Hesner Sánchez: arquitectura y skate se mezclan. En el cruce con el urbanismo y la cultura del skateboarding, Hesner Sánchez ha construido una obra que no se conforma con decorar la ciudad ni apropiarse del espacio en el proceso, sino que busca transformarla y empujarla hacia nuevas posibilidades. Con proyectos como Nuevo Tenochtitlán, este arquitecto y urbanista mexicano ha logrado hacerse un lugar dentro del paisaje cultural. Uno donde la arquitectura dialoga con la ciudad, pero también la reimagina.
El trabajo del también catedrático universitario —y una de las 70 Años x 70 Voces: Arquitectura IBERO en su reciente edición— se mueve entre el espacio público y el arte, con una sensibilidad callejera que no se adquiere en un despacho.

Un agente infiltrado del skate en la arquitectura
Su entrada a la arquitectura fue, admite, un gesto casi romántico e idealista. Desde adolescente estaba obsesionado con el mundo skate y, “como un agente infiltrado” —bromea… o quizás lo dijo en serio— decidió estudiar arquitectura con la idea de hacer al mundo más patinable.
«Gran parte de mi interés sigue siendo visualizar el tránsito urbano y la ciudad como un obstáculo para un patinador»— Hesner Sánchez
Al terminar la universidad, Hesner se mudó a Barcelona, uno de los epicentros globales del diseño urbano. La ciudad, moldeada en sus entrañas desde el plan de Ildefons Cerdà —uno de los fundadores del urbanismo moderno— hasta sus experimentos actuales en áreas comunes, era a inicios de los años dos mil la meca internacional del skateboarding.
Para un arquitecto en formación con espíritu skater, estar en la tierra de Gaudí y el modernismo era como vivir en un parque de diversiones. Esa etapa consolidó su visión de la ciudad como un organismo vivo (al que no le molestaba que patinaran sobre sus arterias).
De regreso en México fundó Territorios Taller de Arquitectura, un despacho que nació con la intención de cruzar arquitectura del paisaje, suelo público y exploración citadina. Uno de sus primeros proyectos, entre 2016 y 2017, fue un mural sobre un puente peatonal en la Central de Abastos de la Ciudad de México, convocado por la organización Central de Muros. Nuevo Tenochtitlán se convirtió en uno de sus acercamientos más significativos al espacio popular. No fue solo pintura, también una declaración de principios.
Nuevo Tenochtitlán: Futurismo urbano desde el muralismo
“Como mi interés por la ciudad y el territorio siempre ha estado presente, busqué que la obra pictórica reflejara esta visión desde un punto de vista futurista. Por eso la pieza se llama Nuevo Tenochtitlán”, explica. La obra mezcla imaginarios chilangos con ecos del pasado precolombino.
“Era mi primera pieza mural y se convirtió en una obra gigante de 5 x 28 metros. Para hacerla, improvisé un crew de amigos y gente que me ayudara a pintar; era un espacio muy grande”. La meta, a la que se sumó ONU-Hábitat, consistía en terminar en 30 días y ser congruentes con los principios de desarrollo urbano sostenible tan en boga en los años recientes. La misión se cumplió trabajando de lunes a domingo sin parar.
El mural, que aún existe parcialmente en la CDMX pese al clima y el paso del tiempo, consiste en un mosaico geométrico que representa aglomeraciones urbanas profundamente vinculadas con los espacios. “Yo lo comparo mucho con ese territorio prehispánico donde se construían chinampas y, sobre ellas, se levantaba todo lo demás. Teníamos un territorio mucho más armónico: en la forma de habitar, en la producción alimentaria, en su relación con el medio ambiente”. La referencia no es casual: Nuevo Tenochtitlán funciona como una proyección especulativa, un recordatorio ¿utópico? de que la ciudad podría organizarse de forma más sensible al paisaje que la sostiene.
“La idea es mostrar la posibilidad de edificar ciudades más armónicas: más autónomas, con menos consumo y con una relación más equilibrada con su entorno”, puntualiza. La obra, dice, fue también un punto de partida: una declaración temprana de hacia dónde quería dirigir su trabajo en los escenarios urbanos.
Transversal Arte, Arquitectura y Ciudad
En medio de esos proyectos, creó Transversal Arte, Arquitectura y Ciudad, una plataforma personal y colaborativa desde la que atiende todos sus frentes: murales, urbanismo táctico. Sobre Estudio Abierto explica que consiste en abrir literalmente su taller para que la gente vea su trabajo. Por lo general a inicios del año lo convierte en una microgalería pop-up donde exhibe y vende sus piezas.
Alquimia Social en Tlatelolco: Comunidad, arte y renovación urbana

