En su momento, The New York Times lo definió como una “estrella de rock entre los arquitectos”. Smiljan Radić es apenas el segundo chileno en obtener el Pritzker —después de Alejandro Aravena, en 2016—. Aunque su camino, como su obra, parece ir por otra vía.
¿Es la genealogía un tanto dispersa de Smiljan Radić (Santiago de Chile, 1965) lo que finalmente dio identidad a su obra? El arquitecto tiene raíces inglesas por parte de su madre y croatas por parte de su padre —de ahí el acento raro de su apellido—. Desde niño se cuestionaba su origen cultural. Esa inquietud lo llevó a construir sus propias raíces y a plasmar en su trabajo resignificaciones que no se ciñen a una sola disciplina o historia, sino que generan nuevos contextos más allá de la tradición latinoaméricana.

El dolor de cabeza de ganar el Pritzker
“Es un gran honor. Y quizás, muy pronto, un pequeño dolor de cabeza, porque probablemente significa mucha más exposición mediática de la que me gustaría”, dice parte del comunicado con el que Radić agradeció la distinción. Y tiene razón: los medios —nosotros incluidos— se han volcado en retrospectivas, análisis de su obra y en reportar lo que, más allá de su aparente misantropía, representa para la arquitectura de este lado del mundo, la distinción otorgada por la Fundación Hyatt desde 1979.
Siempre fiel a sus principios estilísticos, la obra de Radić rechaza un lenguaje arquitectónico repetible. En cambio, aborda cada proyecto como una búsqueda particular marcada por referencias antropológicas. Sus trabajos deben entenderse —si nos ponemos en plan crítico— como el resultado del encuentro entre historia, sociedad y circunstancias políticas.

La originalidad radical de Radić
“No estoy conectado a las redes sociales y, gracias a ello, puedo elegir cómo perder tiempo”, declaró a El País en 2025. Lástima, porque lo íbamos a taggear en Instagram. Sin duda, Radić es un personaje singular que, pese a haber señalado en algún momento que la arquitectura y el arte chileno parecían “caminar en la orfandad”, ha construido una obra que reivindica la fragilidad. Y que además, representa una sensibilidad profundamente latina, muy de Santiago de Chile, que le da ese carácter y personalidad.
No por nada ha sido reconocido con este, el galardón internacional más importante de la disciplina, gracias a la «originalidad radical» de su obra, «vinculada a la experimentación material y la memoria cultural», como aseguró el comité organizador.

Las primeras obras de Radić
Sus primeras obras se movían en ese terreno difuso donde la arquitectura dejaba de comportarse y empezaba a coquetear con la instalación artística. En 2010, Radić lanza una casa angular de cedro negro —Casa para el poema del ángulo recto— que es mitad tributo al legendario arquitecto suizo Le Corbusier, mitad guiño íntimo para su esposa, la escultora Marcela Correa (ella sí tiene IG, por si quieres conocerla). Dos años después, presenta una vivienda envuelta en transparencia total. Una obsesión artística que ya no soltaría nunca: la repetiría en una cúpula montada sobre una azotea para un desfile en 2021 de Alexander McQueen, su compiche habitual en esa fusión entre moda, arte y arquitectura.
Las obras más importantes de Radić
Entre sus proyectos más representativos destacan el Pabellón de la Serpentine Gallery (Londres, 2014), concebido como una estructura translúcida de fibra de vidrio sostenida sobre grandes rocas. El Teatro Regional del Bío-Bío (Concepción, Chile, 2018), un volumen envuelto en una piel semitransparente pensada para regular tanto la luz como la acústica. A ello se suman icónicas obras como el edificio Nave, un espacio dedicado a la creación en Santiago. La ampliación del Museo de Arte Precolombino. La Casa para el Poema del Ángulo Recto (Vilches, Chile). Las Bodegas Viña VIK. Y el edificio del Restaurante Mestizo, también en Chile.

En 2017 fundó en Santiago la Fundación de Arquitectura Frágil, orientada a la investigación experimental y al trabajo colectivo, cuya labor ha alcanzado visibilidad con una exposición actualmente presentada en el Museo de Bellas Artes de Chile.
«La arquitectura existe entre formas grandes, masivas y duraderas, estructuras que permanecen bajo el sol durante siglos esperando nuestra visita, y construcciones más pequeñas y frágiles, tan fugaces como la vida de una mosca», reflexiona el arquitecto en una ponencia disponible en YouTube.
Hoy, a sus 60 años, Radić ha sido reconocido con el equivalente al Premio Nobel de la Arquitectura. Y apostamos a que se ha visto tentado a abrir una cuenta de TikTok para ser parte de la conversación global y averiguar qué dice el mundo sobre él.
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