Sus amigos le advierten que tenga cuidado de no perderse en los laberintos que él mismo construyó. “Pero a veces, para hacer algo personal, uno tiene que encerrarse en sí mismo, y eso tiene un peligro: puedes extraviarte ahí dentro”, me asegura sobre su obsesión a la hora de hacer música.

Niños Luchando, un producto de su entorno
Niños Luchando surgió en 2021, en Granada, después de que Javier Bolívar se pasara un lustro sin componer canciones tras la disolución de su anterior grupo, Aurora. El confinamiento fue el factor que terminó de darle forma a este proyecto unipersonal.
El nombre está tomado de una misteriosa calle granadina, muy cercana a donde vive —y no del óleo de 1888 Children Wrestling, de Paul Gauguin, como creí descubrir al inicio—. “Sí, es una calle de mi barrio que tiene una leyenda que va variando con los años y que siempre me llamó la atención”. Se trata de un relato del siglo XVII sobre dos niños que, al pelear en la calle, descubrieron un tesoro escondido en un tabique. Mientras luchaban por el botín, hicieron equipo para enfrentarse a los gendarmes que llegaron a confiscarlo. “Niños Luchando tiene ese punto de inocencia, pero también de violencia”, me dice.
Cuando Ultravox compuso “Vienna”, nunca había pisado la ciudad. Agustín Lara escribió “Granada” sin conocerla. Así opera la cultura pop: imagina lugares y los vuelve mito. Javier, en cambio, no imagina Granada: la vive. No la idealiza desde la distancia, sino que la transforma en materia prima junto a sus influencias.

Su música “habita en el vórtice entre bailar y pensar”, dice. O llorar, citando otra vez a Ultravox y su himno “Dancing with tears in my eyes”.
Hay una referencia en su cuenta de Instagram que me llama la atención: parte de la letra de “Ya me cansé de ti”, del puertorriqueño Raúl Marrero, un bolero tropical que dialoga con “Tus historias”, una de las canciones de JAB/CROSS, el disco que Niños Luchando estrenó el 13 de marzo. El guiño es casual. “Encontré una conexión que me pareció curiosa. Fue una coincidencia. Te diría que hay un punto irónico, pero la canción me gustó; no me incomoda”.

De hecho, el sonido de Niños Luchando se mueve en la antítesis: es una electrónica introspectiva heredera de la década de 2000-2010, con ecos de Four Tet, el minimalismo de Radiohead en Kid A y la indietrónica. Confieso que pensé que el género había dado sus últimas señales de vida cuando The Postal Service o Lani Puna decidieron que no publicarían más discos. Pero hay una nueva ola indietrónica y no queda más que aceptar que el pop sigue devorándose a sí mismo.
«Al final, yo no sé si hago música independiente o arty, no sé qué significa. Ha perdido valor, se ha vaciado el significado. De hecho no sé qué proyecta hacia afuera Niños Luchando», Javier Bolívar
Y, sin embargo, del otro lado del Atlántico aparece una referencia que ni él mismo imagina: Juan Gabriel. Las inflexiones de voz y cierto dramatismo remiten, de forma inesperada, al linaje melódico del mexicano. “Pensé que me ibas a decir que me parecía a La Bien Querida”, bromea.
El complejo imaginario de Niños Llorando
“Ubico a Juan Gabriel, pero no conozco nada de él”. Lo asocia, más bien, con Julio Iglesias o Rocío Dúrcal. No le incomoda la comparación. “Siempre hay algo que te puede llevar a cierta referencia. Yo hago música que bebe de todo lo que me haya llegado”, aclara. “Me interesa que la gente se acerque a mi música por lo que estoy construyendo. Quiero que ese imaginario sea complejo”.
Del nuevo disco, JAB/CROSS, que contiene diez canciones, se revelaron tres previo a su salida: la mencionada “Tus historias”, “Proxy” y “Mírame”.
Esta última parece traicionar líricamente su filosofía de aislamiento y soledad, aunque musicalmente no haya nada que reprocharle. Son tres canciones de elegante electrónica intencionalmente fría, acompañadas de una voz emocional e histriónica y letras contra la monotonía (o tal vez a favor de esta, nunca se sabe).
“Me gusta jugar con esa idea, con esa contradicción, quizás. Sí, ese punto es bien importante porque así es el arte. No tiene que ser lineal, tiene que cuestionarse a sí mismo”.
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