Ilustración digital de estilo plano sobre fondo azul claro que muestra a un futbolista realizando una chilena en el aire. El balón vuela hacia la portería blanca, donde un portero con camiseta gris, pantalones negros y guantes blancos salta extendiendo los brazos para intentar detenerlo.

El balón y las ideas: los intelectuales que amaban, odiaban y discutían el futbol

Alejandro Mancilla Autor: Alejandro Mancilla Fecha:

La relación entre intelectuales y futbol ha sido tan intensa como contradictoria.

«Todo lo que sé con certeza acerca de la moralidad y las obligaciones humanas se lo debo al futbol», dijo alguna vez el escritor y pensador francés Albert Camus. Cuando joven, el autor de El Extranjero fue portero del Racing Universitario de Argel (RUA), entre 1928 y 1930.

Fotografía en blanco y negro de decenas de aficionados saltando las bardas e invadiendo un campo de futbol durante un disturbio; varias personas corren, trepan las rejas y se aglomeran junto a las gradas.
Aficionados invaden el terreno de juego y las gradas durante un episodio de violencia en un estadio de futbol europeo, reflejo de las pasiones y el fenómeno del hooliganismo que ha acompañado a este deporte en distintos momentos de su historia. Foto: Creative Commons.

Futbol: Intelectualidad y bajas pasiones

Por su lado, su contemporáneo, el un poco menos optimista —no lo imaginamos con la playera de algún equipo de futbol— George Orwell, autor de 1984, describe en las mismas páginas de su famosa novela distópica a este deporte casi como Marx a la religión, en la categoría de «opio del pueblo».

«El duro trabajo físico, el cuidado del hogar y de los hijos, las mezquinas peleas entre vecinos, el cine, el futbol, la cerveza y, sobre todo, el juego, llenaban su horizonte mental. No era difícil mantenerlos a raya», dice textualmente el libro.

No lo quisiéramos de acompañante viendo un México-Argentina o España-Alemania.

Intelectuales como el argentino Jorge Luis Borges criticaron en su momento el futbol. Borges consideraba que este deporte despertaba «las peores pasiones», que daba lugar a un nacionalismo tóxico y «una necesidad tribal de superioridad». Y probablemente sí, el encono es parte del encanto del juego.

Por qué Messi sería Borges en un universo paralelo

Seguro el autor de Ficciones odiaría la analogía que el mexicano Juan Villoro propone en su libro Dios es redondo: «Si hiciera analogías entre futbol y literatura, Messi sería Borges —¡imagínate esa pierna izquierda escribiendo!— y Cristiano sería Paulo Coelho —mucho marketing y éxito, pero sin profundidad—».

El escritor mexicano Juan Villoro, uno de los principales ensayistas del futbol en lengua española, ha explorado la relación entre este deporte y la literatura en obras como Dios es redondo. Foto: Creative Commons.

En esa misma línea, Carlos Vela encajaría como J.D. Salinger: aquel que sacrifica su carrera con tal de no dar explicaciones. Vela, a quien la afición hoy casi olvida, fue un jugador de la selección mexicana que rechazó repetidamente las convocatorias nacionales simplemente porque prefería ver la NBA. Esa sí es filosofía práctica que, sin duda, irritó a los hinchas radicales.

En alguna ocasión, Vela compartió que el futbol no era su pasión principal y que prefería otras como el básquetbol de la NBA. Esa sí es filosofía práctica que sin duda, irritó a los radicales hinchas (y con razón).

Umberto Eco agregó leña al fuego pambolero con su frase: «Yo no odio al futbol, yo odio a los apasionados del futbol. El aficionado tiene una extraña característica: no entiende por qué tú no eres aficionado, e insiste en hablar contigo como si tú lo fueras».

Futbol y existencialismo religioso

«¿En qué se parece el futbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales», aseguró el escritor uruguayo Eduardo Galeano, y nadie debería tomar a la ligera semejante afirmación viniendo del autor de intensos libros como Las venas abiertas de América Latina. Su volumen El futbol a sol y sombra condensó sus pensamientos.

«El futbol es la única religión que no tiene ateos», fue otra de sus frases. Aunque quizás habría hecho una excepción con Johan Cruyff, el jugador holandés y exjugador del Barcelona —a quien la historia considera el mejor futbolista de Europa en el siglo XX—, quien no confiaba el destino de un juego a factores divinos.

« En España, los 22 jugadores se hacen la señal de la cruz antes de entrar al campo. Si eso funcionara, todos los partidos terminarían en empate », Johan Cruyff.

Curiosamente, varias de las grandes potencias del futbol también son países muy religiosos. Brasil, Italia, Argentina y España son lugares eminentemente católicos; es poco el número de jugadores existencialistas o técnicos de futbol que declaren ser ateos.

