Paisaje desértico con montañas al fondo y una figura humana en la distancia, fotografiado por Gabriel Sánchez Viveros.

Gabriel Sánchez Viveros: arquitectura, arte y una vida entre México y Arabia Saudita

Alejandro Mancilla Autor: Alejandro Mancilla Fecha:

Alguien tuvo la pésima idea de preguntarle en alguna ocasión si era un arquitecto frustrado porque también se dedicaba al arte. Él respondió con una carcajada. Después de todo, la arquitectura dio forma a todas y cada una de las maravillas del Mundo Antiguo y eso pesa más que cualquier sesgo.

Sala de exposición con obras de Gabriel Sánchez Viveros.
La práctica de Gabriel Sánchez Viveros se expande hacia instalaciones, fotografía, pintura y arte conceptual. Foto: Cortesía del artista.

Un arquitecto entre dos disciplinas

Gabriel Sánchez Viveros —egresado de la UNAM, la llamada máxima casa de estudios mexicana— tuvo la oportunidad de desarrollar una amplia carrera en Medio Oriente, donde trabajó durante más de una década y media, principalmente en Arabia Saudita. «En 2012 terminé mi último proyecto en esas tierras, para la princesa Lolowah bint Faisal, hija del rey Faisal de la Casa de Saúd», recuerda.

Habla de esos años con nostalgia, pero con orgullo: considera que fue una gran experiencia representar a México y a Latinoamérica como arquitecto en un contexto internacional. De vuelta en el país, comenzó a replantearse su futuro creativo. «Siempre tuve mucho trabajo como arquitecto, pero en ese tiempo empecé a pensar qué era lo que realmente quería hacer», rememora.

De la arquitectura al arte conceptual

La respuesta lo llevó a profundizar en el arte conceptual y las artes visuales, hasta desembocar en la práctica transdisciplinaria que desarrolla actualmente, donde integra diversas disciplinas y herramientas digitales como parte de una obra que rebasa la arquitectura y el diseño de interiores.

Complejo residencial diseñado por Gabriel Sánchez Viveros en Arabia Saudita.
Durante más de una década y media, Gabriel Sánchez Viveros desarrolló proyectos arquitectónicos de gran escala en Arabia Saudita. Foto: Cortesía del artista.

La entrevista tiene lugar justo cuando Gabriel prepara maletas desde su estudio en México, para irse una temporada a Alemania, donde lo espera su pareja de hace muchos años. Ambos tienen casa en la zona de Wiesbaden. Varias de las piezas que descansan en su estudio nacieron ahí. Las trasladó completamente desarmadas hasta México para ensamblarlas desde cero.

Personas diminutas y mundos particulares

La fascinación por estos diminutos personajes surgió durante una visita al famoso museo Miniatur Wunderland, en Hamburgo, donde recreaciones precisas de ciudades y paisajes despertaron recuerdos de su formación como arquitecto y de las cientos de maquetas que construyó cuando estudiaba. «Empiezo a ver todas esas personas diminutas y a crear mundos en mi cabeza», explica.

Gabriel Sánchez Viveros durante una obra arquitectónica en Arabia Saudita junto a trabajadores locales.
Gabriel Sánchez Viveros documentó parte de su experiencia profesional en Arabia Saudita, donde desarrolló proyectos durante más de quince años. Foto: Cortesía del artista.

De esa exploración tan personal han surgido series como Geometría en tránsito y Homenaje a Slim Aarons, esta última inspirada en el célebre fotógrafo estadounidense que retrató la edad dorada del lujo internacional en Hollywood y el Star System. “Creo que estuvo en alguna guerra, y cuando regresó, horrorizado por todo lo que había visto, decidió empezar a fotografiar lo bello. Por eso gran parte de su obra gira en torno a albercas y escenarios de lujo, en lugares como Nueva York o el Acapulco de esos años”, rememora.

Arquitectura del jet set del ayer

Pero las conexiones con el otrora glamuroso puerto continúan: Gabriel y su esposo adquirieron en Acapulco una casa que perteneció al antiguo gerente del hotel Las Brisas y que hoy resguarda parte de esa memoria colectiva del México lujoso de esas épocas. “Rescaté los azulejos y empecé a hacer escenas que tienen que ver un poquito con la vida de ese Acapulco de antaño que yo recuerdo como niño y como joven; lo que salía en el Jet Set y que leía en las revistas”, relata.

En las piezas conviven la inspiración del propio Aarons y leyendas locales como la del diseñador Esteban Matíaz—hijo del legendario fotógrafo colombiano Leo Matiz—, cuyas prendas sofisticadas sedujeron en su momento a figuras de la talla de Brigitte Bardot o Liza Minnelli.

La memoria deportiva e histórica de México

Esa misma ruta nostálgica lo llevó recientemente a explorar la memoria deportiva e histórica de México a través de una convocatoria lanzada por el curador Emmanuel Razo y por Yolanda Román para la Galería Oscar Román. Lo que comenzó como una propuesta de dos piezas inspiradas en el Mundial de México 86 —creadas a partir de recortes de libros usados que compró en Alemania— terminó expandiéndose en una serie de 35 obras con el eje del pasado Mundial de México 70, elección más evocadora aún.

Una de las piezas de Gabriel Sánchez Viveros, donde pintura, objeto y cuerpo dialogan en una instalación de fuerte carga simbólica. Foto: Cortesía del artista.

