Quimeras modernistas, en el Museo Nacional de Arquitectura, invita a reconocer, desde una lectura dual, el legado del arquitecto Mario Pani —uno de los urbanistas más influyentes de México— y de Guillermo Zamora, pionero de la fotografía arquitectónica en el país.
El eje temático de Quimeras modernistas parte del archivo personal de Pani y revisa las obras que configuraron el mapa arquitectónico de la capital mexicana: Ciudad Universitaria de la UNAM, el Conjunto Urbano Presidente Alemán y la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco. Estos proyectos marcaron también el inicio de una planificación urbana coordinada. La muestra estará en exhibición hasta el 3 de mayo de 2026, en el tercer piso del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México.

¿Cómo abordar la exposición Quimeras modernistas?
Según la curadora Rocío Guerrero Mondoño, la exposición surge del registro documental de la construcción de edificios icónicos de la CDMX y se articula a partir de tres ejes temáticos: Las imágenes del México en reconstrucción tras la Revolución, la mirada cinematográfica sobre la obra arquitectónica y el retrato arquitectónico como eje conceptual.
Las fotografías de Zamora despliegan el agridulce encanto de la cotidianidad de dichos conjuntos urbanos, a través de imágenes que retratan la vida diaria y el ocio de sus habitantes.
El título, que alude a mundos quiméricos y a la modernidad, anticipa una lectura histórica desde múltiples criterios y sitúa a la exposición como un ejercicio de reflexión crítica.
Así, el recorrido no se conforma con presentar una versión amable del pasado, sino que busca reconocer tanto las virtudes como los errores de un proyecto que, para bien o para mal, marcó la historia de la Ciudad de México, independientemente de si se trató de quimeras o de circunstancias históricas concretas.

Pani y su importancia en la historia del urbanismo en la Ciudad de México
A partir de esta lectura curatorial, resulta necesario detenerse en la figura de Mario Pani (1911–1993) y en las condiciones históricas que dieron forma a su proyecto urbano. ¿Héroe o villano? La exposición no busca determinarlo.
Sin duda, Mario Pani es un símbolo de la arquitectura mexicana. Su papel fue central en la introducción del funcionalismo europeo en el paisaje capitalino y en el urbanismo nacional, en diálogo con una sociedad en recuperación.
En El laberinto de la soledad, Octavio Paz interpreta la Revolución Mexicana como un momento en el que el país se ve obligado a confrontar su identidad histórica y cultural. A este proceso se sumó el crecimiento acelerado de la Ciudad de México, producto de la centralización política, económica y laboral, y de la migración masiva rural.
Este contexto abrió el terreno para la aparición de un proyecto urbano de gran escala como el de Pani, quien concibió los conjuntos habitacionales como una respuesta racional al crecimiento demográfico y a la necesidad de ordenar la ciudad.
El legado de Mario Pani
Pani, quien estudió arquitectura en la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts de París, se formó bajo los principios del funcionalismo, las teorías de Le Corbusier y el urbanismo europeo, ideas que buscó trasladar a una realidad mexicana compleja y un tanto desigual.
Entre sus obras más importantes se encuentran: la Unidad Habitacional Miguel Alemán (1949), primer gran conjunto habitacional moderno en México; la Unidad Habitacional Juárez (1950), proyecto representativo del urbanismo funcionalista —que no resistió el sismo de 1985—; Ciudad Universitaria de la UNAM (1950–1954), donde participó integrando arquitectura, urbanismo y arte en una obra que hoy es Patrimonio Cultural de la UNESCO; y el Conjunto Urbano Nonoalco-Tlatelolco (1960–1964), concebido como una “ciudad dentro de la ciudad”.

Quimeras modernistas da cuenta del legado de Mario Pani. Foto: INBA
El legado de Mario Pani contempla 136 proyectos que incluyen casas, hospitales, edificios públicos, escuelas y complejos urbanos.
Quimeras modernistas también da cuenta de algunos de sus proyectos que nunca vieron la luz, como un plan de urbanización que comenzaba en la Glorieta de Insurgentes y llegaba hasta la glorieta de Cuauhtémoc sobre Paseo de la Reforma. Además, del trabajo de Pani fuera de la capital mexicana, como el en Club de Yates, el condominio Los Cocos y el antiguo aeropuerto de Acapulco.
Mario Pani y el urbanismo en la CDMX
Su obra transformó el paisaje urbano de la Ciudad de México mediante la aplicación de densidades altas —la concentración inteligente de un gran número de personas en un área reducida—, la distribución axial —un sistema que organiza el espacio alineando sus elementos a lo largo de uno o varios ejes rectos— y la implementación de áreas verdes.
La historia muestra que Pani pensaba firmemente en que la arquitectura y el urbanismo podían ordenar la sociedad, por ello, su diseño priorizó la funcionalidad urbana y formal sobre la vida comunitaria real, lo cual le acarreó muchas críticas en el sentido de que la arquitectura moderna necesitaba plantearse desde lo local.

Guillermo Zamora, un cronista visual de la arquitectura y el arte
Las fotografías de Guillermo Zamora —quien además contaba con un bagaje de artista plástico— aportan la precisión y sensibilidad necesarias para comprender el futurismo de Pani más allá de sus implicaciones utópicas. Sus imágenes —muy cinematográficas— documentan tanto la dimensión estética como la social de los edificios, y reescriben la realidad arquitectónica al incorporar la experiencia humana. Zamora fue, además, un iniciador de la fotografía especializada en arquitectura en México.

Lo valioso de una exposición como Quimeras modernistas radica en que además de celebrar, confronta un poco estas promesas de modernidad y su papel en el México actual. Además, invita a reconocer que aquellas quimeras no tienen exclusividad con el pasado: continúan habitando la ciudad contemporánea y cuestionando la manera en que imaginamos y construimos nuestro futuro urbano.