Alquimia Social es el mural que realizó en Tlatelolco. La obra nació de una convocatoria de la Procuraduría Social y como parte del Programa de Rescate Innovador y Participativo en Unidades Habitacionales (RIPUH) 2021, cuyo objetivo consistía en recuperar, mantener y mejorar la imagen urbana de las áreas comunes de las unidades habitacionales de la Ciudad de México.
Para el proyecto, había tres ubicaciones propuestas —Tlatelolco, Unidad Independencia y la Alianza Popular Revolucionaria—. Él eligió Tlatelolco, “porque me encanta Tlatelolco”.
Convencer a los vecinos fue el verdadero desafío. Las primeras tres presentaciones fueron un fracaso, sus habitantes opinaban que había “otras necesidades” en el edificio antes de una intervención de arte. Hasta que se topó con una líder vecinal del edificio Los Bravos del Conjunto Urbano Presidente López Mateos, dispuesta a escuchar su propuesta, quien se convirtió en su mejor aliada. La ejecución del mural tomó diez días, y hasta hoy, Alquimia Social (2022) sigue prácticamente intacta. “Los tags de abajo los veo como colaboradores no autorizados”, comenta resignado sobre las firmas que han aportado a su obra los grafiteros locales.
Ahora, Hesner explora cómo llevar esa dimensión plástica y lúdica hacia proyectos urbanos y elementos de patinaje: una mezcla entre escultura, infraestructura y paisaje. “Es un vaivén: del dibujo al mural, del mural a la arquitectura”, resume.

Admite que no ha construido skateparks en la Ciudad de México, aunque sí ha sido testigo de cómo diversas infraestructuras han ido multiplicándose la. Su trabajo reciente se concentra en municipios conurbados, donde administraciones jóvenes parecen más abiertas a ideas que combinen deporte, espacio público y sostenibilidad. “Bien diseñados, estos lugares pueden atender a distintas edades y resolver temas ambientales, como la captación de agua”, dice.
Proyectos urbanos y visión hacia el 2026
De cara a 2026, Hesner es reservado. Tiene en marcha el diseño de una pista de skate y una de BMX. En México, este tipo de disciplinas urbanas están viviendo un crecimiento silencioso pero constante: tan solo el mercado global de bicicletas BMX creció a más de 338 millones de dólares en 2023 y proyecta un aumento anual sostenido hacia 2032. Ese auge no solo visibiliza en parques y pistas, sino también en nuevas maneras de imaginar la ciudad. Y ahí es donde la obra de Hesner Sánchez se vuelve especialmente relevante.
Hesner también trabaja en un proyecto de vivienda de interés social Infonavit en el estado de Hidalgo, donde su preocupación central es fortalecer las zonas comunitarias y lúdicas.
Otro proyecto posible es una colaboración para la delegación Álvaro Obregón de la CDMX, enfocada en urbanismo táctico y murales participativos. “Son acciones de acupuntura urbana”, explica.
La acupuntura urbana es una estrategia de intervención que propone pequeñas acciones puntuales para generar grandes mejoras en un espacio citadino.
“¿Te acuerdas ahí en La Condesa, donde está el mercadito de la calle Michoacán? De pronto había mucho asfalto y luego delimitaron pintura y algunos muebles, y así se fueron ganando espacios para el peatón. Los trabajos de acupuntura urbana son reivindicaciones para mejorar las condiciones urbanas de la ciudad a través de intervenciones de bajo costo”, explica Hesner. “En lugar de obras enormes, se actúa en puntos clave —un mural, mobiliario, iluminación, peatonalización— que revitalizan los espacios. Lo estructural y lo pictórico van de la mano”. Para estos proyectos, Hesner tomaría la parte urbana; su amiga la artista, muralista y diseñadora industrial mexicana-suiza Adriana Riolo, lideraría lo visual.
Estos proyectos de revitalización y acupuntura urbana cobran especial importancia en territorios como la delegación Álvaro Obregón. En una demarcación marcada por pendientes, callecitas y espacios residuales, las pequeñas intervenciones asequibles pueden transformar por completo la experiencia cotidiana. Mejoran la movilidad y la seguridad, reactivan rincones olvidados y fortalecen la comunidad en zonas donde la infraestructura pública suele ser muy limitada.

Antes de finalizar la conversación, Hesner recuerda con humor cómo su madre veía el skate como algo que solo le hacía perder el tiempo: “Le digo: mira, mamá, quién iba a pensar que tantos años de aplanar calles iban a rendir frutos. Que rayar paredes se iba a convertir en algo de lo que puedo vivir”.
En México, en 2026 el urbanismo skate ha pasado de ser una apropiación callejera y marginal de las áreas colectivas a convertirse en una estrategia contemporánea. En la última década, proyectos culturales y urbanos —desde grandes parques como el PARCUR Chapultepec, hasta intervenciones comunitarias tanto lúdicas como sociales— han legitimado el skate no solo como práctica recreativa, sino como una herramienta de diseño, convivencia y regeneración urbana. “Y ya veremos qué sigue. Hay que seguir empujando”, finaliza Hesner.