Para Gabriel, el fútbol no es solo un juego, sino ‘un contenedor de épocas’: «En México 70 yo tenía ocho años. Fue muy emocionante después de ver todas las tragedias que pasaron en el 68 con la olimpiada y con todos los estudiantes que fueron acribillados por un gobierno», reflexiona.

«Coleccionista de basura«

Esta exploración dio vida a piezas como la que hoy destaca en la Galería Principal de Oscar Román: un viejo neceser que perteneció a su abuela convertido en una caja de recuerdos. «Me han dicho que soy un ‘coleccionista de basura'», comenta divertido. Dentro de la maleta, Gabriel unió un pedazo de cancha con unos zapatos de fútbol alemanes de los años sesenta que consiguió en eBay, los cuales aún conservan el lodo original de sus viejos partidos.

«Imagínate si los zapatos pudieran hablar las historias que contarían de la vida de este jugador, sus sueños y sus frustraciones. Vivimos el día a día, pero los recuerdos son los que nos ayudan a enfrentar las situaciones que se presentan».

De este modo, el deporte se entrelaza con otro de los grandes ejes que cruzan su producción actual: la mudanza y el traslado. Para él, el viaje de los equipos en un campeonato de fútbol no es muy distinto al fenómeno global del desplazamiento social.

En otra de sus series, el artista monta figuras a escala sobre clavos de acero oxidados de entre 15 y 18 centímetros que pertenecieron a las puertas del Palacio del Rey Faisal en Arabia Saudita. “Tuvieron que demoler ese palacio para agrandar el espacio de La Meca”, explica Gabriel, remitiéndose a su estancia en Medio Oriente.

“En un cónclave con los miembros de la familia real y la princesa Lolowah, decidimos rescatar puertas y ventanas de manufactura egipcia, india y de Bangladesh para reutilizarlas. Al revisar las estructuras, sacamos los clavos oxidados que ya no servían. Prácticamente eran basura, pero los guardé en mi menaje de casa”.

Retrato de Gabriel Sánchez Viveros con traje de estampado paisley sobre fondo rojo.
Gabriel Sánchez Viveros ha transitado de la arquitectura a una práctica artística transdisciplinaria que explora la memoria, la identidad y el espacio. Foto: Cortesía del artista.

El glamour nostálgico

Hoy, esos clavos de acero que sostuvieron palacios reales viajan encapsulados en cajas de acrílico volumétricas, sirviendo de soporte para microrrelatos visuales: sobre uno descansa un bombero, sobre otro una motocicleta con una pareja de novios. El pasado lejano de Arabia Saudita, la memoria histórica de los mundiales y el glamour nostálgico de un Acapulco idílico y cinematográfico convergen así en el estudio del arquitecto.

«El arte siempre ha cambiado al mundo, para bien o para mal, porque es una forma de presentar lo que se está viviendo en el momento; es como los libros de historia, la pintura te cuestiona quién te cuenta la historia»

Esa reflexión nos regresa a su propia experiencia viviendo en Arabia Saudita, especialmente la situación de haber sido un hombre gay viviendo y trabajando durante más de una década en una región donde esas libertades estaban restringidas. Gabriel aborda ese periodo con una mirada muy particular: “Yo creo que en todo el mundo vas a encontrar, aún aquí en México ahorita, cada historia de gente obtusa. Yo llego con una propuesta de trabajo y yo voy a trabajar, no fui a buscar novio ni a ver si me tocaba un príncipe. El trabajo fue muy pesado por las temperaturas tan altas, entonces yo siempre me presenté como un señor caballero respetándome hablando de diseño y arquitectura, y nada más”, cuenta.

Pinturas de cactus expuestas en una galería.
La naturaleza y la iconografía mexicana aparecen reinterpretadas dentro del lenguaje pictórico del artista. Foto: Cortesía del artista.

Sorteando los obstáculos de la censura

Pese a vivir un bloque donde los derechos de las personas homosexuales no están reconocidos y la homosexualidad es un delito grave, Gabriel nunca sintió miedo tal cual: «En el tiempo que yo estuve había una censura muy grande a todo lo que podía entrar por internet; de repente me bloqueaban páginas de textiles y me salía un letrero de la policía», evoca. Fue precisamente sorteando los obstáculos de esa censura que encontró su camino: En medio de un entorno donde las plataformas se cancelaban de un día para otro, Gabriel entró a un sitio web de nicho: «Yo conocí a mi esposo por internet estando en Arabia Saudita», revela.

“Híjole, no podría tomar una de las tres, yo creo que las tres están trabajando todo el tiempo”, confiesa al ponderar los ejes que guían su mirada. Al final del día, aquella pregunta fuera de lugar estaba mal planteada. Gabriel Sánchez Viveros nunca fue un arquitecto frustrado que terminó haciendo arte. En realidad, nunca dejó de ser arquitecto. Sólo cambió de materiales y donde antes levantaba edificios, hoy construye memorias, paisajes y pequeñas historias capaces de habitar la imaginación de quien las observa.

Más historias sobre las convergencias entre arte y arquitectura en AW Magazine.

Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla

Alejandro Mancilla/ Jefe de Redacción. Ha escrito en Vanity Fair, GQ, Travesías, Vice, AD Architectural Digest, Marvin, Vogue, Nexos y Playboy, entre otros; fue editor en Círculo Mixup y Televisa; es autor del libro de ensayos [de]generación de cristal. Es fan de los Cocteau Twins y cuando no escribe, es DJ y productor. No le gusta el karaoke.