MAISTERRA es la nueva etapa de una galería fundamental del circuito madrileño fundada en 2007 por Pedro Maisterra y Belén Valbuena y conocida durante años como Maisterravalbuena. Desde su sede de la calle Hospital, en el centro de Madrid, trabaja con artistas españoles e internacionales, trayectorias históricas y estates, con nombres como Silvia Bächli, Antonio Ballester Moreno, Miguel Ángel Campano, Patricia Gadea, Sarah Grilo, Regina de Miguel, Soledad Sevilla, Daniel Jacoby o A Kassen.
Perfil de la galería
MAISTERRA es la nueva etapa de una galería que durante años el público conoció como Maisterravalbuena. Fundada en 2007 por Pedro Maisterra y Belén Valbuena, la galería se consolidó en Madrid en su primera sede de la calle Doctor Fourquet, que durante mucho tiempo funcionó como uno de los ejes reconocibles del arte contemporáneo en la ciudad. El cambio de nombre no borra esa historia: la concentra y la proyecta hacia una estructura más depurada, con una identidad más directa.
La web actual define el proyecto como una plataforma para la promoción del arte español e internacional, con especial atención al diálogo intergeneracional. Esa frase puede sonar amplia, pero en MAISTERRA tiene una traducción concreta: artistas contemporáneos, legados históricos, estates y colaboraciones largas. No se trata solo de sumar nombres de peso, sino de sostener relaciones capaces de producir exposiciones, relecturas y contexto para obras que pertenecen a momentos muy distintos.
El traslado de febrero de 2023 marcó un punto de inflexión. Después de más de quince años en Doctor Fourquet, la galería abrió un espacio de 500 m² en la calle del Hospital 8, solo un poco más arriba y justo al lado del Reina Sofía., con un nuevo concepto arquitectónico diseñado por Carbajo Hermanos, un estuio de amplia expfriencia en el montaje de espacios expositivos. La prensa especializada leyó esa mudanza como una declaración de método: un lugar donde el almacén, los despachos, la sala, la fachada y el salón no son partes secundarias, sino piezas de una misma forma de ejercer el oficio galerístico.
Ese oficio aparece muy claro en el programa. La galería representa o trabaja con nombres como José Luis Alexanco, Silvia Bächli, Antonio Ballester Moreno, Miguel Ángel Campano, Jacobo Castellano, Jerónimo Elespe, María Luisa Fernández, Patricia Gadea, Sarah Grilo, Daniel Jacoby, Regina de Miguel, Lucio Muñoz, Néstor Sanmiguel Diest, Soledad Sevilla o B. Wurtz. Es una lista que permite leer una preocupación por la pintura, el dibujo, el lenguaje, la instalación, la memoria y las zonas donde la historia vuelve a hacerse visible.
También hay una conciencia internacional sostenida. La galería participa en ARCO y mantiene presencia en ferias como Frieze London y Art Basel Miami Beach. MAISTERRA no plantea la escena española como un circuito cerrado, sino como una conversación que necesita salir, volver, comparar, corregir y complejizarse. Desde Madrid, su programa pone en contacto artistas locales, nombres europeos, figuras latinoamericanas y trayectorias estadounidenses.
«El objeto del galerista es trabajar con el artista». — Pedro Maisterra
Esa frase resume bien la diferencia entre una galería entendida como escaparate y una galería entendida como oficio. MAISTERRA ha construido su posición desde una combinación de continuidad y revisión: artistas con los que trabaja desde hace años, legados que requieren cuidado, proyectos contemporáneos que no se resuelven en una sola visita y un espacio nuevo pensado para que la conversación tenga forma física. Su relevancia está en esa constancia: saber mirar, acompañar y dar condiciones para que una obra encuentre interlocutores.
Por qué ir
Vale la pena ir porque MAISTERRA permite leer una parte sólida del galerismo madrileño reciente: una galería que empezó en 2007, creció durante más de quince años en Doctor Fourquet y en 2023 abrió su sede de 500 m² en la calle Hospital. No es una galería joven probando su lugar en el mapa, sino un proyecto que ha sostenido relaciones largas con artistas, ha incorporado figuras históricas y mantiene una presencia constante en ferias internacionales.
El programa se fundamenta en su equilibrio entre generaciones. Esa mezcla permite ver cómo una galería puede trabajar el presente sin cortar la conversación con una historia del arte español e internacional que todavía necesita relecturas. La sede actual también justifica la visita, ya que no se limita a ampliar metros. Incorpora zonas de conversación, almacén visible en la lógica del recorrido, despachos y un salón que refuerza la idea de la galería como lugar de trato directo. MAISTERRA defiende una forma de trabajo donde la exposición, la relación con artistas, el coleccionismo y la conversación ocupan el mismo espacio.
