En San Luis Potosí se esconde un destino arquitectónico que podría ser, al mismo tiempo, una fantasía surrealista y una pesadilla de Jorge Luis Borges: el Jardín Escultórico Edward James, también conocido como Las Pozas, en Xilitla.
Jardín Escultórico Edward James en Xilitla: Ubicado en la Huasteca Potosina, este sitio se caracteriza por una arquitectura hermosa y delirante, donde escaleras inconclusas, arcos góticos y columnas imposibles conviven con la flora y el agua. Cada año, miles de visitantes llegan atraídos por este paisaje único.

Edward James: la invención de un paraíso imposible
Edward James fue poeta, artista y mecenas del movimiento surrealista, además de uno de sus representantes más radicales. Heredero de una enorme fortuna, apoyó a creadores como Salvador Dalí. También cultivó una sensibilidad propia, marcada por el rechazo a la razón instrumental y por una fascinación persistente por los sueños y las ruinas.
A finales de la década de 1940 llegó a México y, tras recorrer la Huasteca Potosina, encontró en Xilitla un lugar que habló directamente con su imaginación. El clima, la vegetación exuberante y el aislamiento del pueblo lo convencieron de que ahí podía materializar la obra de su vida: un jardín del Edén personal, ajeno a cualquier tradición arquitectónica reconocible.

La construcción de Las Pozas comenzó en 1947, sin planos definitivos ni programa funcional. Más de 150 trabajadores locales participaron en un proceso guiado por la intuición y la experimentación. Tras la muerte de James en 1984, el conjunto quedó inconcluso. Fue hasta 1991 cuando abrió sus puertas al público. Con el tiempo, se convirtió en uno de los espacios arquitectónicos más singulares del país.
Xilitla: historia, selva y territorio
Xilitla se localiza en San Luis Potosí, en el corazón de la Huasteca, una región marcada por la humedad, la vegetación densa y una topografía cruel. A nivel nacional, su posición periférica ha contribuido tanto a su aislamiento histórico como a la preservación de sus paisajes y tradiciones.
Antes de la llegada de los españoles, la zona estuvo habitada por pueblos huastecos. Durante el periodo colonial, Xilitla adquirió relevancia estratégica con la construcción del convento agustino en el siglo XVI, que es hoy una de las ruinas históricas más importantes del estado.
La naturaleza ha sido siempre el rasgo dominante del lugar: lluvias constantes, ríos, cascadas y una selva que se extiende como el agua en el mar. Esta condición material es el elemento con el que dialoga (y a veces lucha) la arquitectura de Las Pozas.

Las Pozas: arquitectura sin finalidad
El Jardín Escultórico Edward James se extiende a lo largo de más de 37 hectáreas atravesadas por un río y múltiples cascadas. El conjunto está formado por decenas de estructuras de concreto dispersas en la selva: pabellones, columnas con capiteles florales, arcos, plataformas y escaleras que parecen desafiar toda lógica constructiva y funcional.

Más que como un jardín, Las Pozas puede leerse como un manifiesto arquitectónico autoconsciente. Aquí no hay programa, uso ni jerarquía espacial; abundan los corredores sin salida, las puertas que conducen a espacios inútiles y las escaleras que se interrumpen en el aire. La arquitectura no busca orientar ni proteger, sino provocar una experiencia de deriva y descubrimiento.
Esta sensación nos hace pensar, inevitablemente, en El inmortal, de Jorge Luis Borges. En el cuento aparece una ciudad compuesta por simetrías inútiles e insoportables, escaleras inversas que no llevan a ningún lado.
En Xilitla, como en la Ciudad de los Inmortales, la arquitectura renuncia a la razón para convertirse en un dispositivo de emoción y, a veces, de angustia.
Sí, bueno, ¿quién tiene hambre?
Tras recorrer Las Pozas y dejarse envolver por su arquitectura imposible, el visitante puede regresar al pueblo para completar la experiencia. Xilitla ofrece numerosos restaurantes de comida huasteca donde es posible probar platillos tradicionales como el zacahuil, un tamal gigante relleno de carne y cocido lentamente, que devuelve al cuerpo una sensación de arraigo tras la experiencia onírica del jardín.
Conoce otros destinos arquitectónicos en AW Magazine.
Por: Armando Navarro
