¿Qué pasa cuando dejas de ver la arquitectura como un catálogo de “monumentos” y empiezas a analizarla a través de los datos y la vida cotidiana? El resultado es el Atlas de Arquitectura Contemporánea en México. Se trata de una ambiciosa exposición que, tras un exitoso paso por el Museo Amparo de Puebla, aterriza en el Palacio de Bellas Artes y el Museo Mural Diego Rivera con más de 200 piezas en exhibición.
Qué ver en el Atlas de Arquitectura Contemporánea en México
La expo incluye maquetas, fotografías y muestras de Tatiana Bilbao Estudio, Taller de Arquitectura Mauricio Rocha, Frida Escobedo, Héctor Barroso y TEN Arquitectos, fundado por Enrique Norten.
Tras esta radiografía de nuestra identidad espacial no hay un arquitecto, sino un antropólogo: el curador de la muestra Pablo Landa. Platicamos con él sobre cómo se clasifican 500 obras en el México del siglo XXI, la descentralización del talento y las cinco claves que definen el lenguaje de los muros y paisajes que habitamos hoy.

¿Cómo surgió la idea de un Atlas de la arquitectura de esta naturaleza?
Inauguramos en septiembre del año pasado en el Museo Amparo en Puebla. El proyecto fue una iniciativa de la institución. Me invitaron a pensar una exposición de arquitectura contemporánea en México y ahí arranqué el proceso de investigación.
¿Cómo lo abordaste de inicio?
La estrategia fue completar una base de datos en la que empecé a incluir todas las obras que fueran interesantes, realizadas en el siglo XXI en México. La idea era hacer una revisión del primer cuarto de siglo. La lista llegó a tener 500 obras.
¿Tu curaduría fue enfocada en arquitectos mexicanos de forma exclusiva?
La regla era que fueran obras construidas en México en el siglo XXI por arquitectos con sede en el país. No importaba su nacionalidad, pero sí que los despachos estuvieran asentados aquí y que las obras también. Además, los arquitectos debían estar vivos. Finalmente, tan solo cuatro o cinco no eran mexicanos.
¿Cómo iban catalogando las obras?
Registramos si eran despachos liderados por mujeres, firmas con directores menores de 40 años, si las obras se habían realizado en colaboración entre dos oficinas, si contaban con financiamiento público o privado y si estaban ubicadas en zonas rurales o urbanas. Esto nos permitió analizar la información e ir construyendo narrativas.
« Al organizar todo de forma cronológica, se hallamos una evidente transformación en la arquitectura mexicana hacia 2010 y 2012;descubrimos que las obras comparten un lenguaje »
¿Qué consideras que las unifica?
La primera sección de la exposición muestra las cinco características que identificamos. La primera se llama ortogonalidad, que es el diseño en planta a partir de geometrías puras: círculos, triángulos y cuadrados.
La segunda es el uso del color, que distingue a la arquitectura mexicana. No se trata del color como pintura aplicada, sino del color presente en los propios materiales. Otra característica es la que llamamos densidad, que se refiere a la solidez de la materia, es decir, a la predominancia de los muros sobre los vanos y las ventanas.
¿La sustentabilidad y el entorno son otro punto en común?
Hay un marcado interés en que la arquitectura se mimetice o desaparezca dentro del entorno natural; el diseño del paisaje es parte integral del diseño arquitectónico. La última característica es el diseño a partir de recorridos: una arquitectura que se va descubriendo conforme se camina y que no es evidente de inmediato. Piensa en una casa de un suburbio estadounidense: le das la vuelta por fuera y ya la entendiste por completo.

Entonces, ¿en qué se diferencia la reciente arquitectura en México de manera más clara?
Aquí la arquitectura se esconde detrás de muros, va formando patios y armando pórticos. Esas son las cinco características que identificamos como definitorias del lenguaje de la arquitectura contemporánea.
Una de las costumbres de las curadurías y del arte en general es hurgar mucho en el pasado. ¿No fue complicado abordar algo tan cercano?
Para los historiadores, la historia reciente no es historia porque no existe suficiente distancia crítica para evaluarla. Pero yo soy antropólogo y a nosotros nos interesa el presente. Nos interesa entender el peso histórico que tiene el presente sin dejar de analizar lo que está ocurriendo hoy.
La exposición es muy clara respecto a lo que considera más interesante y característico de esta generación. Incluye a muchísimos arquitectos porque la idea no era hacer una muestra de figuras, sino de la práctica contemporánea.
Personal y profesionalmente, ¿qué te reveló? ¿Hay una nueva escuela de arquitectura mexicana?
Sí, y eso es parte de lo que trata de mostrar la exposición. Una de las cosas que más me sorprendió es que nunca en la historia de México se había producido tanta arquitectura y con tan buena calidad. Visitantes extranjeros que han visto la exposición, e incluso personas ajenas a la disciplina, comentan que no tenían idea de que se estaba haciendo todo esto.
Ven obras en Culiacán, Monterrey, Aguascalientes, Guanajuato o Cancún; despachos establecidos, pero también oficinas emergentes y jóvenes. Además, las obras mantienen una gran calidad media

