La exposición Un diálogo con el arte, comisariada por Eloy Martínez de la Pera, reúne pinturas, joyas y documentos de archivo para recorrer más de ocho décadas de historia de la firma fundada en Bilbao.

Una joven sostiene un pescado entre las manos. Lleva un pañuelo sobre el cabello y una blusa rosada. No hay joyas en su retrato. Sin embargo, Pescadora, pintada por Alberto Arrúe en 1943, es la obra elegida para recibir al visitante de Un diálogo con el arte, la exposición que la histórica casa de joyería Suárez presenta en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid.
El cuadro procede del Museo de Bellas Artes de Álava. Su presencia responde a una coincidencia histórica. En 1943, mientras Arr´e pintaba aquella figura, nacía en Bilbao la casa Suárez. Eloy Martínez de la Pera, comisario de la muestra, parte de esa fecha para contar una historia que comprende tanto los diseños como a quienes fabricaron, vendieron, compraron y conservaron las joyas.
De Bilbao a Madrid: el origen de una casa de joyería

Cuatro conceptos organizan la exposición: origen, artesanía, legado y contemporaneidad. En el pórtico, alrededor de la pintura de Arrúe, aparecen dibujos preparatorios, herramientas de taller, piedras preciosas y piezas de distintas épocas. Los materiales nos ayudan a comprender conocer parte de las operaciones que preceden a una joya terminada, el viaje de una idea a un objeto que tendrá al final un significado fundamental para quien lo encarga como para quien lo adquiere o recibe.
Durante la presentación, Martínez de la Pera recordó los orígenes de Suárez como comercio familiar y la importancia de los oficios en su desarrollo. También se detuvo en la relación entre el joyero y sus clientes. Varias piezas de la exposición proceden de colecciones particulares y han regresado temporalmente a la firma después de pasar por distintas generaciones y que ahora podemos observar compartiendo escenario con las nuevas colecciones de la firma y alhajas que rescatadas de archivos familiares y particulares.

Entre los documentos del archivo figuran pequeños estuches con papelinas de rubíes, zafiros y esmeraldas. Según explicó el comisario durante la visita, algunas piedras se reservaban para reponer las que pudieran perderse de las joyas adquiridas por los clientes. Esta práctica permite conocer un aspecto del negocio que rara vez aparece en su historia pública: el cuidado y mantenimiento de las piezas después de la venta.
Las vitrinas reúnen también diseños antiguos y versiones recientes. La colección Suave conserva una silueta de inspiración art déco, mientras que determinadas cadenas de los años ochenta encuentran correspondencias en modelos posteriores. Los dibujos y las piezas terminadas permiten seguir esos cambios que de vez en cuando se han ido reincorporando en nuevas colecciones.
Lo que revelan los retratos del Museo Lázaro Galdiano

En las salas del museo, las joyas se presentan junto a las obras de distintas épocas que José Lázaro Galdiano atesoró durante más de sesenta años. Las asociaciones propuestas por el comisario parten de los materiales, los colores y los usos de la ornamentación, especialmente en el retrato. Uno de los encuentros se produce con Eleonora de Medici, pintura atribuida a Sofonisba Anguissola. La indumentaria y los adornos de la retratada recuerdan que las joyas formaban parte de los códigos de representación de la corte. Collares, anillos y broches podían indicar rango, pertenencia familiar o posición social.
Ante la Inmaculada Concepción, de Claudio Coello, la exposición se detiene en el azul y lo relaciona con el zafiro, el lapislázuli y la aguamarina. El color sirve aquí para comparar la superficie pintada con las propiedades de las piedras talladas. El Retrato de Carlos II, de Juan Carreño de Miranda, introduce el negro de la indumentaria cortesana. La comparación atiende a los códigos de apariencia y autoridad que caracterizaron los retratos oficiales de la monarquía.

En otras salas, las correspondencias se establecen mediante materiales concretos. El Retrato de Gertrudis Gómez de Avellaneda, de Federico de Madrazo, se relaciona con las perlas. Durante la visita, Martínez de la Pera explicó su presencia en la joyería del siglo XIX y en los retratos femeninos. El coral aparece junto al Retrato de Consuelo Gaztambide Aguader, de Raimundo de Madrazo. El comisario recordó que, además de utilizarse como adorno, históricamente se le atribuyeron propiedades protectoras, especialmente durante la infancia. Su empleo en joyería respondía, por tanto, a costumbres que iban más allá de la decoración. La tienda de Geniani, de Luis Paret y Alcázar, introduce el comercio de artículos de lujo en el Madrid de otra época. La pintura acompaña una parte de la exposición dedicada a la actividad comercial de Suárez, con fotografías históricas de sus establecimientos y piezas de relojería. Los documentos son un aerchivo vivo de cómo cambiaron los espacios de venta y la presentación de los productos.
Strata, una joya para el museo

Suárez ha creado y donado al Museo Lázaro Galdiano una pieza concebida con motivo de la exposición. Se trata de Strata, una joya única cuyo diseño incorpora referencias al art déco y a los jardines del Parque del Retiro. Dos aguamarinas evocan los estanques del parque y las esmeraldas aluden a su vegetación. La aguamarina central remite a Paula Florido, esposa de José Lázaro Galdiano, a quien la documentación de la muestra vincula con una especial preferencia por el azul. La donación incorpora una creación contemporánea a los fondos de joyería del museo. En el catálogo, su directora, Begoña Torres González, sitúa la colaboración dentro del trabajo de la institución por establecer relaciones entre sus colecciones históricas y otras formas de creación.
El recorrido incluye también Sinfonía, una colección inspirada en un logotipo patentado por Suárez en 1987. Sus elementos geométricos reaparecen en nuevas piezas con otras proporciones y materiales.

Durante la presentación, Eloy Martínez de la Pera afirmó que «un joyero es la biografía de cada uno de nosotros». Se refería a las piezas que conservamos por razones que no dependen de su precio: una alianza familiar, un reloj recibido en una ocasión determinada o un broche heredado. Algunas de esas joyas, cedidas por particulares, forman parte de la exposición después de haber pasado por varias generaciones.
La colección privada reunida por José Lázaro Galdiano, las pinturas y los objetos que adquirió a lo largo de su vida pasaron posteriormente a formar parte de una institución pública. Durante estas semanas, las joyas prestadas por las familias experimentan un cambio temporal parecido: salen de sus lugares habituales de conservación para incorporarse a un recorrido que permite conocer parte de su historia.





