No solo ostenta un apellido ilustre de la historia del arte: Picasso. Es también la querida pareja —basta asomarse a su Instagram— de Matt Groening, creador de The Simpsons. Pero reducir la biografía de Agustina Picasso a esa relación sería injusto. La artista argentina ya contaba con un recorrido propio mucho antes de instalarse en Los Ángeles y alejarse del circuito que la vio crecer.

Agustina Picasso antes de Matt Groening
Picasso fue integrante fundadora de Mondongo, uno de los colectivos artísticos más singulares surgidos en Argentina a fines de los noventa. En 2008, tras casarse con Groening, decidió emigrar a Estados Unidos y apartarse del grupo para dedicarse a su familia: juntos tuvieron ocho hijos (y no, ninguno se llama Bart ni Lisa).
La pareja se conoció en 2007, en Los Ángeles, durante una exposición gráfica sobre películas de Walt Disney. Groening —quién lo hubiera imaginado: un devoto confeso de Mickey Mouse… y hoy Los Simpson son parte del mismo corporativo— coincidió allí con Agustina, que asistía con frecuencia a muestras de diseño en la ciudad. “Cada vez que había una exposición en L.A., yo iba. Así nos conocimos con Matt. Empezamos siendo amigos. Primero hubo una muy buena relación y después empezamos a salir. Yo tengo mucha admiración hacia él”, contó ella al diario Clarín. Admiración que sí es mutua: el dibujante también ha elogiado en varias ocasiones el trabajo —hoy ya interrumpido— de su pareja. Cuando comenzaron a salir juntos, Picasso estaba completamente volcada a Mondongo, y por el trabajo del grupo en esos años, se nota que se divertía mucho.
La pareja suele visitar Argentina de incógnito, pero la primera vez que su romance “sorprendió” a la prensa fue allá por 2009, cuando coincidieron en Buenos Aires con la excusa cultural perfecta: una muestra de Mondongo. Él, siempre discreto, apareció en la exposición Argentrash —presentada por el muy cotizado Fondo Nacional de las Artes, en Alsina al 600— bajo el creativo seudónimo de Matías Fogwill Jr., guiño incluido al escritor argentino que fallecería un año después.
¿Qué es Mondongo?
Fundado en 1999, el colectivo estuvo integrado originalmente por Agustina Picasso, Juliana Laffitte y Manuel Mendanha: una tríada que desafiaba las convenciones locales. El nombre, evidentemente nada glamuroso, nos remite a un guiso popular iberoamericano —en España conocido como callos — preparado con entrañas de vaca.
Sus primeras obras llamaron la atención por el uso de materiales improbables. Por ejemplo, recrearon la Casa Blanca (cuando aún la habitaba Bill Clinton) con jamón ahumado y retrataron a la actriz y vedette argentina Isabel Sarli utilizando galletas. La plastilina se convirtió en una de sus materias primas predilectas, quizás por su carga lúdica, aplicada a imágenes de fuerte peso simbólico y político.

Muy pronto desecharon las carnes frías por el tema de los tóxicos de los conservadores (y nos referimos a los químicos, y no al partido político argentino Conferencia de Acción Política Conservadora ni a similares) y comenzaron a crear obras un poco más ambiciosas con materiales que no tenían en la alacena o el congelador.
Y sí, se comenzaron a meter con otra clase de reses: las vacas sagradas. Así retrataron al Che Guevara con balas, a Jorge Luis Borges con hilos y a Eva Perón con migajas de pan. Sin embargo, su momento clave fue cuando retrataron a la familia real española con espejitos de colores.

Mondongo y la pieza argentina más cara de la historia en una subasta
Lo cierto es que sería injusto encasillar el trabajo de Mondongo en una sola categoría. Desde hace más de dos décadas, el colectivo busca “traspasar los límites, los conceptos y las escalas”, según explican ellos mismos en su manifiesto. Además de los fundadores, el grupo cuenta con un dossier de artistas extenso e inclusivo, que se renueva constantemente. Además, han sumado disciplinas como el performance y la animación, además de algo denominado óleo lento, un tipo de stop motion que utiliza pinturas.
Su punto culminante fue en 2024 cuando, ya sin Agustina, su pieza Argentina (paisajes), se vendió en 1.2 millones de dólares y se convirtió en la obra argentina más cara de la historia, comprada en subasta pública.

Actualmente Mondongo tiene su sede de operaciones en la provincia de Entre Ríos
Agustina, quien no suele dar entrevistas, cambió el vértigo —y el sacrificio— del arte colectivo por una vida familiar. “Amor amarillo”, diría Gustavo Cerati. Aunque probablemente el artista no habría imaginado que el título de su primer disco solista podría funcionar como metáfora del acto de enamorarse del hombre que dibujó a la familia amarilla más famosa de Springfield.
