméstica, lejos de la coreografía más reconocible de las galerías de la Roma.

Una vez dentro, la sala pide mirar cómo se construye cada obra. En Karen Huber la pintura aparece no solo como superficie colgada, sino como soporte intervenido, tela usada, estructura cromática, objeto cercano a instalación o imagen filtrada por otros medios. El recorrido suele exigir distancia y cercanía al mismo tiempo: ver la composición general, volver al detalle, medir los bordes, seguir la materia, notar cómo la obra ocupa el muro y qué deja respirar a su alrededor.

Las exposiciones vigentes confirman esa amplitud. Marc Breslin trabaja desde una relación entre cámara, memoria visual y pintura; él mismo ha señalado que emplea la cámara para asistir su práctica pictórica, no para definirse como fotógrafo. Eva Vanderhorst-Ayache, en cambio, lleva la imagen hacia sábanas usadas, cuerpo, olvido, reparación e instalación. La convivencia de ambas muestras permite entender cómo la galería ensancha la pintura sin convertirla en una palabra vacía.

El programa de Karen Huber se beneficia de la lectura lenta, de entrar en la lógica de cada exposición y de dejar que Bucareli haga su parte. Al salir, la zona ofrece una continuidad rara: archivo, biblioteca, muralismo, cafés de otra época, museos cercanos y calles donde la ciudad todavía conserva una mezcla de desgaste, intensidad y memoria pública.

Artistas representados

Yann Leto Ian Grose Manuel Forte Allan Villavicencio Othiana Roffiel Lucía Vidales Andrew Holmquist César Rangel Ramos Kanako Namura Christian Camacho Keke Vilabelda Endy Hupperich Marc Breslin

Qué hacer cerca

Después de Karen Huber, es interesante visitar La Ciudadela. Enfrente, la Biblioteca de México permite extender la visita desde otro tipo de soporte: no la tela, sino el libro, el archivo, la colección personal. Sus bibliotecas de Carlos Monsiváis, José Luis Martínez, Jaime García Terrés, Alí Chumacero o Antonio Castro Leal convierten la lectura en una experiencia material: muebles, notas, criterios de orden, volúmenes reunidos durante una vida. La parada dialoga bien con una galería interesada en cómo una superficie carga memoria.

Desde ahí hay un buen paseo por Bucareli hacia el Reloj Chino, que recuerda la antigua ambición urbana de una avenida hoy más compleja que monumental. La zona tiene una belleza poco dócil: edificios administrativos, hoteles, fondas, talleres, tránsito y esquinas donde todavía se siente el Centro antes de volverse postal. Para comer o tomar café, Café La Habana funciona como pausa histórica más que como novedad: Morelos esquina Bucareli, mesas de conversación larga, café con leche, sobremesa y una memoria literaria que no necesita decorado.

La ruta puede cerrarse hacia la Alameda, con el Museo Mural Diego Rivera como contraste directo: después de una galería dedicada a pintura contemporánea, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central cambia la escala de la imagen hacia relato público, historia nacional y multitud. Si queda energía, el Museo de Arte Popular en Revillagigedo abre otra capa material de la ciudad: textiles, cartonería, cerámica, madera, papel, color y oficio. La secuencia completa —pintura, biblioteca, café, mural, cultura material— evita convertir Bucareli en simple punto de paso.