La primera edición de la no-bienal se celebró en 2024 en la Ciudad de México, la segunda en varias ciudades de Ecuador en 2025 y la tercera se llevará a cabo en Perú del 25 de marzo al 1 de abril de 2026.
La no-bienal de la Escuela Radical: esta institución presenta nuevamente la no-bienal, un espacio de encuentro no competitivo para la creación, el arte y el conocimiento. En esta tercera edición, que se celebra del 25 de marzo al 1 de abril de 2026 en Perú, los participantes y asistentes podrán acercarse a la obra propia y la de los otros.
El lazo social desplaza al individuo. El lema de la escuela es “existir sin anular al otro”. En esta reunión no hay curaduría ni competencia, la no-bienal es un espacio de convergencia y acercamiento.

La Escuela Radical: el aula está en otra parte
La Escuela Radical nació en 2019 con una apuesta crucial: transformar los modelos tradicionales de conocimiento mediante la experiencia directa. La complejidad de las realidades actuales exigen formas nuevas de transmisión del saber. La educación tradicional, basada en la evaluación y la jerarquía, reproduce los esquemas de poder que hay que cuestionar para transformar el mundo. La Escuela propone una pedagogía situada, atravesada por el territorio, por los vínculos comunitarios, por las prácticas ancestrales que han sabido sostener la vida durante siglos sin anular la existencia del otro.
«Una ruta hacia el conocimiento es a través de la experiencia y la deconstrucción desde la realidad misma» — Escuela Radical
El núcleo de la escuela se basa en lo que ellos denominan “arquitectura radical”. No se trata sólo de los edificios y las formas, sino de la manera en que habitamos la vida y tejemos el sentido con los otros. La arquitectura como baile, como reciprocidad con el lugar, con lo vivo. La arquitectura, también, como amor al territorio.

Esta visión no se limita a lo conceptual; se despliega en una oferta académica concreta. La Maestría en Arquitecturas Radicales convoca a personas dispuestas a someter sus saberes a una crisis creativa, a desestabilizar aquello que creen conocer para despertar nuevos imaginarios. Las asignaturas se estructuran como talleres teórico-prácticos que se desarrollan en territorios de enorme riqueza social, cultural y ambiental. La geografía se vuelve aula, el clima se vuelve método, la comunidad se vuelve maestra.
A pesar de su corta edad, la Escuela Radical ha sido reconocida con algunos galardones importantes como el Premio Los Mejores 100 Visionarios en Educación, que otorga el Global Forum for Education and Learning, USA 2021; el Premio Buen Gobierno Municipal, Temática Ciudades Sostenibles, Eco-Apertus, en México, 2020; la mención de honor en el Concurso Ideas Visión de Azogues 2032, Eco-Apertus, en colaboración con Tacti.co, Ecuador, 2020.
Sin embargo, los premios no son nada sin las aventuras.
Aventuras radicales: aprender del viento
Entre las experiencias primordiales de la escuela destacan las Aventuras Radicales: estancias de inmersión en comunidades originarias. Más que viajes o prácticas de campo, son ejercicios de deconstrucción existencial. El aprendizaje se da desde el lazo, el amor, el respeto y la acción. En las aventuras no hay goce del exotismo, sino un vínculo responsable con la comunidad.
El objetivo es lograr una forma de existencia que no anule al otro. Cada comunidad es una forma de adentrarse en la vida. La Escuela Radical propone ser uno mismo y simultáneamente existir en vínculo. Los miembros de la escuela, los radicales, han estado ya en regiones diversas de la República Mexicana y en países como Perú, Costa Rica, Ecuador, entre otros.

Las Aventuras Radicales, más que transmitir contenidos, generan condiciones para que la realidad hable por sí misma. En ese gesto descansa la base ética, afectiva e intelectual de la no-bienal.
La no-bienal de la Escuela Radical: compartir, no competir
¿Cómo expandir y celebrar un proyecto que ha hecho de la crítica, la comunidad y la experiencia sus ejes primordiales? La respuesta es la no-bienal. No es un evento que premia, selecciona y jerarquiza, sino un espacio donde cualquier persona pueda compartir sus aproximaciones a la realidad sin validaciones institucionales.

La no-bienal se distancia de la tradición histórica de las bienales —instituciones surgidas en el siglo XVII, alineadas a ritmos y lógicas europeas— y propone otra temporalidad, más cercana a los ritmos propios de la comunidad. No hay curaduría. Lo que existe es la experiencia de coexistir, escuchar, mostrar, proponer.
En este espacio, exposiciones, talleres, charlas, debates, prácticas sonoras o visuales, performance, y cualquier forma de expresión tienen cabida. No como objetos que buscan reconocimiento, sino como gestos que desean un encuentro. No hay lazo social sin deseo. La no bienal es un acto político y afectivo: rechaza la lógica del filtro para afirmar la pluralidad.
En tiempos en que el arte, la cultura y el saber se sujetan a las leyes de la oferta y la demanda, en una época en la que parece que sólo podemos relacionarnos desde la fuerza y el capital, la no-bienal ofrece un espacio que necesitamos: un lugar donde la creación puede ser una forma de vínculo. La Escuela Radical nos recuerda que crear no es competir, sino compartir mundos posibles.

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