Para Gonzalo Reyes-Araos, viajar y establecerse en otros espacios y otros tiempos constituye una dimensión esencial de una obra atravesada por el desplazamiento, el desapego y, a la vez, por nuevas formas de comunicación a distancia. Nacido en Quilpué, Chile, en 1980, el artista vive y trabaja actualmente entre Berlín y Chile. Su trayectoria, sin embargo, desborda ampliamente esa doble pertenencia geográfica: desde comienzos de los años 2000 ha desarrollado una práctica marcada por sucesivos desplazamientos, residencias, exposiciones y colaboraciones internacionales. Su recorrido por Chile, Suiza, Bélgica, Francia, Alemania, China y Corea del Sur, entre otros contextos, permite entender el viaje no simplemente como una circunstancia biográfica, sino como una experiencia que atraviesa y estructura su producción artística. Platicamos con él.
Noto que el tema migratorio sigue atravesando mucho al arte contemporáneo
Yo creo que la curiosidad por conocer lugares distintos sí puede ser inherente al artista. En mi caso, fue justamente la migración lo que gatilló gran parte de un bloque importante de mi obra. Digamos que el hecho de migrar generó otros lazos, cambiaron las formas de relacionarme con mi gente y con mi país, con mi tierra.

¿La tecnología en la comunicación entonces detonó parte de tu obra?
Todo ello ya venía condicionado por la forma en la que me comunicaba. A través del teléfono o la videollamada, que en ese tiempo era Skype, donde la comunicación no era muy buena, entonces generaba estos glitches. Y estos glitches, este filtro de la realidad, me fueron interesando.
¿Dónde fue el viaje que comenzó todo?
Particularmente esto inició en China. En una residencia artística en la que me vi forzado a pasar un mes encerrado en una habitación, pero con la obligación de que tenía que producir obra.
¿Por qué estabas encerrado?
Fue un accidente en moto. Me caí. Pero fue para mí un accidente afortunado. Yo lo llamo así porque, visto que estaba un poco forzado a producir obra, una exposición, lo único que tenía al frente mío era una pantalla de computador y una conexión a internet. Yo estaba instalado, viviendo en Suiza. Entonces tenía amigos, familiares en Suiza, tenía familiares en Chile.

¿Cómo comenzaste con esos procesos?
Lo que empecé a hacer era grabar, fotografiar toda la información, todas las conversaciones que tenía con mi familia. Mi madre vive en el desierto de Atacama, en Chile, y eran unos paisajes increíbles los que me mostraba a través de su tablet; la playa, me mostraba los atardeceres, me mostraba los desiertos. Y yo grababa todo eso. Yo lo almacenaba como material de trabajo.
¿Todo se basó en esas muestras?
En el campo también, en la zona central de Chile, que es más mediterránea, también mi familia me mostraba el campo, lugares que yo había visitado cuando pequeño. Entonces eso generó una base de material importante de trabajo.

¿Qué hacías con esas imágenes? ¿Cómo evolucionaron hasta convertirse en piezas?
Yo estaba percibiendo todo a través de una pantalla: sonidos, imágenes, luz. Toda la comunicación con mi familia estaba filtrada por esa pantalla. Y empecé a preguntarme qué había detrás de ella, qué era lo que hacía posible esa mediación. Por eso estudié programación durante un año, para entender qué había detrás de esa pantalla que se había convertido en el filtro de toda mi comunicación con mi familia.
¿Qué pasó cuando empezaste a estudiar programación?
Pasó algo bien particular porque me puse a estudiar programación. Empecé a entender cómo funcionan los píxeles, cómo funcionan los bytes, y eso también inspiró mucho mi obra.
¿Cómo se relaciona esto con la movilidad?
Entonces, la movilidad genera que tú tengas una relación distinta con la naturaleza, con los lugares y con las personas.

