Un detective del arte y sus secretos: ¿cómo detectar una obra falsificada?

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En México puedes encontrar un “Leonora Carrington” heredado de una tía misteriosa de San Luis Potosí o un “Rivera” que apareció, convenientemente, después de que una subasta millonaria en Estados Unidos se hiciera viral.

Falsificación de arte en México: Para desentrañar esos casos en los que las cosas no son como parecen, entra Marcel Mendoza, perito mexicano-ecuatoriano especializado en grafoscopía, documentoscopía y análisis forense de arte.

Marcel pasó de autenticar firmas en fraudes financieros corporativos a desmantelar certificados apócrifos, sellos de presión falsificados y esculturas reproducidas con impresoras 3D. Su trabajo no consiste en “dar buenas noticias”, sino en desmontar fraudes.

Con formación en criminalística y una especialización como perito en arte en Europa, nuestro entrevistado combina protocolos técnicos —cromatografía, análisis comparativo de firmas, estudio de pinceladas y materiales— con una ética poco común en un mercado donde a veces reina el silencio. Ha colaborado con organizaciones internacionales en temas forenses, pertenece a la International Association of Crime Analysis y forma parte de una red global de especialistas.

Técnica de perito de arte
El trabajo de este perito en arte no consiste en “dar buenas noticias”, sino en desmontar fraudes. Foto: Cortesía de Myrna Aguilar

Falsificación de arte en México

¿Qué tan frecuentes son las falsificaciones de arte en México?
México tiene una cantidad innumerable de falsificaciones. Me han llegado documentos que dicen que cierta obra es completamente verídica; hago todo el protocolo de análisis pericial que corresponde y resulta que la obra no es original.

¿Cómo una obra que no es original sí tiene un certificado?
Algunas galerías de aquí, de Ciudad de México, también tienen obras completamente falsas, de Remedios Varo o de Siqueiros, y no tienen como tal papeles: simplemente un documento del galerista que dice que, a su entender y leal saber, la obra es verdadera. Pero no hay más.

¿Cómo fue pasar de un área a otra, de la falsificación de documentos administrativos a la autenticación de firmas y piezas de arte?
En mis inicios me dedicaba a autenticar firmas en contratos millonarios, en fraudes financieros y temas de ese tipo, y luego lo extrapolé al mercado del arte.

¿Cómo es el proceso de autenticación de una obra?
Se realizan análisis pictóricos y de técnica pictórica, análisis de cada una de las firmas. En cada peritaje entrego prácticamente una tesis de alrededor de 65 hojas. Hay clientes que solo quieren análisis de firmas; también se puede realizar un análisis pictórico, que se hace con un cromatógrafo para determinar la composición de los compuestos de la pintura y ver si son concordantes con los de la época en que se realizó la obra.

El equipo de Marcel Mendoza es de última generación.
La ciencia actual ofrece diversas herramientas para desmontar fraudes en el arte. Foto: Cortesía de Myrna Aguilar

¿Una firma autenticada puede ser suficiente en ciertos casos?
Sí. Aunque tú veas solo una línea, esa línea tiene rasgos gráficos que pertenecen únicamente a una persona; hay detalles que te dan información. Lo mismo se adapta a las pinceladas. Para ello tomo los últimos 15 años de registro de firmas de cuadros oficiales, generalmente de casas y galerías. Hemos viajado a Nueva York, a museos como el Met, para fotografiar firmas y tener un acervo más amplio.

¿Qué motiva, además de las razones económicas obvias, a un coleccionista o a una galería a recurrir a tu servicio?
Los coleccionistas de arte son personas que se dedican genuinamente a coleccionar; son muy observadores y llevan años estudiando a uno o varios artistas. Los que ya me conocen me mandan un mensaje y me dicen: “Oye, me están ofreciendo un Siqueiros en siete millones de pesos, pero no me da confianza”. Si vas a comprar un Siqueiros de siete millones, yo los acompaño, les doy asesoramiento y lo revisamos.

Las falsificaciones de Leonora Carrington

Imagino que la persona que falsifica arte no es un criminal común, también debe tener un bagaje amplio.
Sí, pero principalmente persigue el mismo objetivo que un ladrón de bancos o cualquier criminal: dinero. La diferencia es que el falsificador de arte suele ser mucho más metódico; es un tipo de fraude más sofisticado. Es gente que ya está, de cierta manera, inmiscuida en el mercado del arte. No es cualquier persona.

¿Qué casos te han sonado recientemente?
Hace poco, un cuadro de Leonora Carrington en Sotheby’s, en Nueva York, alcanzó los 24 millones de dólares. A los pocos días, en Ciudad de México empezaron a aparecer cientos de cuadros atribuidos a Leonora. Ahora todo el mundo tenía un Carrington, y el discurso era: “No tengo los papeles porque lo heredé”. Puede ser cierto, pero generalmente no lo es. También dicen: “Se lo compré a una señora de edad avanzada en San Luis Potosí que vivía cerca de la casa de Leonora Carrington”.

¿Te han presentado obras de Carrington para su valoración?
Hasta ahora me han llegado alrededor de nueve supuestas Leonora Carrington, de las cuales solo una se autenticó formalmente. A varios coleccionistas les he dicho: “No te voy a hacer perder tu dinero. No quiero cobrarte por algo que a simple vista es falso”.