Qué esperar
La visita a MAISTERRA empieza en una zona de Madrid donde el arte ha dejado de concentrarse en una sola calle. La galería está en Hospital 8, junto al eje de Atocha, Antón Martín y el Museo Reina Sofía, pero con una presencia más abierta hacia el barrio que la antigua lógica de Doctor Fourquet. Su fachada de grandes huecos permite una relación directa con la calle: antes de entrar, ya se percibe que el espacio quiere mostrar algo de su vida interior.
El interior tiene una escala poco habitual para una galería madrileña: 500 m² organizados para que exposición, almacenamiento, trabajo y conversación no parezcan funciones separadas. Hay una sala expositiva que conserva cierto efecto de sorpresa, pero también un salón y zonas de encuentro que explican bien el proyecto. La arquitectura no busca neutralidad absoluta; trabaja con tonos discretos, guiños a la sede anterior y una sensación de lugar pensado para volver, no solo para pasar.
El programa exige una mirada atenta a los cruces de tiempo. Una visita puede llevar de Daniel Jacoby a Miguel Ángel Campano, de Silvia Bächli a Patricia Gadea, de Antonio Ballester Moreno a Sarah Grilo o Néstor Sanmiguel Diest. MAISTERRA no presenta la historia como autoridad inmóvil ni lo joven como novedad automática. Su interés está en hacer convivir artistas de distintas generaciones sin convertir esa convivencia en un gesto decorativo.
Conviene ir con tiempo suficiente para mirar la exposición y entender el espacio. En Cathartes, Daniel Jacoby reúne un vídeo y cinco esculturas de bronce alrededor de la memoria, la clasificación y la exclusión; el propio montaje cubierto de rafia azul rompe la neutralidad de la sala. Ese tipo de proyecto pide algo más que una visita rápida: caminar, leer, detenerse en el texto y dejar que la arquitectura participe en la experiencia.
Artistas representados
Qué hacer cerca
Después de salir de MAISTERRA, hay un sinfín de posibilidades artísticas, botánicas, cinematográficas y culinarias por explorar entre Atocha, Antón Martín y el Barrio de las Letras. Muy cerca está CaixaForum Madrid, que en junio de 2026 presenta Somos naturaleza, una experiencia audiovisual inmersiva sobre biodiversidad realizada con la empresa de soluciones digitales OASIS Immersive Studios y National Geographic. Si la ruta pide una pausa menos museística, el Real Jardín Botánico mantiene exposiciones y actividades de temporada; en junio figuran propuestas como Buenos Aires en flor o el recorrido autoguiado Descubre el universo TRIGGER.
El Prado queda a distancia caminable y permite cambiar de registro sin abandonar el eje cultural. En junio de 2026 conviven allí exposiciones como Prado. Siglo XXI, El Consejo de Estado y el Museo del Prado, un recorrido de los retratos de algunos de los notables consejeros de la Institución, y en el que podemos observar una relectura del retrato político a lo largo de sus seis siglos de historia. Y también se puede visitar la muestra sobre el escultor madrileño Juan Muñoz Historias de Arte. Muñoz fue en sus propias palabras «un ladrón de todas las técnicas de los grandes maestros que estudió compulsivamente en sus innumerables visitas al museo madrileño, y con las que creó uno delos conjuntos escultóricos más ricos de las últimas décadas del siglo XX. Para una noche distinta, el Cine Doré de Filmoteca Española sigue siendo una de las mejores formas de cerrar la ruta: su programación de junio incluye ciclos como cine británico de posguerra y sesiones especiales, con el edificio de Santa Isabel como parte del atractivo.
Para comer, Antón Martín permite moverse sin solemnidad. El Mercado de Antón Martín, en Santa Isabel 5, concentra puestos gastronómicos y mantiene esa mezcla de mercado, escuela de danza, vecinos, turistas y mesas rápidas que encaja bien después de una exposición. Dentro del mercado, Sincio funciona para una comida precisa y de barra, con producto de temporada en formato pequeño. Si se prefiere una casa de comidas clásica, La Sanabresa, en Amor de Dios 12, conserva la lógica de menú, ración generosa y barrio. Para una mesa más cara y de cocina de autor, Triciclo, en Santa María 28, es mejor reservarlo como plan gastronómico propio: producto, temporada y una carta más trabajada, no una parada improvisada después de la galería.
Para dormir cerca, Radisson RED Madrid tiene sentido por ubicación: está a unos pasos de Atocha, del Reina Sofía y del eje del Prado, con una terraza y oferta gastronómica vinculada a Eneko Atxa. No lo elegiría como lujo aislado, sino como base práctica para una ruta de museos, galerías y estaciones. MAISTERRA funciona bien dentro de un fin de semana que combine Hospital, Antón Martín, el Prado, CaixaForum, el Botánico y alguna sesión en el Cine Doré; una zona donde Madrid mezcla institución, mercado, tren, barrio y conversación sin cambiar demasiado de escala.