¿El pulso viene de los nuevos arquitectos o de la vieja guardia?
Hay quienes realizan grandes obras maestras y marcan la pauta, pero también hay jóvenes que trabajan en esa estela y lo están haciendo muy bien. Por eso resulta tan sorprendente la calidad y la cantidad de arquitectura que se está produciendo. En cierto modo, esto también habla de lo que está ocurriendo en el país y en la cultura contemporánea.
En los años 60 se construyeron muchísimos museos y prácticamente todos se hicieron en el Bosque de Chapultepec. Era un grupo de arquitectos pequeño que respondía al poder centralizado del presidencialismo mexicano.
Ahora las cosas se están descentralizando…
Sí, ahora hay espacios culturales sobresalientes que representan regiones en Cuernavaca, Culiacán, Mazatlán, Mérida, Puebla o Guanajuato, que se convierten en emblemas regionales y que participan en este lenguaje nacional.
Esto habla de la descentralización del poder. La otra sección tipológica es la que llamamos arquitectura territorial, que no es propiamente arquitectura de paisaje porque los arquitectos no son paisajistas y abordan el territorio de forma arquitectónica. Se trata de algo muy reciente de los últimos 15 años en México.
Y también los programas públicos han cambiado
Antes no era una prerrogativa de los arquitectos diseñar parques, plazas, malecones o jardines; ahora es uno de los ámbitos donde hay más creatividad y tiene que ver, en parte, con programas públicos que se empezaron a adoptar en 2008 o 2009.
¿De qué habla la transformación en la configuración de las ciudades y qué ejemplos existen de iniciativas regionales o privadas?
Habla de una transformación profunda en la configuración de las urbes. También hay más apertura desde iniciativas regionales o privadas con procesos de reconversión, como ocurrió en Monterrey con el cierre de La Fundidora para abrir un gran parque urbano. Algo que se repitió años después en la refinería de Azcapotzalco en la Ciudad de México, o en casos notables en San Luis Potosí.

¿A qué tipo de público va dirigido el Atlas y la exposición?
Puede haber una lectura muy especializada. Muchos arquitectos activos que visitan la muestra descubren cosas que no habían visto o encuentran distintas maneras de interpretar sus propias obras y las de los demás.
¿Cómo está distribuida físicamente la exposición?
La exposición es muy grande y la dividimos en cuatro espacios, convirtiéndola en una constelación de muestras. La parte de las tipologías está en el Museo Nacional de Arquitectura, que es el tercer piso del Palacio de Bellas Artes.
La sección sobre el estilo mexicano, centrada en estos elementos comunes del lenguaje arquitectónico contemporáneo, se ubica en la Sala Justino Fernández del Palacio de Bellas Artes. Esa es la sección más arriesgada y experimental.
¿Por qué se recomienda visitar la exposición varias veces y qué expectativas hay con el público del Palacio de Bellas Artes?
Los públicos son muy vastos y la exposición, al ser compleja y albergar tanta información, se puede visitar varias veces para ver distintas cosas. Durante su estancia en Puebla, los estudiantes de arquitectura me comentaban seguido que habían ido tres o cuatro veces y que cada ocasión descubrían una exposición diferente. Espero que aquí pase lo mismo.
Además, la cantidad de gente que acude al Palacio de Bellas Artes es impresionante y recibiremos a muchos públicos extranjeros, así que ya veremos qué comentarios nos comparten.
También tengo entendido que hay una sección de arquitectura efímera
Así es, está en el Museo Mural Diego Rivera, del otro lado de la Alameda Central. Es un recinto muy vinculado a ese entorno, el cual ha sido un escenario importante para la arquitectura efímera durante los últimos diez años, sobre todo con los pabellones de Mextrópolis. Ahí se establecerá un diálogo directo con el espacio público urbano.
La exposición estará disponible hasta el otoño de 2026. Para más información visita la web oficial de la muestra.
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