¿Qué es más peligroso para el mercado: un falsificador talentoso o un comprador que prefiere autoengañarse?
Las dos cosas. Muchas personas quieren sentirse dentro del mercado del coleccionismo. “Me compré un Picasso en 45 mil pesos”. En la vida vas a encontrar un Picasso en ese precio. Tal vez un dibujo menor, pero no una obra relevante. Ese deseo de pertenencia es lo que muchos aprovechan para lucrar. Si te das una vuelta por La Lagunilla, casi todos los puestos tienen un Picasso.

El trabajo de Marcel Mendoza es revelar fraudes en el arte.
México no se ha visto tan afectado como Estados Unidos en el tema de las falsificaciones. Foto: Cortesía de Myrna Aguilar

¿Cuántos millones crees que mueve al año la falsificación, al menos en México?
México está consumiendo más arte contemporáneo. Donde se ve más afectado este fenómeno es en mercados como el estadounidense. Allá he visto dibujos atribuidos a Frida Kahlo, mal ejecutados, con firmas deficientes, vendidos por dos o tres millones de dólares. La legislación mexicana también es interesante. En el caso de artistas como Frida Kahlo, Diego Rivera o Tamayo, hay dos problemas. El primero: el INBAL catalogó ciertas obras como patrimonio cultural que no pueden salir del país. El segundo: el universo real de obra es mucho mayor que el inventariado.

¿Puede haber gente que tenga un Rivera auténtico sin saberlo?
Puede ser cierto, pero también es el discurso más utilizado. El INBAL puede tener registradas unas 200 obras de Rivera, pero Rivera produjo un sinnúmero que no están catalogadas. Además, en esa generación no había una cultura de certificación. Firmaban y vendían. Muchas veces Rivera vendía cuadros porque necesitaba dinero inmediato. Según me contaron familiares con los que me reuní, llegó incluso a pagar deudas con obras.

¿Como saber si una obra de arte es auténtica?

¿Qué casos reales recuerdas?
Un cuadro de Diego Rivera que venía desde Morelia, era una Virgen de Guadalupe. El cliente estaba muy entusiasmado, aunque yo le dije que no coincidía ni en tiempo ni en características pictóricas. Se hizo el peritaje completo y el resultado fue negativo. Tiempo después me escribió: “Ya vi que el peritaje dice que no, pero te quiero preguntar algo: ¿cuánto me cobras porque sí sea real?”. Tenía un comprador extranjero dispuesto a pagar medio millón de pesos. Obviamente me negué, le dije que no podía hacer eso.

« Muchas personas están muy apegadas a la historia familiar. Si el análisis confirma autenticidad, entonces pregunto la procedencia. Antes prefiero evitar esa carga emocional de tener que decirle ‘tu abuela te regaló algo falso‘», Marcel Mendoza, perito de arte.

¿El arte es hoy más fácil de falsificar?
Depende del artista. Vi una obra falsificada de Andy Warhol; al trabajar con serigrafía, ciertas técnicas pueden facilitar la reproducción. Pero falsificar a un Rembrandt es casi imposible por los pigmentos, el lienzo, el gesso. Aun así ha habido intentos. Falsificar a un maestro implica ser, técnicamente, otro maestro.

¿Existen esos maestros actualmente?
Hay casos como el del llamado “maestro español”, relacionado con falsificación de bustos griegos. Fabricaba moldes y fundía monedas antiguas de bronce para reproducir el material original. Son piezas que superan los 200 mil euros. Se comercializaron cientos en Estados Unidos y Europa.

Cómo protegerse de las falsificaciones en el arte

¿Cómo puede protegerse un coleccionista sin caer en la paranoia?
Asesorándose bien. No dejarse llevar por el precio ni por la apariencia. Si te dicen “lo estoy rematando en 60 mil pesos, es un Diego Rivera”, toma fotografías, revisa la firma, investiga, pregunta la procedencia. La palabra “oferta” no debería activar el impulso, sino el análisis.

¿Y la comunidad artística qué debería hacer?
Perder el miedo a preguntar y exigir documentación. “¿Trae papeles? ¿Está certificado?”

Perito Marcel Mendoza en su estudio
«Muchas personas están muy apegadas a la historia familiar. Si el análisis confirma autenticidad, entonces pregunto la procedencia», asegura el experto. Foto: Cortesía de Myrna Aguilar

¿Hay periodos del arte mexicano más atractivos para falsificadores?
Sí: Siqueiros, Frida Kahlo, Rivera, Tamayo. En el caso de Remedios Varo y Leonora Carrington, hay menos falsificaciones en pintura porque su técnica es muy identificable. Lo que más se falsifica de ellas son dibujos, porque resultan más fáciles de imitar.

¿Qué prevés para los próximos años?
México necesita una nueva oleada de artistas y mayor profesionalización. Hoy podemos registrar obras, proteger derechos, incluso integrar tecnología en los marcos para rastrear piezas. Vivimos en un mundo tecnológico; las herramientas existen. El problema es no utilizarlas.

Encuentra más entrevistas y artículo sobre el arte y otros escapismos en AW Magazine.

Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla/ Jefe de Redacción. Ha escrito en Vanity Fair, GQ, Travesías, Vice, AD Architectural Digest, Marvin, Vogue, Nexos y Playboy, entre otros; fue editor en Círculo Mixup y Televisa; es autor del libro de ensayos [de]generación de cristal. Es fan de los Cocteau Twins y cuando no escribe, es DJ y productor. No le gusta el karaoke.

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