¿Qué empezaste a registrar?
Empecé a registrar amaneceres y atardeceres en distintos lugares del mundo, en tiempo real, a través de webcams instaladas en distintas partes del mundo. Tú te metes a internet y encuentras webcams por asuntos meteorológicos, por asuntos de seguridad, por la playa, por el hotel, etcétera. Entonces había un montón de cámaras web libres y empecé ahí a hacer un calendario de amaneceres, de cuando se veía el sol en esos distintos lugares del mundo, también reflexionando sobre cuál es mi relación con el sol.
¿Cuánto tiempo tiene que no visitas Chile?
Voy bastante seguido. Digamos que para haber tenido… Mira, llevo 20 años fuera de Chile. Digamos que en los primeros años me era más difícil viajar. En un tiempo me estaba yendo bastante bien y tenía la oportunidad de ir una o dos veces al año y ahí como que mi trabajo también empezó a perder sentido, digamos que empezó a mutar. Empezó a mutar porque ya tenía contacto con mi gente, tenía un contacto físico con ellos. Ya no me extrañaban tanto.
Entonces el desapego es clave en esta obra
Sí, mi trabajo empezó a mutar y era interesante porque al final empecé a darme cuenta cómo son realmente las relaciones personales a través de la distancia, tú no estás con la persona frente a ti. Son impulsos lumínicos, ondas sonoras que nos crean la ilusión de que estamos frente a frente. Es cuando uno empieza a percibir a una persona a la distancia a través de estos estímulos que son extensiones de nuestro cuerpo, extensiones de nuestros ojos, de nuestros oídos y nos formamos una idea distinta de la persona.
Ahora que mencionaste que al principio trabajabas con Skype y otros sistemas que hoy han sido sustituidos, no sé si sea un desafío, pero ¿cómo enfrentas trabajar con medios digitales que van cambiando?
Claro que van cambiando, pero el principio permanece. Yo me centro más en la idea, digamos que la tecnología para mí es una fuente de inspiración más filosófica porque yo no trabajo tanto con tecnología. La verdad es que yo ocupo los medios que ya están al alcance de las personas. No me intereso mucho en las futuras tecnologías sino en cómo las tecnologías que ya han llegado al día a día configuran nuestra forma de entendernos y de percibir el mundo.
Es cierto, ocupas los recursos como un teléfono. Y para muchos artistas, incluso contemporáneos, que en teoría son más de avanzada, los medios digitales como el teléfono son el enemigo
Claro, es una herramienta. Muchos me preguntan: “¿Cuándo vas a ocupar IA, la inteligencia artificial, para hacer obras?”. Y la verdad es que hace muy poco comencé a interesarme cuando empecé a ver un cambio de actitud de las personas, del comportamiento de las personas con la IA. Hace como tres años aproximadamente hice un trabajo que se llama Bitmap Poemarium.

¿Fue tu primera incursión en la IA?
Fue el primer trabajo que realicé con algo parecido a la IA, que en realidad utilizaba machine learning, una tecnología que está incluida en todos los teléfonos, incluso en los más antiguos. Cuando tú vas escribiendo, el teclado del teléfono memoriza palabras que ya usaste. Entonces, esa memoria se alimenta de tu propia experiencia como usuario. Eso es interesante porque empecé a escribir tomando como referencia a los poetas surrealistas, que hacían esta escritura automática para revelar el subconsciente.
¿Qué revelaba esa muestra?
Que si el teléfono memoriza lo que tú vas escribiendo tiene parte de tu información, parte de tu experiencia, también está grabada en el teléfono. Por lo tanto, el teléfono también contiene parte de tu subconsciente, al menos. Entonces empecé a escribir solamente con los prompts de sugerencia del teléfono y se generaron textos extremadamente extraños, incoherentes muchas veces, pero que sí ocupan palabras que solo tú ocupas. Lugares que solo tú visitas. Yo lo llamé poemario porque a veces surgían frases extremadamente poéticas. Tanto que si lo hubiese escrito una persona, yo hubiese dicho: “Oye, pero qué sensible esta persona; me estaba emocionando con un teléfono. O sea, con una máquina”.
¿Cuáles son tus obras más representativas y por qué?
Hay una obra que a mí me gusta mucho que se llama Mother PNG. Es un libro de 440 páginas en el cual está escrito todo el código que el computador tiene que leer para representar la imagen de mi madre. Las imágenes de ella son screenshots que tomé cuando estábamos hablando por Skype. La obra refleja aquello que te contaba antes, que la relación con la otra persona se transforma y se guarda en un código. Te contaba que cuando hablaba con mi familia a distancia por Skype había toda esta interferencia, los glitches, y era interesante entender por qué se producían los glitches.
¿Y actualmente en qué estás trabajando que en los próximos meses se vaya a estrenar?
Estoy preparando dos exposiciones grupales que se vienen a fin de mes en Berlín. Una aquí en Berlín a fin de mes, la otra también es en Berlín, a principios de septiembre. El 30 de septiembre tengo una exposición individual en Chile, en la galería, y es mi primera muestra individual en Chile desde hace más de 20 años. También estoy preparando el lanzamiento de un libro que es Cielos Forasteros. En noviembre del año pasado se hizo el primer lanzamiento en Bruselas.
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