La religión de los domingos

Y claro, ni en el tenis, ni en el béisbol ni mucho menos en el nado olímpico sincronizado existen iglesias como la que tiene Maradona desde el 30 de octubre de 1998 —día de su cumpleaños— en la ciudad de Rosario, Argentina. Quizás debamos catalogar al futbol como lo hace tradicionalmente un feligrés promedio: «religión de los domingos».

O como lo hizo el escritor español Manuel Vázquez Montalbán, quien entre sus obras, además de la famosa Los mares del Sur, cuenta con una novela llamada El delantero centro fue asesinado al atardecer. «Los estadios de fútbol son las nuevas catedrales de una sociedad laica», fue otra de las frases que dejó en Fútbol: Una religión en busca de un dios, su obra póstuma que vio la luz en 2005.

Fotografía en blanco y negro de Jorge Valdano disputando un balón con un defensor durante un partido de futbol, mientras ambos corren sobre el terreno de juego.
Jorge Valdano disputa el balón durante un partido de futbol. Además de su trayectoria como campeón del mundo con Argentina en 1986, el exdelantero es reconocido por sus reflexiones sobre el deporte, entre ellas la célebre frase: «El futbol es lo más importante de lo menos importante». Foto: Creative Commons.

Tampoco otros deportes inspiran tanta pasión, y dan lugar a mitos urbanos como los suicidios colectivos tras el famoso Maracanazo (cuando Brasil perdió en casa frente a Uruguay en 1950) o supuestos ajustes de cuentas: El 22 de junio de 1994, al intentar despejar un centro, Escobar marcó un autogol que contribuyó a la eliminación de Colombia del Mundial. La noche del 2 de julio de ese año, Humberto Muñoz Castro —escolta de mafias de apuestas— lo asesinó a tiros en el estacionamiento de una discoteca en Medellín.

Mundial de Futbol 2026: un Mundial surrealista

En el contexto del Mundial de Futbol 2026, que México, Estados Unidos y Canadá organizan en conjunto, un Mundial raro revela que este deporte, pese a que continúa llenando nuestro horizonte mental —Orwell, tenías razón—, hoy ese Gran Hermano llamado FIFA —otra vez: ¿cómo lo supiste, Orwell?— lo vigila más de cerca, capaz de cancelar los cotizadísimos boletos de un hincha con actividad «sospechosa» en su cuenta o imponer multas millonarias a quien se atreve a transmitir y cobrar uno de los partidos en su bar.

Por no decir que una de las potencias organizadoras está en medio de una guerra en Medio Oriente contra un país que tiene una selección en el certamen.

Digamos que es un Mundial de Futbol surrealista hasta el momento, un poco como el guion de la película El miedo del portero ante el penalti (Die Angst des Tormanns beim Elfmeter, 1972) de Wim Wenders o quizás como un episodio de Los Supercampeones, la caricatura japonesa.

«Lo más importante de lo menos importante»

La página oficial de la Fundación Gabo recoge una de las tantas reflexiones de Gabriel García Márquez. El Nobel colombiano reconoció: «Pienso que no solo hay que calmar a los hinchas del futbol, sino que hay que calmar también al ser humano y cambiar el modo de ser de la sociedad, porque los estallidos de violencia en el futbol no son más que la proyección de eso. Hay que cambiar las mentalidades y pacificar al ser humano».

«Nunca he visto un juego de futbol y eso me hace pertenecer a una minoría inconcebible«, decía por su parte Carlos Monsiváis, según una nota del periodista Luis Baylón.

Finalmente, el ex futbolista Jorge Valdano —a quien todos conocen como el gran «filósofo e intelectual del futbol»— define de manera célebre el juego como «lo más importante de lo menos importante» y así, en su justa medida, retrata un deporte que ha inspirado libros, obras de arte, muestras, instalaciones, poemas, pero también muchos de los actos más radicales de hooligans y similares.

Quizá ahí radica la verdadera magia del futbol. Ninguna otra actividad despierta al mismo tiempo la admiración de los filósofos, el desprecio de algunos intelectuales, la devoción de millones de personas y la capacidad de reflejar, con la misma intensidad, nuestras virtudes y nuestras carencias.

Mientras existan personas dispuestas a discutir durante horas un penal o celebrar un gol majestuoso, y mientras haya artistas, escritores y pensadores que le dedique pinturas, libros, canciones o películas, seguirá habiendo razones para mirar este fenómeno como algo más que una simple competencia por ver quien se queda con el balón.

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Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla

Alejandro Mancilla/ Jefe de Redacción. Ha escrito en Vanity Fair, GQ, Travesías, Vice, AD Architectural Digest, Marvin, Vogue, Nexos y Playboy, entre otros; fue editor en Círculo Mixup y Televisa; es autor del libro de ensayos [de]generación de cristal. Es fan de los Cocteau Twins y cuando no escribe, es DJ y productor. No le gusta el karaoke.